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Viajeros en Campo de Criptana: El escritor ruso Vasili Ivánovich Nemiróvich-Dánchenko (1902)

Molinos de Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Molinos de Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Continúo con el listado de escritores y artistas que, en sus viajes por La Mancha, pasaron por Campo de Criptana. Buscaban el rastro de las aventuras de Don Quijote, y vinieron a Campo de Criptana, y también a Argamasilla de Alba y, cómo no podía ser de otra manera, también a El Toboso. Pero, por supuesto, en Campo de Criptana encontraron uno de los símbolos cervantinos por excelencia, el que más identifica las aventuras quijotescas, el de las historias imposibles y los sueños que se pueden o no hacer realidad: los molinos de viento. Impasibles en el tiempo, cabalgando sobre su sierra, cuyo paisaje poseen y hacen suyo desde hace siglos, los molinos de Campo de Criptana han causado admiración y sorpresa a todos los forasteros que, conocidos o anónimos, han venido a este pueblo pensando que, si no es entre ellos, no se puede revivir el espíritu de Don Quijote.

El viajero del que voy a tratar hoy fue un ruso, famoso en su tiempo: Vasili Ivánovich Nemiróvich-Dánchenko (1844/45-1936). Para las noticias que siguen sobre él me baso en la excelente tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid en el año 1990, por Mª Ángeles de la Rosa Valverde, La España de la Restauración en la obra del escritor ruso V. I. Nemirovich-Danchenko (publicada por la Universidad Complutense, Madrid 1991).

Calle en la Sierra de los Molinos, Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Calle en la Sierra de los Molinos, Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

¿Quién era Nemiróvich-Dánchenko? Fue un escritor ruso de familia noble, conocido, ante todo, por ser un incansable viajero. Recorrió Europa, África y América; fue corresponsal de guerra en varios conflictos de su época, entre ellos la I Guerra Mundial. En 1921 emigró de Rusia y se estableció en Praga. Viajó por España en varias ocasiones, por periodos bastante largos de tiempo: en 1884, 1886, 1893, 1896 y 1901. Fruto de estos viajes publicó dos libros: Ocherki Ispanii. Iz putevuj vospominaniï (“Crónicas de España. De mis recuerdos de viaje”), 2 vols., ed. de Elisabeta Gerbek, Moscú 1888; Kraï Marii Prechistoï (Ocherki Andaluzii) (“El País de María Purísima: Crónicas de Andalucía”), edición de A. S. Suvorin, San Petersburgo 1902. Precisamente en este último recoge sus experiencias por La Mancha y su interés por el Quijote, y al hilo de esto, también su paso por Campo de Criptana. El traductor de esta novela al ruso, I. I. Pavlovski, le propuso que tradujera a esta lengua los versos que aparecen en El Quijote para una futura versión que estaba preparando. Así pues, he aquí el pasaje de Kraï (242) en el que se cita a Campo de Criptana, según la traducción de Mª Ángeles de la Rosa Valverde (pág. 317):

Tras Campo de Criptana me parecía ver una pequeña colina: es aquí un fenómeno tan extraordinario, que la llamaron Sierra. En esa Sierra hay hasta treinta molinos. Y los habitantes de Campo de Criptana, orgullosos de su “sierra”, aseguran que precisamente con estos molinos peleó el último de los caballeros manchegos. … Aquí a nadie se le puede desengañar asegurando que nunca existió ese caballero. No sólo los alcaldes, sino los campesinos humildes cuentan sus hazañas…

Es una cita breve pero interesante, porque, como otros viajeros, también Nemiróvich-Dancheko se siente profundamente impresionado por los molinos de Campo de Criptana.

Molinos de Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Molinos de Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Estuvo el viaje de Nemiróvich-Dánchenko lleno de fatigas. Y es que, el escritor español Núñez de Arce le había recomendado que no viajara por La Mancha en ferrocarril, “sino a lomo de caballo”, como dice él mismo. Gran error, del que Nemiróvich-Dánchenko estaría arrepintiéndose todo el viaje. Por supuesto, una cosa era evocar a Don Quijote, y otra imitarle viajando sobre un “Rocinante”. He aquí, precisamente, lo que nos dice su caballo (Kraï, 231), también según la traducción de de la Rosa Valverde:

El Rocinante, cansado, a duras penas movía las patas bajo mi peso. En honor a la verdad, debo decir, que en estos trescientos sesenta años el pobre animal ha cambiado poco. Si hoy resucitara Don Quijote se encontrarían como viejos amigos!

Enlaces de interés:

Biografía de Vasili Nemiróvich-Dánchenko

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

 

 

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