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Viajeros en Campo de Criptana: El escritor Ángel Dotor Municio, su “Don Quijote y el Cid” y los molinos de viento (1928)

Ángel Dotor Municio: "Don Quijote y el Cid" (1928)

Ángel Dotor Municio: “Don Quijote y el Cid” (1928)

La Mancha y la memoria del Quijote han tenido muchos e ilustres heraldos, pero pocos como el escritor Ángel Dotor Municio. Pocos conocían tan bien el paisaje manchego, porque manchego era él, nacido en Argamasilla de Alba (1898); pocos profundizaron tanto en el ser y en el pensar de los manchegos, como lo hizo él; y muy pocos acertaron a entender el alma cervantina y quijotesca de La Mancha, como él. Él fue de los pocos que interpretó y comprendió La Mancha, y junto a él, por supuesto, el genial pintor Gregorio Prieto (1897-1992). Ellos idealizaron hasta el extremo un mito que ya existía, el de La Mancha de Don Quijote, pero fueron conscientes siempre de la realidad decrépita, aunque siempre romántica, que envolvía a los pueblos que sirvieron de escenario a las aventuras del hidalgo en la época en que ellos los recorrieron. Era ésta, y es, una de esas decadencias poéticas necesarias para que la leyenda quijotesca sobreviva, como ha hecho en este caso, por los siglos de los siglos.

Dotor Municio escribió mucho sobre La Mancha, y también sobre Campo de Criptana. Uno de sus ensayos más conocidos es el titulado Don Quijote y el Cid (Viajes por Castilla), que se publicó en Madrid en el año 1928. Realmente, más que viajes, lo que hizo Dotor Municio fueron excursiones literarias, y sus sensaciones quedaron plasmadas en éste y otros escritos. No es difícil adivinar la razón por la que Campo de Criptana está presente en este libro. Por supuesto, por sus molinos de viento como emblema cervantino por excelencia, como nos dice el autor (pág. 47):

… pocos lugares manchegos, como éste, tan íntimamente vinculados con la obra de Cervantes, y pocos también tan estupendamente pintorescos y evocadores, entre todos cuantos fueron elevados a la celebridad por el Genio y el Arte.

Pero con mucha más amplitud nos seguirá hablando Dotor Municio de Criptana, y de sus molinos (págs. 52-53):

Grandes poblachones hidalgos de prócer historia, como éste [Campo de Criptana] de la Mancha, hay muchos; pero en cambio, no hay ningún otro que encarne el símbolo de los “gigantes de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas”, de la sublime locura quijotesca.

Criptana es, a este respecto, única; como únicos son Argamasilla, con su ergástula celebérrima; El Toboso, con su palacio de Dulcinea, y Ruidera, con su cueva de Montesinos y sus lagos de maravilla.

Molino de Criptana: Foto publicado en "Estampas Manchegas" de Ángel Dotor

Molino de Criptana: Foto publicada en “Estampas Manchegas” de Ángel Dotor

¿Qué queda de los molinos de viento de que habla el Príncipe de los Ingenios? Bien poco, en verdad, como puede apreciarse por los admirables cuadros de Gregorio Prieto, el joven y ya ilustre pintor de la Mancha, que en dedicación generosa y constante difunde urbi et orbe, mediante esos sus lienzos magistrales, el alma de la bienamada región de origen. Los contados entusiastas que se asoman a Criptana, como lugar altamente representativo de la ruta caballeresca, experimentan enorme decepción y sorpresa. No ya los cuarenta y nueve que la tradición señala, ni aun los “treinta o cuarenta” de Cervantes, ni siquiera las dos docenas de ellos a que se refiere la popular seguidilla oída de labios del jayán en quien queremos ver a un Sancho joven. Comprobamos que hoy día sólo quedan en pie cinco, y que de ellos únicamente uno, el llamado Ojo Azul, está en condiciones de desafiar la constancia destructora de los elementos. Apenas si éste funciona a temporadas, lo que quiere decir, por tanto, que, entre todos, sólo él tiene seguro el cuidado de su dueño, ya que no por devoción a su significado, por interés utilitario y materialista. Los demás han ido arruinándose en sucesión lamentable y con prontitud realmente desconsoladora. No es raro encontrar algún longevo campesino que nos asegure haber conocido una veinte de ellos hace seis, hace ocho lustros.

Contrista, sencillamente, ver el abandono de estas curiosas edificaciones centenarias en época en que parece renacer la afición hacia las genuinas manifestaciones pretéritas de la estirpe, y cuando más concretamente se ejecutan y proyectan monumentos y otros homenajes a Cervantes y El Quijote. Quien sienta, como nosotros, en esta atalaya manchega que constituye el alcor de Criptana (desde la que se descubre en derredor, y principalmente hacia el Sur, un vasto panorama de leguas y leguas de llanura infinita) la inefable emoción que produce la elegía de las ruinas de los molinos de viento, no dejará de pensar, convencido, que uno de los mayores tributos a la memoria del primero de los genios hispánicos estaría en la conservación y conocimiento general de todos estos mudos testigos de las escenas sublimes de la obra gloriosa e imperecedera.

Esto nos dice Dotor Municio sobre los molinos de Campo de Criptana. Posiblemente él asistió a uno de los más difíciles momentos de la historia de estos gigantes, cuando los pocos que quedaban estaban ya casi completamente en desuso y el abandono iba haciendo estragos en ellos. Por fortuna, Dotor Municio formaba parte de esos pocos privilegiados adelantados a su tiempo que sólo surgen muy de vez en cuando. Coincidió en el tiempo con otro, también manchego, el pintor Gregorio Prieto, que hizo de los molinos uno de sus sellos artísticos más exclusivos. Algunos años después, Campo de Criptana tendría también otro adelantado a su tiempo, el alcalde José González Lara, que fue uno de sus mejores y más prolíficos escritores e intelectuales aquí nacidos. Fue capaz de una proeza de leyenda: convirtió la decadencia cervantina criptanense en el mito vivo que aún es hoy; sin él, posiblemente, Criptana no sería como es. Y algo así sólo puede hacerlo un alcalde poeta que se codeaba en su inspiración con las mismas musas y conseguía embelesarlas con su verbo. Pero alcaldes poetas ya no quedan, en ningún sitio. Tuve la suerte de compartir con él, hace años, una charla ante un café a media tarde, y tuve la suerte de ser confidente de uno de sus proyectos culturales más ambiciosos… Lamentablemente, eran malos tiempos para la lírica (ahora son mucho peores) y el proyecto quedó sólo en eso… en una idea genial, pero aislada, sola y perdida en una época sin ideas.

Panorámica de Criptana de Criptana y de la Sierra de los molinos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Panorámica de Criptana de Criptana y de la Sierra de los molinos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Algunos años después de que Dotor Municio publicara este libro y diera la voz de alarma sobre la salud de los molinos de viento de Criptana, el periódico La Voz, año XVI, núm. 4.361, del martes 1 de enero de 1935, informó sobre una sesión de la Academia de Bellas Artes, en Madrid, que contó, entre otros, con la presencia del pintor José Moreno Carbonero, en la que se decía lo siguiente:

Se dió cuenta de otra propuesta de la Dirección General de Bellas Artes solicitando que la Academia eleve al ministro una moción en la cual se especifiquen todos aquellos lugares, sitios molinos y casas de la Mancha, inmortalizados en el “Quijote”, a fin de ser protegidos por el Estado. Se nombró ponente de la misma a D. Marcelino Santamaria, que en otra ocasión obtuvo que la Academia patrocinara una declaración de monumento artístico nacional a los molinos del Campo de Criptana.

Este ponente, Marcelino Santamaría (1866-1952), fue un famoso pintor, conocido especialmente por sus paisajes. En 1934 había sido nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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