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Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci y el aguador (1890)

El aguador de Sevilla (Diego de Silva Velázquez, 1620)

El aguador de Sevilla (Diego de Silva Velázquez, 1620)

En el post publicado el pasado 10 de junio hablé del viaje por Campo de Criptana, como escala en su ruta por La Mancha, del francés, nacionalizado norteamericano, Augusto Floriano Jaccaci (1857-1930), experto en Historia del Arte, escritor, ensayista e importante intelectual de su época.

Jaccaci hizo su famoso viaje en 1890 y, por supuesto, centró una parte importante de su interés cervantino en Campo de Criptana, sus molinos, sus paisajes y su gente. Fruto de este viaje fue el libro, publicado con las ilustraciones del famoso Daniel Urrabieta Vierge, titulado On the Trail of Don Quixote, Being a Record of Rambles in the Ancient Province of La Mancha (Nueva York 1896). La primera edición al español fue la trducción de Ramón Jaén, publicada en 1915, en Madrid, con el título El Camino de Don Quijote (por tierras de La Mancha).

Jaccaci llegó a Campo de Criptana procedente de Alcázar, y lo primero que hizo fue, como hubiera hecho el Caballero de la Triste Figura, ir hacia los molinos y disfrutar, en la realidad, de la aventura de la que tanto había disfrutado en la ficción. Allí mismo encontró a un aguador criptanense, y entabló con él una conversión que reprodujo en el libro citado (págs. 132-134 de la traducción española de Ramón Jaén). Fue así:

Cerca de un molino paramos para preguntar a un aguador por el camino más corto. Ya informados, preguntó Ezequiel:

- Hermano, ¿es agua lo que usted acarrea?

- Sí, señor, y fresca; ¿quiere usted?

- No, gracias; aun llevamos la botella llena.

- ¡Cáscara! Pero estará caliente. Llénela usted de la mía – contestó el hombre.

Y llenamos la botella de agua fresca. Cuando el aguador se volvía a su carro para seguir el camino, le llamó Ezequiel.

- Oiga, tome esta perra chica.

- No, señor; no quiero dinero alguno. Me basta con haberles favorecido.

- Pero todos hemos de vivir de nuestro trabajo, y usted ha de recorrer muchas leguas para encontrar agua – le dije.

- Es verdad; pero es mejor hacer un amigo que diez duros.

Y, echándome una mirada, siguió diciendo a Ezequiel:

- Bueno; veo que a este caballero le es más fácil dar el dinero que a mí quedarme sin él. Por eso lo tomo.

Aguador en Toledo. Foto de J. Craig Annan (1914)

Aguador en Toledo. Foto de J. Craig Annan (1914)

Acompañé la moneda de un cigarrillo, y añadí la valiosa cortesía de darle lumbre con mi cigarro. Mientras seguía dándonos instrucciones acerca del camino, acariciaba nuestra mula. Bajo la menguada protección de un pañuelo, arrollado a guisa de turbante alrededor de la cabeza, la cara atezada de este hombre recibía de lleno la luz solar, y la sangre daba a sus mejillas un color de llama, como el fuerte color de las manzanas maduras. Sus ojos negros eran lumbre; las venas de su cuello, cuerdas; era este hombre el ejemplo de una criatura cuidada sólo por la madre Naturaleza.

Cuando se hubo despedido de nosotros, me dijo Ezequiel sentenciosamente:

- Nada agradecerá tanto como esta perra chica. Para dar y tener, seso es menester. En cuanto llegue al pueblo en seguida se la bebe o se la fuma.

Así fue la conversación con un paisano criptanense que Jaccaci reproduce en su libro.

El de aguador es uno de esos esforzados oficios perdidos, pero, en el pasado cumplían una función fundamental en la sociedad, pues abastecían de agua a las casas a cambio de tarifas establecidas. Y era agua fresca, como dice el aguador criptanense de la escena de Jaccaci.

Un año después de que Jaccaci tuviera este encuentro con el aguador, el Ayuntamiento de Campo de Criptana publicaba en el periódico La Iberia, nº 12.578, del 17 de julio de 1891, la convocatoria del concurso público para el proyecto de suministro de agua corriente a Campo de Criptana. En 1912, el periódico El Liberal, nº 11.937, del jueves 11 de julio, da cuenta del comienzo de las obras de traída de aguas a Criptana desde el término de Alcázar de San Juan, que contaban con un capital de 110.000 pesetas.

Sobre la calidad de las aguas de Criptana, existe una valoración de esa época, publicada en un artículo de Manuel Gómez titulado “Hidrotimetría (Conclusión)” que se publicó en El Semanario Murciano, año III, núm. 122, del 13 de junio de 1880. En la pág. 186 habla este autor del agua criptanense, obtenida de tres pozos: el de La Poza, el de la Guindalera y el de los Pocillos. Por ejemplo, para el agua de La Poza proporciona el siguiente análisis correspondiente a un litro: carbonato cálcico 0’0674; sulfato cálcico 0’0980; carbonato magnésico 0’0980; cloruro sódico 0’0687; cloruro magnésico 0,0360; e indicios de nitratos, de sales de hierro y de sustancias orgánicas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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