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Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci, el paisaje y el pueblo (1890)

Aventura de los molinos de viento (Óleo de Carlos Vázquez). Publicado en Ángel Dotor Municio: Enciclopedia Gráfica. La Mancha y El Quijote (1930)

Aventura de los molinos de viento (Óleo de Carlos Vázquez). Publicado por Ángel Dotor Municio: Enciclopedia Gráfica. La Mancha y El Quijote (1930)

Y vuelvo de nuevo a traer una noticia de este autor, Augusto Floriano Jaccaci y su libro de viajes por La Mancha, On the Trail of Don Quixote, Being a Record of Rambles in the Ancient Province of La Mancha (Nueva York 1896). Ya hablé en ocasiones anteriores de su experiencia con los molinos, cómo revivió las sensaciones novelescas del Caballero de la Triste Figura cuando se topó, en aquella mítica “Sierra de los molinos” de Criptana, con aquellos gigantes que aún entonces, en la lozanía y la plenitud de sus vidas, agitaban sus brazos con fuerza a merced del viento. Don Quijote, Sancho, toda la novela cervantina pareció surgir ante sus ojos en los personajes criptanenses que fue encontrando en su camino. Pero, el más pintoresco, el más típico, el más manchego y, posiblemente, el más cervantino, fue el aguador con el que mantuvo una breve pero jugosa conversación que incorporó completa, aunque algo dramatizada, a la narración de su libro.

Campo de Criptana. Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Campo de Criptana. Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Jaccaci era un excelente observador del paisaje y del urbanismo. Y ambos, en Campo de Criptana, no pudieron pasar desapercibidos por él. Por supuesto, no pensemos en el Campo de Criptana actual, porque no podríamos comprender lo que nos dice Jaccaci; retrocedamos, mejor, 122 años y encontraremos aquel pueblo, como adormilado en el tiempo, que encontró Jaccaci, un pueblo sencillo, quizá humilde, pero puro en la blancura de su cal y sus pintorescas calles. ¡Qué diferente del Criptana actual, mar interminable de cemento y uralita!

Así era Campo de Criptana en 1890, con un cierto tono poético añadido, según Jaccaci (cito según la traducción española de Ramón Jaén, El camino de Don Quijote. Por tierras de La Mancha, publicada en 1915, págs. 134-135):

Campo de Criptana, rodeado de ricas tierras de labor, es uno de los tres o cuatro mejores pueblos de la Mancha. A pesar de su aire distinguido, de sus grandes casas, alguna de ellas con vidrieras, de piedra esculpida y ornamentos de hierro labrado a forja, conserva el fuerte el carácter de la tierra, igual al de sus humildes hermanos.

La circunstancia de hallarse este pueblo cercano al camino de hierro, le proporciona una constante ocasión de cambiar su vida; pero, esto no obstante, Campo de Criptana sigue viviendo como en el tiempo viejo. Su vida tradicional, bien conservada al borde de un camino moderno, gana en dignidad y obliga más al respeto. Aquí, más que en otra parte, nos complacieron las viejas costumbres hermanadas con las casonas viejas.

Este pueblo parece siempre adormecido, con sus calles anchas desiertas. Sólo Quevedo, el gran maestro de la España pintoresca, podría pintar algunos tipos de los hallados por nosotros en la posada de este villa: unos hombres silenciosos, tocada su cabeza con un obscuro pañuelo e indolentemente recostados en las jambas de la puerta del parador…

L'Auberge Rouge (El Albergue Rojo. Gérard Krawczyk, 2007)

L’Auberge Rouge (“El Albergue Rojo”. Gérard Krawczyk, 2007)

Prosigue el autor con la descripción de la posada que le sirvió de alojamiento en Campo de Criptana, desde una perspectiva romántica más que realista. De cómo nos describe Jaccaci esta posada, y los personajes típicos que encontró en ella, hablaré en futuros posts.

En la descripción del paisaje y del pueblo, Jaccaci es un casi único entre los viajeros que en el siglo XIX pasaron por Criptana. La mayoría hacia referencia, únicamente, a los molinos y a su sierra. Evidentemente, la mayoría de ellos vino a Criptana por la estrecha vinculación que presentaba este pueblo con la historia de Don Quijote, y tal vinculación estaba simbolizada, plenamente, en sus molinos de viento, y también en su paisaje.

Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Del mismo modo, que, en aquella época, quienes querían ver una judería, iban a Toledo, quienes querían ver una mezquita, iban a Córdoba, o quienes querían ver el Albaicín se encaminaban a Granada, quienes querían adentrarse en la historia de Don Quijote, venían a La Mancha y, en ella, a Campo de Criptana. Cada lugar tiene unos símbolos, propios, que lo identifican, y hacen de él algo único. Confundir estos símbolos tiene como consecuencia la pérdida irreparable de la identidad. Habría que esperar algunos años después a otro viajero, Azorín, en 1905, para encontrar otra enjundiosa descripción del pueblo y de sus gentes. Y también Azorín vino tras las huellas de don Quijote, y las encontró en Campo de Criptana y en sus molinos. No vino, por supuesto, buscando un supuesto “albaicín” inventado que aquí no existe, ni ha existido nunca… ni existirá. Aquí hay algo especial: el conjunto de un barrio encabalgado en la “Sierra de los molinos”. Y esto basta y sobra para identificar a Campo de Criptana como pueblo y paisaje únicos y, sobre todo, muy quijotescos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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