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V Relato: Un reloj de bolsillo

En la parte interior de la tapa, tenía una inscripción que decía: “Para Harriet, con cariño. Tempus fugit”. Sabía que su dueño había desaparecido en extrañas circunstancias, pero más allá de la mera anécdota, era un bonito reloj de bolsillo.

No funcionaba bien, de hecho, estaba parado desde hacía tiempo. Algún gracioso hubiera señalado que al menos daba la hora bien dos veces al día, pero nadie sabía cuándo. Aun así, a Baltasar le había parecido una adquisición interesante para su pequeña tienda cercana a Portobello Road. A algún curioso turista, de los que solían entrar a husmear en su tienda, le habría parecido una baratija más, pero el anticuario sabía apreciar su valor. No era un experto relojero, pero hacía años que tenía ejemplares como ese en su tienda y juraría que había algún engranaje de más en el mecanismo endiablado de la máquina.

Lo limpió con mimo y esmero con una gamuza suave y lo colocó en un lugar destacado sobre la repisa de una chimenea que hacía años que había dejado de ser útil para convertirse en un mero objeto decorativo. Y allí se quedó sumido en el olvido, perdido entre un maremágnum de otros objetos, sin destacar, ni llamar la atención. Hasta que cierto día de otoño, alguien llegó a la tienda.

Tintineó la campanilla de la puerta anunciando su llegada. Era un hombre joven, de unos treinta años. Le acompañaba una joven menuda, con los cabellos recogidos en un moño y vestida de forma sencilla. Sabían lo que iban buscando.

―¡Está aquí! ¡Lo he encontrado! ―gritó emocionada la muchacha.

―¡Por fin! No soportaba más estar atrapado en está época. Cariño, tienes que cuidar más las cosas importantes…

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