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Trampas para turistas

Maletas voladoras

Hace un minuto estaban ahí y como obra de magia desaparecieron. Muchos viajeros coinciden en que sus maletas fueron robadas justo después de que sucedió una distracción: un desmayo justo a tu lado, una pelea entre dos personas muy cerca de ti, un señor que “accidentalmente” te salpicó mostaza mientras comían en un puesto de hot-dogs y con torpeza intenta limpiar tu ropa, en el momento que su cómplice se lleva tus maletas.

EVÍTALO: Siempre que estés en un lugar público coloca tus maletas y bolsas de mano entre tus piernas o enredadas en la silla. Recuerda que los criminales trabajan mientras tu te distraes así es que pon el doble de atención a tus pertenencias cada que esté ocurriendo algo fuera de lo común.

Bambinos canijos

En los sitios más turísticos de Roma, se lleva a cabo una puesta en escena que consiste en que un grupo de niños rodee al turista, agite periódicos y digan un sinfín de frases incomprensibles. Todo esto para disipar la atención del viajero, mientras los pequeños aprovechan para llevarse cualquier pertenencia.

El autobús 64, también en Roma, es muy concurrido por turistas, y ladrones que actúan en grupos de cuatro, uno llama la atención de los pasajeros mientras los otros se llevan pequeños objetos de valor.

EVÍTALO: Camina con determinación, sin pararte un segundo en medio del caos que arman los niños. Estés donde estés, pero sobre todo en sitios concurridos, guarda las cosas de valor de modo que no sean fáciles de arrebatar. Si ya te encuentras en medio del grupo de niños, pide ayuda.

¡Pero qué buena suerte!

Estás en el momento y en el lugar preciso para que la vida te de un “regalo” inesperado. Justo a tu lado una señora de buena pinta encuentra un anillo de oro en una calle parisina. Lo recoge y te lo ofrece. Obviamente, el precio es una ganga y no hay que desaprovechar los golpes de suerte. Sí, adivinaste, después te enterarás de que la preciosísima joya es de latón.

EVÍTALO: Ni en París ni en ningún lugar del mundo hay anillos de oro tirados en la calle. Ni siquiera te pares a ver si es real o no, sólo di: “non, merci”. Lo mismo debes hacer cuando alguien te pide que le cambies un billete de alta denominación o te ofrece un tipo de cambio más tentador: son billetes falsos.

Trucos de los taxistas

Se podría escribir una antología de las estafas que los taxistas hacen alrededor del mundo. Todos sabemos que hay que estar a las vivas en un taxi, pero siempre guardan algo nuevo bajo la manga.

En Estambul, por ejemplo, es muy sonado el caso de que los extranjeros pagan la cuota del taxi con un billete de 50 liras. El taxista lo tira al piso y lo cambia por uno de cinco liras, que es muy parecido y arma una discusión culpando al turista de haberse equivocado de billete.

Y en la mayoría de las ciudades del planeta se repite la historia de robo en los taxis. Ni hablar de los taxímetros truqueados, de las rutas larguísimas y complicadas que toman los conductores para cobrar más e incluso de los secuestros express.

EVÍTALO: Si te aplican la clásica de Estambul, llama a la policía al 155 desde un teléfono turco. Las autoridades ya conocen esta trampa, le quitarán su licencia a ese conductor. Y en todo el mundo: presta atención a la tarjeta de identificación del conductor y a las placas del auto, infórmate sobre las características de los taxis confiables, opta por llamar a un sitio de taxis seguro, paga con cambio y no muestres objetos de valor mientras vas abordo.

Extraña amabilidad

Un ejemplo popular de estafa en África del Este, que incluso ha sido narrado por Tony Wheeler, uno de los fundadores de Lonely Planet, es que vas conduciendo el auto rentado y un amable desconocido te avisa que el auto esta tirando aceite. Te asomas, y en efecto, hay un charquito de aceite (que el mismísimo desconocido vertió sobre tus neumáticos). Resulta que tu nuevo mejor amigo conoce un taller justo en la esquina, donde el problema quedará resuelto. El dueño del taller es cómplice en el engaño, te cobra una suma exagerada y se dividen tu dinero entre los dos.

EVÍTALO: Es triste decirlo, pero no confíes a la primera de la gente desconocida que parezca muy amable o de la que te ofrezca ayuda o servicios que no sabías que necesitabas, porque en realidad no los necesitas. Acuérdate de los que te ofrecieron tiempos compartidos, acabaste un día entero de vacaciones encerrado en un hotel escuchando los beneficios de un tiempo compartido que nunca compraste (o peor, que sí compraste pero nunca usaste).

No es que seas tan guapo

Un clásico de las estafas en bares, dos amigos buscan un lugar para tomar una copa cuando dos mujeres lindas se les acercan para invitarlos a cierto bar. Los cuatro toman algo, platican y cuando llega la cuenta es exagerada. Los porteros no dejan salir a los turistas hasta que paguen y ya no queda rastro de aquel par de mujeres hermosas (y estafadoras).

EVÍTALO: Si un extraño te invita a un bar o a un centro nocturno, lo más seguro es que no sea por tu cara bonita.

Negocio redondo

La moto, el scooter o la bici que rentaste viene con un candado que tiene dos llaves: una la tienes tu, la otra, la arrendadora. Cuando te bajas a curiosear por un sitio, los mismos empleados de la arrendadora se llevan el vehículo y te cobran el seguro o el vehículo completo. Tienen tu pasaporte así es que no puedes escapar.

Mientras me hospedé en el hotel Catalina de Miami Beach fui testigo de que en repetidas ocasiones varios huéspedes llegaban diciendo que les robaron las bicis que el hotel prestaba gratuitamente, las mismas que días después estaban disponibles para la renta. ¿Coincidencias?

EVÍTALO: Carga con un candado extra del cual solo tu tengas la llave y deja tu pasaporte viejo cuando rentes alguno de estos vehículos.

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