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Todos los caminos conducen a… Bangkok!

Con un poco de nostalgia dejamos Siem Riep y vamos camino a Thailandia. Ya hemos escuchado varias cosas de allí. Las playas, las fiestas, la gente… parece que varios turistas que están visitando Angkor han hecho una escapadita desde este país. Otros se mueven desde Thailandia a Vietnam. Ahora si, definitivamente estamos en un tránsito de “sólo extranjeros”, casi todos los que conocemos en este trayecto y los que conoceremos luego en Thailandia están por poco tiempo, por sus vacaciones… los viajeros “de largo” que nos encontrábamos al principio del viaje, sobre todo en China, ya han empezado a desaparecer.

gato bangkokiano

El viaje parecía corto, unas siete horas, eso sin contar las cinco horas de cola que tuvimos que hacer en el cruce de fronteras. Una fila que avanzaba tremendamente lento bajo un calor bastante importante, resultó ser la consecuencia de un empleado de lo más parsimonioso. Ya casi bajando el sol salimos de migraciones, los últimos en arribar a la traffic que nos esperaba para llevarnos hasta Bangkok.

Tarde en la noche bajo un cielo rojo y a punto de llover entramos a una ciudad enorme. Carreteras altas de cemento, barriadas de edificios oscuros, calles llenas de autos que se encandilan unos a otros en la falta de otras luces, perfiles de edificios altísimos… la entrada a Bangkok hace que la ciudad se vea como una enorme Gotham City. Nos dejan en una de las calles populares, superpobladas de extranjeros, donde no nos resulta difícil encontrar un lugar donde quedarnos. El hotel está detrás de un bar, en cada piso se acumulan una cantidad inconmensurable de desperdicios, es viejo y el cuarto nos recibe con las memorias del visitante anterior. Pasamos por alto estos menesteres y salimos rápidamente a la calle.

dioses o demonios

Volvemos a Bangkok una y otra vez. Los trámites de las visas de Myanmar e India nos hacen retornar a la gran urbe. Cada vuelta nos encontramos más cómodos en la ciudad. Empezamos a usar el transporte público que aquí adquiere la forma de bus, subte, skytren, ferry y bote! Y haciendo esto vamos descubriendo una y mil ciudades nuevas. En cada destino Bangkok nos sorprende con un caleidoscopio de situaciones que nos mantienen entretenidos.

bote · transporte público

Uno de los viajes en bote terminan en el barrio chino. Por si dos meses hubiesen sido poco, ahí nos internamos de nuevo. Calles y calles de chucherías al por mayor, comida callejera y montoneras de gente hacen de dejá vu. Paramos en un puesto de comida que nos atrae por el olor. Una especie de tortilla de calamares que es servida “a mano pelada”, ni mucho menos limpia, pero con salsa picante, es el almuerzo que elegimos. Y una y otra vez entramos a los seven-eleven a darnos “duchas” de aire acondicionado y comprar botella tras botella de agua para sofocar el tremendo calor que despiden las calles.

Otra de las caminatas nos deja en el mercado de los amuletos donde gente con lupas como de joyeros inspecciona meticulosamente unas estatuitas como de barro. El mercado es un enjambre de callejones apretados donde conseguir todo aquello que se necesite para ser protegido por alguna deidad. Los tailandeses llevan colgando del cuello uno o a veces varios de estos adminículos.

gato y amuletos

Las paradas obligadas son los grandes, grandísimos shoppings que se distribuyen aquí y allá. Los hay de super lujo, medianos y mediocres o los “todo por unos bath” donde aquellos con lugar en la valija y unos billetes en el bolsillo pueden tener muchas cosas por poca plata. Pisos enteros con puesto tras puesto de celulares, fundas, tablets, “artesanías” y un largo etcétera. Pero también, estos grandes malls, albergaban un tesoro… ¡el cine! Entradas baratas y películas sin doblaje fueron un combo irresistible para pasar el rato y estar frescos.

tuk tuk en el tránsito

Casi por casualidad en uno de nuestros retornos a la gran city nos encontramos en el día del cumpleaños del Rey. Resulta que todos los adornos de las calles que veníamos viendo, luces, enormes carteles con fotos, altares dorados llenos de flores, stands, etc., son la manera en la que los thailandeses celebran el nacimiento de su rey. Como no podía ser de otra manera ese día es feriado, y las calles se llenan de gente vistiendo remeras amarillas con el monograma real. Todos, todos los thailandeses visten remeras amarillas, gorras, camisas amarillas. Todos los vehículos llevan pegado el sticker del rey y los canales de TV transmiten en vivo cada momento del día. El rey arriba en silla de ruedas al palacio. Una multitud en la puerta y en las calles llora y extiende los brazos con ofrendas de flores. Nosotros miramos sin entender mucho. A la tarde la gente se acerca al parque donde se suceden performances de bailes y cantos típicos y llegada la noche miles de personas largan linternas blancas al cielo en uno de los momentos más poéticos que vivimos en Bangkok.

cumpleaños del Rey · los niños festejan también

Bangkok es una Sin City absolutamente real. Los templos y monasterios se contrastan con el descontrol y la mugre donde cientos de alocados turistas vienen a dar rienda suelta a sus bajos instintos. O simplemente emborracharse como estúpidos a precio de ganga. De shoppings helados donde se viste y se come como reyes, a calles calurosas que hieden a cloacas donde los puestos preparan desde “pad thai” hasta grillos y gusanos (aunque parecen más para las fotos a 10 bath que para los consumos reales). Bangkok es una ciudad de excesos, y ¿qué mayor desborde podría ser que tener y amar (aún) al Rey?

bar de Bangkok

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