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The Great Ocean Road: mil y una acampadas en la Australia profunda

Hace tan solo un par de meses, tuvimos una inesperada visita por tierras byronianas. Como por arte de magia, Cesar (el tronco) y Nicky (el maltes), aparecieron por la bahia con muchisimas ganas de visitar todos los rincones habidos y por haber. Ya entonces nos dimos cuenta de su afan explorador.

Pronto tuvieron que hacer maletas y dirigirse al sur donde les esperaba un sin fin de aventuras!!

Muy amablemente nos ha enviado un relato, narrando algunas de las experiencias vividas por tierras sureñas!

Muchas gracias Cesar por compartir tus vivencias con todos nosotros!! Ya estamos deseando saber que os deparara vuestro proximo viaje!!

The Great Ocean Road: mil y una acampadas en la Australia profunda

Dejamos atrás “La Burbuja” con la nostalgia propia de quien abandona un lugar entrañable. Byron Bay es sin duda un punto y aparte, una pausa en la “Oz Experience” que merece una visita inexcusable. Pero estábamos convencidos de la amalgama de colores del abanico australiano, así que llenamos de utensilios de acampada la furgoneta de nuestra amiga Therese y pusimos rumbo a la Great Ocean Road, en busca de una nueva aventura. En nuestro particular horizonte, la brújula señalaba el sur.

Con lo puesto, llegamos hasta uno de los más emblemáticos enclaves, los afamados Doce Apóstoles. La imagen que se ve a continuación es de por sí espectacular, pero nada tiene que ver con el halo que desprende el lugar in situ, envuelto en una mística propia de las películas de piratas.

Los evangelizados impresionan desde el primer instante y provocan que hasta el más experimentado viajero contenga unos segundos la respiración.

 

Pese al inicial regocijo, nos convertimos en partícipes y descendimos hasta conectar con la arena. Acantilado abajo, os aseguro que la rebeldía del océano transmite una reconfortante sensación de libertad.

 

 

 

 

 

 

La Great Ocean Road se extiende a lo largo de la costa sur, a 200 kilómetros de Melbourne. Esconde una enorme riqueza natural que comienza en la densidad de los bosques y cascadas y termina en la singularidad de su fauna.

 

Ojo, porque durante nuestro periplo tuvimos que sortear en no pocas ocasiones la tentativa suicida de canguros que acechan el paso de los vehículos. También nos sorprendieron las llamas, venidas de no se sabe qué lugar, y, por supuesto, los koalas, tan amigables como perezosos, pues al parecer sólo mudan de árbol cuando cae la noche, evitando así que nadie altere su pausado ritmo de vida.

 

 

 

 

 

 

 

Tras tres noches acomodados en granjas y algún temerario baño en lugares no aptos para tal fin, alcanzamos el punto más sur oriental de la península australiana, llamado Wilsons Promontory. Este lugar llama la atención porque el mar engarza con la tierra a través de un manto de verdes prados que intercalan matices de color azulado.

El menú del almuerzo nos sirvió para probar una vez más las tradicionales fish&chips, al tiempo que disfrutamos del espectáculo que en este punto suelen dispensar focas y ballenas. No tuvimos la misma suerte con los pingüinos, pese a que mi compañero maltés jurase y perjurase haber visto ciento volando… ;)

La Australia más genuina aguardaba de vuelta a Sydney, ascendiendo desde el sur por la cara este. Atravesamos pintorescos pueblos de pescadores que diariamente acuden a faenar al alba.

Si uno se lo propone, en estas latitudes se pueden encontrar espacios de acampada verdaderamente remotos, en los que no existen mayores facilidades que las que dispensa la madre natura, al no estar delimitados. Muy recomendable para aquellos que quieran llevar la aventura hasta el límite.

La expectación era máxima y el resultado no pudo ser mejor. Realizamos acampada libre en el Parque Nacional del Mimosa Rocks, completamente desasistidos. Como era de esperar, la naturaleza se convirtió en nuestro mejor aliado. Pescamos para alimentarnos y preparamos asados a la antigua usanza; el café de buena mañana se servia con agua del río…

Cohabitamos con todo tipo de especies animales, algunas tan poco populares en Europa como pueden ser los possum, Bandicuts o wombats. Menos mal que contábamos con el equipamiento adecuado, y es que en más de una ocasión, la luz de nuestras linternas, en las noches más sombrías, reveló alguna que otra sorpresa. Un paso más y…

Dicen que la picadura de algunos arácnidos en Australia puede causar la muerte en escasos ciento ochenta segundos. Nosotros retornamos a Sydney completamente agujereados, pero han pasado quince días y de momento seguimos al pie del cañón. Al parecer hubiera bastado con un buen repelente de mosquitos. Y es que con una pizca de la sensatez que no hace falta, estas cosas siempre acaban saliendo bien…

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