You are here: Home > Cosas de viajes > Tanzania I: es la ley de la aventura

Tanzania I: es la ley de la aventura

[Aunque entramos con mal pie (o mejor dicho, con mala rueda), porque mi motor parecía no querer entrar en Tanzania, una vez superado esto las cosas fueron, ahora sí, sobre ruedas. Encontramos mucha buena gente en Tanzania.

Aquí os cuento el desenlace de mi dichosa intoxicación y, al pasar por Dar Es Salam y Bagamoyo, también otras historias y personajes que llevaron a embarcarse a Adela y François en una travesía rumbo a Zanzíbar que algunos calificarán de locura.

Esto fueron nuestras peripecias de los días 329 a 336 de viaje, del 4 al 11 de octubre de 2011 (como cartas del pasado que llegan un año después…)]

Sigue mi intoxicación

Pues así empezó Tanzania: Yo no arrancaba. Ahí tirados, en medio del parking de aduanas en la frontera: yo sufriendo una intoxicación por biodiesel, Adela y François con un nudo en la garganta: “¿Ahora qué hacemos?”¡Las carreteras africanas nunca dejan de sorprenderme!Mis dos amigos intentaban mantener la cabeza fría. Intentaron deducir qué podía estar pasando y qué podían hacer, revisaron las sabias aunque rápidas lecciones de mecánica básica recibidas antes de salir… y yo seguía sin arrancar y se hacía de noche. El día había sido largo, y el calor y la situación desmoralizante no ayudaban a pensar. Decidieron entonces parar, descansar y mañana ya verían lo que hacían.

Viviendo de la desgracia ajena

Se había congregado e nuestro alrededor el típico grupito de gente que pulula por las zonas fronterizas, donde no faltan las sanguijuelas que viven exprimiendo la necesidad ajena, y observaban curiosos y divertidos nuestros movimientos, a la espera. Cuando François y Adela empezaron a recoger para quedarnos en el mismo parking a dormir, se acercaron un par de ellos que llevaban un par de horas mirando con paciencia. Complacidos por nuestro fracaso y muy sonrientes preguntaron: “¿Necesitáis un hotel?, ¿Necesitáis un restaurante?” Con qué satisfacción contestaron Adela y François que no, que no necesitaban nada de eso. Para subir los ánimos, y puesto que hasta la mañana siguiente no podíamos hacer nada, prepararon unas ricas lentejas con chorizo en su mini olla exprés y vieron juntitos una película en el ordenador.Espantapájaros femenino... ¡nos costó darnos cuenta!La mañana siguiente, pesimistas, aunque con energías renovadas y un resto de esperanza, mis dos amigos volvieron a intentar arrancarme (observados atentamente por los espectadores de ayer y algunos nuevos). Comprobaron de nuevo que la bomba de gasoil funcionaba bien y consiguieron un nuevo filtro en línea. Ya se les habían agotado las ideas, o sea que si yo no arrancaba habría que pensar en un plan B, en el cual preferíamos ni pensar aún.

Pero… yo no arranqué (mierda).

François, antes de darse definitivamente por vencido dijo: “Vamos a probar dos veces más”.  Y, así fue como, la tercera fue la vencida y mi motor se desatascó, fuese lo que fuese, y volvió a rugir como siempre, aliviado. Un misterio más de nuestro viaje. Nuestro decepcionado público estaba muy sorprendido de que unos blanquitos turistas hubieran sido capaces de solucionar ellos mismos la avería – y más habiendo una mujer de por medio.

Parada a comer rumbo a Dar Es Salam

Aunque Tanzania tiene muchos famosos parques naturales como el Serengueti o el idílico cráter del Ngorongoro, mis amigos decidieron no visitar ninguno. Ya habíamos visitado varios en Botswana, Zimbabue y Namibia, y teníamos previsto visitar alguno más con los padres de Adela en Kenia, que llegaban 15 días más tarde.Bonito enclave con restos de la edad de piedra, por Iringa

A estas alturas del viaje, mis compañeros preferían descubrir otras facetas de cada país: Por ejemplo, pararse tranquilamente en un pueblecito al borde de la carretera que en este caso nos llevaba a la capital no oficial de Tanzania, Dar Es Salam, y pedir para comer lo mismo que esté comiendo el resto de la gente: sadza (una especie de papilla muy espesa preparada a base de harina de maíz) con un platito de salsa de tomate algo picante y dos pedacitos de carne. De postre un chapati (un híbrido entre un crep francés y un nam indú) con un té especiado con leche. Mmmm. Sólo una persona chapurreaba algunas, pocas, palabras en inglés. Sentados en los banquitos de madera, bajo un techo de paja sujeto por cuatro tronquillos precarios, mis amigos aprovecharon para empezar a aprender algo de swahili, idioma hablado sobretodo en Tanzania, Kenia y Uganda (y entendido en algunos otros).

Sorpresa en Dar Es Salam

Habíamos oído hablar muy mal de esta ciudad, sobretodo de la muy alta probabilidad de robo. Después de un par de largos días de carretera, con alguna tormenta y atravesando un parque natural y un bonito valle de baobabs, entre otros, llegamos por fin.  Playa en Dar es Salam llena de domingueros locales ¡Había my buen ambiente!Fuimos a un camping al sur de la ciudad y al ir a la recepción: ¡Sorpresa!Estaban Jacques, el brasileño que nos acogió en su casa en Mozambique y que ahora viajaba y Jorge, un español viajero que conocimos en Zimbabue. África volvía a parecer un pañuelo. Nos presentaron a un par de otros amigos y a Romina, una argentina que habían conocido unos días antes. Puesto de comida Nos quedamos un par de días allí, aprovechando la playa y la calma en el interior del camping. Este era custodiado por unos cuantos masais, muy auténticos (son muy respetados y temidos en Tanzania y en Kenia), pero que cuando terminaban su turno volvían a enfundarse… ¡sus vaqueros y camisetas! :-P También oímos un par de historias más de atracos recientes por la zona… Había que estar al loro (bueno, como casi siempre).

Alternativas aventureras para ir a Zanzibar

En general, los turistas no paran mucho en la enorme Dar Es Salam. Para la mayoría es sobre todo el lugar donde se toma el ferry o avión a la mítica Zanzibar, también conocida como “la isla de las especias”. Mama en su puesto de comidaPreguntando, nos enteramos de una alternativa para ir allí, mucho más barata, local, auténtica… e incierta. Mmm, sonaba a aventura interesante :-) Había que ir hasta la casi olvidada Bagamoyo, antigua capital de la zona, 60kms al norte y de allí teníamos que coger un barco tradicional de vela, llamado “dhow”. Dhows tradicionales de carga Jacques y otro ya lo habían hecho y nos dijeron que no era un viaje cómodo ni fácil, pero que lo más difícil era la conseguir el barco, ya que algunos capitanes se negaban a llevar a extranjeros por miedo a las consecuencias en caso de accidente (son barcos de mercancía, sin asientos, ni chalecos salvavidas, ni nada). Pero conocían a un chico que vivía en Bagamoyo que nos ayudaría y que tenía un lugar seguro para aparcarme mientras mis dos locos amigos se iban unos días a la isla. A Romina también le gustó el plan y se unió a nosotros.

Dar Es Salam, la ciudad de los mil peligros

Pero antes no pudimos escapar de la mala fama de Dar Es Salam, aunque sin consecuencias. Saliendo de la capital camino de Bagamoyo, en una parada que hicimos, un hombre se acercó a hablarnos muy amable, aunque algo en él no nos inspiraba mucha confianza. Se fue, pero en un abrir y cerrar de ojos volvió y metió el brazo por la ventanilla, agarrando rápidamente una funda de gafas de sol en mitad del salpicadero. Paseo por Dar Es Salam Con rápidos reflejos François le cogió el brazo y se lo bloqueó contra la ventana abierta. Adela y Romina intentaban hacerle abrir la mano pero no había forma, así que François le tuvo que retorcer aún más el brazo contra el marco de la ventana. Por fin soltó las gafas y salió un hombre de entre la gente, un policía de paisano, que lo echó al suelo y le puso las esposas. Nos fuimos. Después, nos entró la duda si el segundo hombre era realmente un policía o parte de una puesta en escena… Se vuelve uno muy desconfiado.

Jasili, el rastafari soñador

Llegamos a Bagamoyo donde conocimos a Jasili, el amigo rastafari y buena gente del amigo de Jacques. Romina, el hermano de Jasili, Jasili y François Nos invitó a su casa a dormir, y menuda sorpresa al descubrir que se trataba de un camping con bungalows. Jasili, que había aprendido inglés él solito, e incluso un poco de alemán, principalmente leyendo, había construido él mismo todo lo que veíamos, incluidos la construcción principal de dos pisos donde le gustaría abrir un restaurante, cuatro bungalows con placas solares, un jardín chulísimo, un bar y ¡hasta un escenario cubierto para organizar conciertos! La verdad es que alucinábamos y al abrigo de la noche no podíamos creernos que lo hubiera hecho todo él solito. A la luz del día lo vimos de otra manera, al ver que el trabajo era algo amateur, lo cual no le quita mérito. Edificio principal con terracita arribaCon el dinero que sacaba de trabajillos por aquí y por allá, Jasili llevaba cuatro años, poquito a poco, construyendo su sueño. Con nuestras mentes occidentales analizábamos los detalles y la parte de negocio pura y dura, y nos parecía evidente que a Jasili le hacía falta un socio con más visión de negocio. Sin embargo, su carácter no transmitía avaricia alguna, sólo espíritu soñador, trabajador y emprendedor, aunque eso sí, con tranquilo ritmo africano. Pero ahí le teníamos, el supuestamente ingenuo Jasili, con trabajo y tesón, perseguía su sueño y cerquita estaba de lograrlo. Bungalows construidos por Jasili Parece que la cuenta de resultados al final no era lo más importante, sino entre otras cosas ver su restaurante sirviendo comidas. Señoras y señores, pasen, vean y aprendan, si pueden. Si alguno va a Tanzania, merece la pena visitar a este tranquilo tanzano que tanto nos ayudó y si alguien quiere y puede echarle una mano en cualquier cosa, que mal no le viene, seguro que se lo agradece.

Bagamoyo, el puerto de las dhows

Casa de un rico mercader swahili en ruinas Bagamoyo fue una importante capital económica durante la ocupación alemana de Tanzania antes de la I Guerrra Mundial gracias a su puerto y al intenso comercio con la isla de Zanzibar. Aunque pronto Dar Es Salaam tomó su lugar, aún quedan retales de su resplandor comercial por ejemplo en los restos de arquitectura swahili, extinguiéndose poco a poco en sus tranquilas calles.

Nos encantó pasear por ese ambiente pausado y tan lejano del de la bulliciosa y maliciosa capital. Allí conocimos la versión tanzana de nuestra tortilla de patatas: el chips mayai, una tortilla de patatas fritas.

Paradita en el sastre para hacerse un remiendo. Daba gusto ir con Jasili por la calle que conocía a mucha gente.Bagamoyo sigue siendo puerto de barcos tradicionales a vela, los dhows, en su ir y venir a Zanzíbar transportando mercancías y tanzanos. Intenta también renacer de sus cenizas explotando su historia y arquitectura con los turistas, pero afortunadamente para nosotros, lo hace lentamente y no ha sido aún demasiado “transfigurada” por el turismo. Aprovechando la marea descargan el aceite, que flota. Para el resto de mercancías esperarán a que baje un poco la marea. Al final, los barcos reposan apoyados en la arena y necesitan que vuelva a subir la marea para salir

Buscando capitán

Encontrar un dhow que nos llevara a Zanzíbar no fue tarea fácil, aunque es difícil explicar exactamente por qué. Por la mañana, Jasili intentó encontrarles uno, hablaba con mucha gente en el puerto pero nada parecía concretarse y aunque intentaba explicarse con su limitado inglés, François, Romina y Adela no entendían qué pasaba. IMG_3701 Parece que los capitanes les pedían un papel, una autorización o algo así, pero no quedaba claro cual, parecía que todo el mundo opinaba pero nadie solucionaba… Volvieron al puerto a medianoche, cuando cargan y salen los barcos, y después de esperar y esperar y con nada más que teorías de lo que pasaba, mis tres amigos acabaron por aceptar que ese día no irían a Zanzíbar. No se dieron por vencidos y decidieron intentarlo de nuevo al día siguiente y si no lo conseguían… bueno, y entonces ya estudiarían alternativas.

El problema fantasma

Al día siguiente consiguieron hablar con un aduanero que no les aclaró demasiado lo del papel… Era raro, nadie parecía querer encontrar una solución ni confirmarnos nada. Algunas excusas sobre el estado del mar, y que el dhow no era un medio de transporte apropiado para blancos (¿?)… François intentando encontrar una solución Por fin, les explicó el agente que estaba prohibido el transporte para extranjeros (estaba claro que un transporte homologado de pasajeros no era, pero eso no era una novedad) y que era mejor que volviéramos a Dar Es Salam a coger el ferry… :-S (No hacía muchas semanas que un ferry con turistas se había hundido entre Zanzíbar y Pemba, otra isla vecina, y mucha gente se había ahogado, o sea que tampoco esos ferrys eran garantía 100%…). Al fin, el hombre, como vió muy lanzados y cabezones a mis amigos, les dijo simplemente que si encontraban un capitán que quisiera llevarles, él no quería saber nada del asunto. Vamos, que había problema pero no lo había.

Vuelta a empezar: encontrar un barco

Con el tenderete a cuestas Con las cosas un pelín más claras, de nuevo hicieron el largo camino al puerto por cuarta vez, otra vez con las mochilas, mientras yo seguía buenecito aparcado en el proyecto de camping de Jasili a las afueras.

Esta vez fue más rápido y el primer capitán que vieron aceptó llevarles sin ni siquiera mencionar el dichoso papel. Una vez más observaron pacientemente como los dhows, apoyados sobre la arena, eran cargados de las más diversas mercancías. Después mis amigos embarcaron, y esperaron en el barco a que subiera la marea y el dhow volviera a flotar.

Rumbo incierto a Zanzíbar…

¿Llegarían a Zanzíbar sin problemas? ¿Las nubes amenazantes se desahogarían sobre el barquito de mis amigos? ¿Sería dura la travesía? ¿Qué pasaría en Zanzíbar? Os lo contará Adela directamente en el próximo post (yo me quedé aparcadito en Bagamoyo). Os adelanto que, querían algo auténtico, y lo tuvieron.Bagamoyo

40.428037
-3.699497

Tags: , , ,

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Leave a Reply