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Robos en el tren (Campo de Criptana, 1893, 1915, 1921)

Darío de Regoyos: "El tren de las 16 horas. Noviembre"

Darío de Regoyos: “El tren de las 16 horas. Noviembre”

En 1855 algo cambió en Campo de Criptana, y la vida ya nunca volvió a ser igual que antes. Como sucedió con otros pueblos que tuvieron la suerte de figurar en los itinerarios ferroviarios, también Criptana cambió su historia para siempre. Recordemos, sin embargo, que una encendida carta enviada desde Alcázar de San Juan en 1851 a el periódico El Clamor Público (núm. 2.189, del viernes 5 de septiembre de 1851) sugería trazar el ferrocarril directamente desde Alcázar a Socuéllamos… sin pasar por Criptana (véase: Cuando Campo de Criptana casi se quedó sin tren, 1851).

Pero el ferrocarril pasó por Criptana, y gracias a él la localidad estuvo continuamente presente en la política y en la sociedad de la época. En 1860 el ferrocarril trajo a Criptana a Isabel II y a un Alfonso XII de 3 años; aunque muy breve, la comitiva real hizo un breve alto en su estación, y saludó la reina a las fuerzas vivas de la localidad (véase: La breve estancia de Isabel II en Campo de Criptana, 1860). En la estación de Criptana se detuvo en 1875 el tren que llevaba al general Martínez Campos y al Marqués de Salamanca, por temor a un posible atentado (véase: Historias del tren en Campo de Criptana: El accidentado viaje del general Martínez Campos y del Marqués de Salamanca, 1875). Trajo también a Amadeo I, el efímero rey de España (El rey Amadeo I en Campo de Criptana, 1871), y a muchos viajeros, como Alfred Germond de Lavigne, en 1890 (véase: Viajeros en Campo de Criptana: El escritor y traductor francés Alfred Germond de Lavigne, 1890) y especialmente a Azorín, quien inmortalizó a Campo de Criptana en un capítulo de su famosa “Ruta del Quijote”, en el año 1905 (véase: Viajeros en Campo de Criptana: Azorín, el recién llegado, 1905).

Aureliano de Beruete: "El tren"

Aureliano de Beruete: “El tren”

El tren permitió el gran periodo de esplendor de la viticultura criptanense a finales del siglo XIX y comienzos del XX, e influyó también en el urbanismo, ampliando el casco urbano criptanense hacia el sur gracias a la construcción de la estación. En torno a ella, para aprovechar la proximidad, se construyeron las grandes bodegas de las que salía el vino criptanense para la exportación. Y lo hacía en tren.

No todo fue bueno. Hubo también desgracias. Noticias de atropellos, suicidios y accidentes llegaban muy de vez en cuando a la prensa, pero no más que en otros lugares. Ya hemos tenido la oportunidad de tratar de todo este tipo de sucesos con amplitud en otros artículos de este mismo blog. Véanse, al respecto: Un siniestro ferroviario en los tribunales (Campo de Criptana, 1859-1861);  y, especialmente, las cinco entregas de la serie titulada Crónica negra ferroviaria, a saber: Crónica negra ferroviaria (I): Campo de Criptana, 1903; Crónica… (II): Campo de Criptana 1905, 1913, 1914; Crónica… (III): Campo de Criptana, 1928; Crónica… (IV): Campo de Criptana, 1910, 1929, 1933; y Crónica… (V): Campo de Criptana, 1908, 1922.

Y hubo también robos, porque el tren ofrecía unas oportunidades para una nueva tipología de delitos que se cebaban en el equipaje de los viajeros y en los recursos materiales del ferrocarril. Traigo aquí dos ejemplos de robos que se cometían en el tren que hacía el recorrido Madrid – Alicante o Alicante – Madrid y que fueron descubiertos en la estación de Campo de Criptana, y otro de un robo que se cometió en la misma estación.

El robo de artículos de mercería (1893)

Augustus Egg: "The Travelling Companions"

Augustus Egg: “The Travelling Companions”

El Boletín Oficial de la Provincia de Murcia, núm. 125, del 24 de noviembre de 1893, publica un anuncio del Juzgado de Instrucción de Novelda, Juan Herreras Morillas, contra Ángel del Campo Ferrándiz y Vicente Dochao Méndez, por haber cometido una serie de robos en el tren número “ciento cinco ascendente” de la compañía de ferrocarriles de Madrid – Zaragoza – Alicante. El robo se cometió en la estación de Campo de Criptana, el día 8 se septiembre anterior. Da la casualidad que los dos acusados trabajaban para el ferrocarril, porque prestaban servicio de guardafrenos en el tren citado. Una de las víctimas del robo fue Romualda Anadón, de Valencia, pero se pide a otros que se consideren perjudicados que comparezcan para reconocer efectos de su propiedad y proceder a su devolución o debida indemnización. Entre los efectos robados cuyo propietario se ignoraba estaban: un par de calcetines de algodón color grana sin usar; dos corbatas de caballero, blancas labradas de seda; una corbata color rosa y blanca; otra formando nudo; un lazo de seda labrado y blanco y motas azules; un lazo de seda azul y notas encarnadas; un lazo de raso negro; un pañuelo de seda blanco; una caja estuche “con las extremidades de metal blanco, madera color nogal claro jaspeadas, forrado por el interior de raso y terciopelo encarnado que contiene dos boquillas de ambar para fumar una cigarrillos y la otra cigarros puros”; y un paquetito royado (sic, por “rollado”, es decir, “enrollado”)  en papel de periódicos, que contiene varios botones ó gemelos para la camisa. Se podría pensar los ladrones tenían en mente montar una mercería.

El robo de carbón (1915)

El periódico El Pueblo Manchego, año V, núm. 1454, del 20 de noviembre de 1915, da cuenta de la siguiente noticia:

En la estación de Campo de Criptana ha cometido un robo consistente en un saco de carbón de 25 kilos, el individuo llamado Julio Alarcos, persona de malos antecedentes y bastante conocido por la policía.

Al ser detenido el Julio negó el hecho, poniendo en claro la guardia civil que no sólo era el autor de dicho delito, sino que también la noche que cometió el robo había ido á Alcázar sin billete de ferrocarril, en un tren de mercancías, por cuyo delito también ha sido procesado.

El robo del cabás (1921)

Vladimir Kazantsev: "En la estación. Mañana de invierno en el ferrocarril de los Urales".

Vladimir Kazantsev: “En la estación. Mañana de invierno en el ferrocarril de los Urales”.

La noticia se publicó en el periódico La Voz, año III, núm. 389, del 27 de septiembre de 1921, y decía así:

ROBO EN EL TREN.- Doña María Marín y Baldo, vecina de Murcia, ha denunciado que entre las estaciones de Criptana y Alcázar le hurtaron del departamento que ocupaba en el correo de Alicante un cabás con objetos y efectos y cierta cantidad de dinero en billetes.

Pero: ¿qué es un cabás”. Según el DRAE es un préstamo del francés, que puede tener tres acepciones:

1. Sera pequeña, esportilla o cestillo para guardar la ropa.

2. Especie de cartera en forma de caja o pequeño baúl, con asa, usada para llevar al colegio libros y útiles de trabajo.

3. Maletín pequeño.

Posiblemente, lo que llevaba la señora Marín y Baldo era un objeto que podemos identificar con las acepciones segunda o tercera.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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