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Ni chino, ni inglés: Hongkonés

Lo que en el género de películas de ciencia ficción remite al retro-futurismo, bueno, eso para nosotros es Hong Kong. Una ciudad tan hermosa como apabullante, llena de carteles luminosos de neón y led, con altísimos rascacielos, colectivos y tranvías de dos pisos y una vegetación selvática.

Desde el tranvía

Después de cruzar la frontera con China, es que hay que hacer trámites de migración y aduanas, nos adentramos velozmente en Hong Kong en medio de la noche, a través de una boca de metro salimos a una calle central. Lo confirmamos, realmente no estamos más en China, sino en una ciudad cosmopolita que pertenece más al mundo que a un país en particular.

Hong Kong desde el Victoria Peak

En las calles se cruzan turistas chinos y occidentales, inmigrantes indios y africanos, hongkoneses. En donde el inglés es un idioma realmente universal. Donde se mezcla el fuerte olor del pescado seco de las tienditas tradicionales, con los perfumes internacionales más caros. Un paraíso para quienes adoran salir de compras (no exactamente nuestro caso): locales de ropa de diseño de la más alta gama, tecnología al por mil y por supuesto más y más chuches chinas por doquier.

Pescado seco en la calle

Calles de Hong Kong

Nos quedamos a dormir en la Mirador Mansion (lejos de ser una mansión, es uno de los lugares con habitaciones más baratas de HK). Describir este edificio no es tarea poco compleja. En la planta baja se reúnen una serie de negocios a modo de “Galería Espacial” pero atendida por indios en la que circula gente sin cesar. Para subir y bajar es necesario encontrar el correcto asensor que te lleva hasta tu piso! Hacer cola para subir, mientras un guardia ordena la entrada y salida de gente. Las habitaciones son las más baratas y también las más pequeñas que uno se pueda imaginar. Solo entra la cama de pared a pared, en el baño se amontona el inodoro con la ducha con la bacha, todo en menos de un metro cuadrado. Regateamos por el precio cada noche. Eso nos lleva a cambiarnos dos veces de Hostel, nos reímos cuando nos damos cuenta con la dueña que terminamos durmiendo en el mismo que el primer día. Es que cada conglomerado de habitaciones se dispone alrededor de un pasillo finito y largo. Cada dueño de Hostel tiene un par de pasillos. Todo un sistema con dinámica interna. En la Mirador Mansion también vemos un poco del mundo que muestra Won Kar Wai en sus películas, sastres cociendo y planchando, pequeños hogares, diferentes negocios de luces tenues y no es difícil imaginarse a la Tía Mai haciendo sus famosos dumplings detrás de una puerta.

En el cuarto de la Mirador Mansion. Toma desde la puerta del baño

Tenemos la suerte que Lisa, una amiga de Sole de la época de Kansai Gaidai, nos recibe para acompañarnos en algunas cenas y recorridos por la metrópolis. Qué diferente ver la ciudad con ojos locales! Todo se hace más cercano y accesible. Lisa nos lleva de un lugar a otro señalando lo que debemos probar, los platos locales y sus preferencias, nos muestra lugares a los que no hubiéramos llegado de otra manera. Nos subimos al tranvía de noche, para dar una vuelta por la isla, el contraste se produce entre la lenta avanzada del vehículo y la ciudad que no se aleja del ritmo vertiginoso.

Hong Kong de noche

Aceleramos el paso en nuestra tercera noche para llegar a ver el show de luces en los edificios de la isla. Nos colamos entre la gente, ya estamos en primera fila. La verdad no nos emociona mucho la puesta, es una de esas cosas que se ve mejor desde la TV. Humildemente opinamos que una buena refrescada de ritmos y combinaciones no le vendría nada mal, Seba certero piensa “Una proyección con mapping sería genial”.

Anuncio callejero

Una de las cosas más hermosas es ver la ciudad desde el Victoria’s Peak, después del atardecer la oscuridad borra la masa de edificios para que casi simultáneamente, la luz detrás de cada ventana conforme un panorama más sutil y etéreo.

Desde el Victoria Peak

Nuestros días en Hong Kong se acaban, ya debemos estar de regreso en la gran China. Esto supone volver a las bocinas constantes, el desorden general, las expresiones corporales a flor de piel…Y buenoooo, sí, volvemos porque nos gusta también.

Big Budda en Hong Kong

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