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Mini voyage, parte 1: El Tren

Tal como pensaba que iba a pasar, me resulta difícil ir subiendo publicaciones inmediatamente después de que por aquí pase algo medianamente interesante/llamativo. Creo que es precisamente mi pereza innata lo que nunca me permitirá convertirme en periodista profesional (no es que sueñe con ser periodista, pero…)

Hace ya casi una semana que volví de la ciudad donde nací, Voronezh. La visita fue, francamente, muy corta: tan sólo estuvimos allí un par de días. De hecho, nunca pasamos más de 3 días seguidos en esa ciudad: son suficientes para visitar a los pocos familiares que conozco y , quizás, también ir a ver a algunos amigos de la familia.

Como mencioné en uno de los posts anteriores, Voronezh está a unos 500 km de Moscú; esto es, a 4-5 horas en coche si conduce mi padre; a 7-8- horas si conduce una persona normal; o a 10-11 horas si uno coge el tren nocturno. Nosotras (mi madre y yo) habíamos optado esta vez por el tren. Y, después de unos años sin cogerlo, fue toda una experiencia…

No sé si ahora en Europa circulan trenes parecidos a los que hay aquí. En nuestro caso se trataba de un tren en el que los vagones tienen un número de “habitaciones”, cada una de cuales, a su vez, tiene 4 plazas (en la clase económica), como esta:Imagen

Como veis es pequeña, por lo cual me costó sacar una buena foto…

Ir en un tren nocturno no está mal si sois 4 porque podéis ocupar la habitación entera. Pero lo más frecuente es que  a uno le toque pasar la noche con unos desconocidos, y en un 80% de los casos éstos RONCAN. Y a veces beben. Y también huelen… digamos, a hombre. En fin, la calidad del viaje es pura cuestión de suerte.

En cuanto a la compañía, la nuestra (nuestra suerte, me refiero), en principio, no fue mala: nos tocó estar con un hombre de unos 50 años y una señora más o menos de la misma edad. Pero las sorpresas suelen llegar al anochecer…

Ah, pero antes de eso, ¿os acordáis de la costumbre de tomar té en todo momento, muy típica en Rusia? Pues, tomar té en el tren es una costumbre aparte. Y es que los vasos en los que se sirve ese té no han cambiado de “look”, me parece, en muchos, muchos años… o, más bien, aquella parte que sujeta el vaso  -  podstakannik. Según Wikipedia, en inglés se denominaría “glass holder”; no fui capaz de traducirlo bien al español… Aquí están:

Imagen Té en el vaso (listo para consumir, jeje). La foto no es mia, pero os prometo que hace una semana fue exactamente igual.

Imagen  ¡Y el podstakannik!

Bueno, después del té (de verdad esperaba poder tomarlo en el tren, soy bastante sentimental) llegó la noche. Y, como os prometí, la parte más interesante. Para empezar, tenéis que dormir con 2 o 3 desconocidos, cada uno de los cuales está acostumbrado a su propio horario, y es bastante complicado poneros de acuerdo acerca del momento en el que hay que apagar la luz.

Al superar esta primera etapa (esperada y prevista gracias a la experiencia previa), llega una etapa intermedia, en la que suele tener lugar algún problema muy particular y, en cambio, inesperado. A nosotros nos tocó el aire acondicionado que no tenía pensado empezar a funcionar. Al principio no lo sabíamos y yo me dirigí al personal del tren para saber si la ausencia del oxígeno en el vagón era un fenómeno temporal. Según me informaron (y como más tarde pude comprobar), no lo era, y entoces me di cuenta de que la prioridad de esa noche no sería dormir y llegar a Voronezh en un estado decente, sino no asfixiarme. Bueno, como dije, la vida  a veces trae sorpresas.

La siguiente me esperaba en la “habitación”: al parecer, no todos los viajeros valoraban la vida por encima del sueño. Se me ocurrió que tal vez no moriríamos si dejásemos entreabierta la puerta de la “habitación”; pero así, además del aire, entraría un poco la luz del pasillo. Bueno, “un poco”, en mi opinión. La opinión de la señora desconocida que viajaba conmigo fue radicalmente diferente: la pobre no podía dormir sin estar rodeada por absoluta oscuridad. Yo no podía dormir sin posibilidad alguna de respirar… Y así pasamos las próximas horas – abriendo y cerrando la puñetera puerta sin llegar a algún tipo de consenso, acompañadas de las maldiciones provenientes de la cama de mi madre: dichas en voz baja pero cargadas de emoción.

No me acuerdo cómo finalmente me quedé dormida y si la puerta estaba abierta en aquel momento; creo que al final, enfrentádose a la falta del oxígeno, mi cuerpo se puso a hibernar. Por lo cual no me acuerdo de la siguiente etapa del viaje: profundamente marcada por el indiscreptible ronquido de los próximos.

Bueno, no os voy a aburrir con la descripción del despertar a las 4.30 de la madrugada (el tren llegaba  a las 5.00) y las colas de pijamas, dentro de los cuales había gente durmiendo, para ir al baño… pero sí os voy a invitar a echar un vistazo a la imagen del baño en sí.
Imagen

Pues sí. Un vez más tengo que deciros que la foto no es mía (la acabo de encontrar en la web), pero hace una semana fue esto lo que vi al visitar el servicio en el vagón № 4 del tren Moscú – Voronezh. Y después la gente se pregunta porqué los rusos somos tan “antipáticos”… pues, entre otras cosas, por todo esto. Aunque este puede ser un largo debate, mejor no entremos en él.

Os aseguro que si pudiese, dibujaría un cómics sobre este pequeño viaje en el tren.

Muy pronto os contaré cómo he visto Voronezh esta vez.

¡Hasta el próximo (post)!

Gracias por estar aquí y muy buenas noches.

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