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Malawi I: sin motor de arranque :-S

[Malawi o Malaui, nos decepcionó un poco. La verdad es que las circunstancias no ayudaron, porque llegábamos en un momento un poco crítico para el país y nuestra suerte (la mía sobretodo) parecía haber cambiado, (sin motor de arranque, nuestros movimientos estaban limitados).

A pesar de ello, las dos primeras semanas en Malaui dieron mucho de sí. Conocimos por ejemplo al Personaje (sí, con mayúscula) más curiosos de todo nuestro viaje, también hubo incomprensibles escenas caóticas en gasolineras, Adela se fue a España dejándonos solos, agradables reencuentros... Y no faltaron unos bonitos días al borde del gran lago Malaui. 

Ahí van las historias y fotos de los días 306 a 321 de viaje, superados los 50.000 kms en ruta, a mediados de septiembre de 2011]

Wikileaks llegó hasta Malaui…

Unas semanas antes de nuestra llegada a Malawi, una revelación de Wikileaks había provocado una grave crisis en este pequeño y pobre país. El cónsul de Reino Unido había criticado, en una de sus misivas a Londres, al Presidente Mutharika por autocrático e intolerante a las críticas. El Presidente, profundamente ofendido al hacerse esto público, exigió excusas al diplomático británico, pero este se negó. Mutharika lo expulsó entonces de Malawi, a pesar de que una enorme cantidad de su presupuesto nacional proviene de la ayuda internacional, en especial de Gran Bretaña. La respuesta a la expulsión de su cónsul no se hizo esperar y consistió en la retirada de una parte importante de la ayuda británica.Campamento a pie de Mulanje

 … y hubo consecuencias

Las consecuencias eran nefastas: dificultades para pagar a los funcionarios públicos y falta de divisa extranjera para las importaciones (en especial problemas de abastecimiento de diesel). En julio 2011, un par de meses antes de llegar nosotros, grandes manifestaciones en las ciudades sorprendieron a todos. Las gentes de Malawi tienen fama de tranquilas, pero estaban hartas de un gobierno con el que nada parecía cambiar para mejor. Además, los levantamientos populares en otros países africanos de los meses previos avivaron las ganas de cambio y de pasar a la acción.

¿Ir o no ir?

El gobierno respondió duramente y decenas personas murieron en los enfrentamientos, lo cual empeoró la situación, y nuevas manifestaciones estaban previstas durante los días que habíamos previsto en Malawi. Si no sabes nadar, por favor, no lo intentesDecidimos ir (por eso está este post): Además de noticas de otros viajeros, Adela y François tenían un contacto de la ONU en la capital, bien informado, y les animó a ir porque, en resumen, el riesgo de inestabilidad estaba en las pocas grandes ciudades del país que a penas pisaríamos. Eso sí, les dio una advertencia: la de llenar a tope el depósito y las jerrycans antes, por si las moscas

Hacia Blantyre

Cerca de la frontera sureste con Mozambique, nos paramos en el repentino macizo de Mulanje, rodeado de campos y campos de verdísimo té, una de las principales aunque pobres exportaciones del país. Mis amigos querían hacer un poco de senderismo por estos bonitos picos, que surgen repentinos llegando a los 3.000 metros, y de allí rápidamente llegamos a Blantyre, la segunda ciudad del país y capital económica. El macizo de Mulanje, rodeados de verdísimos campos de té

Giuseppe: no un viajero cualquiera

En Blantyre nos encontramos con un curioso personaje, del que casualmente habíamos oído hablar no hacía mucho. Giuseppe llevaba más de 8 años viajando y viviendo por el mundo entero, practicando un curioso experimento de crítica al sistema: lo hace sin un duro. Sin cuenta bancaria, nada. Vive de la caridad de la gente y de su trabajo (se le da bien la informática, y lo que se tercie) por el que acepta, exclusivamente, comida y cama. Las decisiones importantes se las deja al azar, lanzando una moneda al aire. Todo esto le ha hecho pasar por situaciones bastante curiosas, muchas veces poco agradables y para nosotros bastante límite. Por ejemplo, sabe, de verdad, lo que es el hambre (y se nota). Giuseppe con François, que va a engrasarme los bujes de mis ruedasPero no está loco, al menos no demasiado. Giuseppe no pretende convencernos a nadie de hacer algo parecido; más bien quiere provocar la reflexión a aquellos que están dispuestos a debatir sin juzgar, cosa que a menudo ciertamente cuesta. Ja, mis amigos podrían dedicarle una entrada entera, porque, después de varias conversaciones abiertas (y muchas risas) con él, llenos de curiosidad y prejuicios iniciales, reconocieron que, por mucho, Giuseppe no era un tío cualquiera ;-) Aunque no estuvieran de acuerdo en todo, claro. Y es que su historia tiene muchos más ángulos y capas de las que en pocas líneas os cuento. Da gusto escuchar opiniones bien argumentadas, con personalidad y realmente diferentes de lo habitual, se tenga o no la misma opinión. ¡Gracias Giuseppe!

Buscando un motor de arranque… ¡sin motor de arranque!

Al estar yo lisiado, Adela y François se las apañaban para aparcarme casi siempre un pelín en cuesta y con mi peso yo en seguida cogía velocidad, pero esto no era tan sencillo en las gasolineras o en ciudad. Y aunque las gentes de Malawi tienen fama de amables, no siempre fue tan fácil conseguir que nos ayudasen de manera desinteresada. Bueno, y qué decir de cuando veían a Adela al volante, mientras François ayudaba a empujar: todos desconfiaban de la capacidad de una mujer para arrancarme. Jajaja, ya sé que muchos al leerlo lo dudáis también ;-) A Adela estas situaciones le sacaban a veces un poco de quicio, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de “opinadores”, en Malaui y en casi todas partes, ni siquiera sabían conducir.  Algún día recopilaré las fotos de François y sus siestas...  ¡Dice que no le gustan!

Un golpe de suerte

Encontramos un representante de IVECO que podía conseguirnos mi motor de arranque a un precio desorbitado, incluso después de una rápida negociación y considerable rebaja. A través de nuestro eficaz amigo Fernando en España lo conseguíamos a mitad de precio… y, suerte en la mala suerte, ¡Adela tenía que ir a España una semana después y podía aprovechar para traerlo! Sólo había que esperar, y mientras tanto, moverme lo menos posible y seguir empujando para arrancarme… Cambio de una rótula y comprobación del paralelismo (para las buenas carreteras, que las hay, aunque en unos países más que en otros...)

A esperar mi motor… tranquilos

Lo mejor era buscar un buen lugar para pasar unos días sin moverme, y qué mejor lugar ese que al borde del inmenso lago Malawi (más de 500kms de largo), conocido por su agua dulce y color turquesa y sus peces de acuario multicolores (dicen que casi todos los peces de acuario del mundo vienen de allí). Nos habían hablado bien de Cape MacLear, en el sur, y no pillaba demasiado mal para ir después a Lilongwe, la capital, para que Adela cogiese su avión. Cape MacLear, el tiempo parecía pararse un instante en las puestas de sol...

Desesperación buscando diesel

El viaje hasta Cape MacLear sin embargo no fue sencillo. En cuatro días en Blantyre no habíamos conseguido diesel. ¿Cómo íbamos a meternos en las interminables colas de las gasolineras (de muchas horas) si no podíamos arrancar? Decidimos probar suerte de camino al lago.

En cada gasolinera preguntábamos, aunque la falta de coches esperando ya eran un indicador bastante fiable… Al atardecer, vimos un camión cisterna entrar en una pequeña gasolinera, y muy pocos coches esperando. ¡Ésta era la nuestra! ¡Qué suerte!!! Pero cantamos victoria antes de tiempo. De repente llegaron dos ambulancias y un pick-up de policía, cargados de varios bidones de 200 litros cada uno, y, por supuesto, se pusieron delante de todo el mundo.

“Lost in translation”

Empezó la distribución y el gran caos: la gente empezó traer bidones pequeños de 20 litros que se amontonan al lado de los dos distribuidores. Había al menos 50 personas. “Sólo” había cinco coches delante de nosotros, pero pronto vimos claro que no íbamos a conseguir acercarnos. Mis amigos cogieron mis jerrycans e intentaron hacerse un hueco, pero nadie hablaba inglés y la famosa amabilidad de los malauís brillaba por su ausencia. Nadie parecía querer ayudarnos mucho. Y no entendíamos nada. Ni cuánto había que pagar para poner tu jerrycan a la cola, ni cuánto diesel quedaba… Fue raro, porque lo normal es que siempre venga al menos algún interesado intenso a ayudarte, relamiéndose pensando en su comisión. Nada, ni eso.

Creímos entender que ya no quedaba diesel, pero seguía habiendo gente y no nos lo creíamos. Otros decían que había que esperar, que estaban haciendo una pausa… También era extraño que ni siquiera nos propusiesen diesel por un precio más alto, que es lo normal en estos casos. Eso sí, no faltaban los que (la mayoría) comentaban divertidos cada uno de los movimientos de “los blanquitos”. A nosotros no nos parecía tan gracioso. Por fin nos vimos que el que quería diesel tenía que pagar 2€/litro (en lugar de 1,2€). Suponemos que no querían ofrecérnoslo abiertamente porque éramos extranjeros (algo de vergüenza les quedaba, quizás) y, total, compradores no les iban a faltar.

¡Ventajas de ser un coche-casa!

No estábamos aún en una situación límite en cuanto a diesel, podíamos buscar un poco más antes de pagar esa burrada. Había anochecido, Adela y François estaban cansados, hambrientos, desorientados y enfadados con la situación, con la gente… decidieron pasar la noche allí mismo. Se refugiaron agotados en mi interior, aliviados y contentos porque, a pesar de los quebraderos de cabeza que les doy a veces, siempre estoy ahí para arroparles, a mi manera. Tras la mosquitera, François trabaja en el ordenador mientras vigila la cena

Y llegamos al lago Malaui

Con menos diesel, llegamos a Cape MacLear en el gran lago Malawi, lugar lleno de pequeños hoteles aunque con muy pocos turistas en ese momento, que debido a las manifestaciones del mes de julio, habían descendido drásticamente en número. Nos instalamos con la intención de no moverme hasta que Adela volviese de España con el nuevo motor de arranque, en total diez días. Me tocaba reposo.Malawi (71) François y Adela pasaron los tres primeros días tranquilos, entre otras cosas, aprovechando el pescadito fresco, charlando con otros viajeros como ellos en moto, coche y camión, haciendo canoa y esnorquel, viendo los pececillos de colores del lago y las águilas pescadoras, jugando con los niños locales… Malawi (110)bAunque no estuvieron mal, el lugar y sus gentes no les hechizaron como otros, probablemente porque las historias de otros visajeros habían creado grandes expectativas y porque el turismo había hecho su mella. Además, estaba mi minusvalía, la escasez de diesel y la incertidumbre con respecto a la situación del país, que podía complicarse y afectar al viaje de Adela, del cual ¡dependía mi nuevo motor de arranque!  (y dale)Malawi (95)b

Cambio de planes

Adela había previsto ir en autobús a Lilongwe, la capital, para coger el avión de su “escapadita express a Occidente”, pero las cosas se complicaron. Debido a las manifestaciones previstas, y después de los sucesos de julio, ese día se suspendieron los autobuses a la capital, así que, cambio de planes sobretodo para mí, hubo que empujarme para que hiciera de taxi. Y no fue tan fácil porque esta vez descansaba yo felizmente sobre la arena y con un pelín de cuesta arriba…

Adela, sin muchas ganas de irse...El aeropuerto se encontraba a 30 kms de la capital, así que, aunque la cosa se pusiera tensa, que desde Lilongwe decían que no, no era necesario entrar en la ciudad. Después, François debía volver conmigo al lago, a esperar la vuelta de Adela 6 días después. No habíamos previsto hacer todos esos kilómetros de más, así que íbamos a empezar a andar algo justos de gasoil. Esta vez tuvimos más suerte. Conseguimos diez litrillos en una primera gasolinera y por fin, en un cruce de caminos importante con varias gasolineras (unas, sin diesel; varias, vendiéndolo a precio aún más desorbitado; otras, que justo habían terminado lo que habían recibido poco antes): no podíamos creérnoslo cuando vimos una buena en la que ¡ni siquiera había cola y no había “comisión”!

Casualidades viajeras

Una vez que Adela se fue, François y yo volvimos al camping de Cape MacLear. No quedaba casi nadie y me di cuenta de que a François probablemente se le iban a hacer bastante largos los días hasta la vuelta de Adela… Solos, François y yo Pero por la tarde llegó una moto y François se puso muy contento: eran Darius y Jane, una pareja viajera que habíamos conocido en Nigeria, más de medio año atrás. Alemán y filipina, llevaban 4 años y medio viajando por medio mundo… Aunque parezca increíble, las rutas viajeras por África, están llenas de coincidencias de este tipo. No era la primera ni la última vez que nos reencontrábamos por casualidad con otros viajeros. Darius y Jane montando el campamento

Un bar en un pueblo de Malaui

Para celebrar el reencuentro fueron directamente a un bar del pueblo. No os imaginéis un bar convencional occidental. Aquí el bar es al aire libre, en el patio de la casita del propietario, sin mesas y con pocas sillas. Y hay también otro dato importante: en África, a menudo, la gente prefiere beber la cerveza a temperatura ambiente porque dicen que el alcohol sube más a la cabeza. Así que siempre hay que precisar que se quiere la cerveza fría, aunque no siempre hay nevera. (Por supuesto me refiero a bares de y para la gente local, no a bares con pretensiones turísticas).

Hablando de alcohol, no sé si os lo he comentado en alguna ocasión, hemos sido testigos durante todo nuestro viaje de los estragos que causa el alcohol, que trastorna y atrapa sobretodo, pero no sólo, a hombres. Dibujo de un niño del lago para una asociación que luego vende las postales a turistas

¿Volverá Adela? Y si vuelve, ¿traerá el motor de arranque correcto? Todavía nos quedaban unos días en Malawi, y esperábamos que fueran tranquilos…

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