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Malasia, simplemente Malasia

“Malaysia truuuly Aaasia…” (Malasia realmente Asia), cantaban interminables las chicas de la publicidad. Ya la habíamos visto tantas veces en Tailandia, que una real emoción crecía en nosotros al pensar que ibamos a aterrizar en breve en el país. Nos olvidamos, como uno se olvida a veces de lo esencial, que las publicidades están hechas para vender y en general pintan una realidad comestible y atractiva.

Petronas en Kuala Lumpur

Algo nos llama poderosamente la atención, salta a la vista desde el primer momento, la mayoría de la población de Kuala, y luego confirmariamos de Malasia, es musulmana. Las mujeres con sus velos, son el mayor exponente de esta realidad. Hasta el momento en toda Asia no nos habiamos topado con mayorías musulmanas y nos pareció raro que en la publicidad oficial del país no estuviera ni timidamente esbozado este hecho. Por eso será que nos sorprendió tanto cuando pisamos suelo malayo encontrarnos con esta característica, con pocos monjes y mucho menos pagodas o templos.

calles de Kuala

Después de estar en Myanmar, Kuala Lumpur nos parece una ciudad del futuro. Con sus autopistas exuberantes, automóviles de nueva generación, su sistema de transporte público impecable y súper refrigerado. Cuando uno va entrando en la ciudad, luego de pasar las plantaciones de palma dedicadas a hacer aceite, se puede ver el grupo de rascacielos que crecen en el centro, los shoppings inmensos, lujosos, sofisticados para saciar a los consumidores más ávidos.
Visitamos a la ciudad en varias ocasiones, caminando descubrimos el verde intenso de sus parques, el Barrio Chino con su mil puestos de chucherías, comidas y turistas, Little India semi decrépita y colorida, ex palacios de sultanes…La arquitectura contrasta, se mezcla, va cambiando el ambiente del caminante paso a paso.
La Mezquita Nacional nos encuentra vestidos con túnicas y pañuelos en la cabeza… una situación por demás graciosa y extraña.

Mezquita Nacional en Kuala Lumpur

Una visita inesperada fue el Parque de las Aves. Un espacio abierto, gigante, donde casi todos los pájaros están en libertad y circulan entre los visitantes sin temor. Loros que se suben a la mano del mejor postor, pavos reales que abren sus colas para hacer las delicias del público, águilas entrenadas que rozan nuestras cabezas para ir a comer trozos de carne de manos de los asistentes, hermosos loros azules y amarillos que despliegan su colorido plumaje mientras hacen sumas y algunas acrobacias.

parque de las aves en Kuala

De Kuala emprendemos camino a Langkawi, una isla cercana a Tailandia donde pasaremos la Navidad. Como era de esperar en un lugar lleno de turismo local y musulmán, nadie estaba muy atento al evento. Después de un día de sol, playa y vagancia; cambiados y bañados, fuimos a cenar a un restaurant italiano… las pastas, sorpresivamente, estuvieron maravillosas. Terminamos temprano y previendo la ausencia generalizada de la venta de alcohol por cuestiones religiosas, nos procuramos unas cervezas en una verdulería y con unos chocolates que nos habían llegado de regalo emprendimos camino a la playa. Esperamos las doce mientras veíamos pasar algunos extranjeros con gorros de Papá Noel. No pasaron ni fuegos artificiales, ni saludos, ni mucho más. Un estruendo de más atrás nos sorprendió, nuestros vecinos locales se tiraban ente sí “espuma loca” a discreción, tocaban matracas, mientras gritaban y se reían… Así pasó la Navidad en Malasia, con los pies en la arena, felices por un festejo tan atípico.

Langkawi

En la otra punta, llegando a Singapur se encuentra Melaka, el tercer y último lugar que visitamos. De ella recordamos sobretodo un calor agobiante, espeso, arrollador. La ciudad, como toda Malasia es una amalgama de culturas. Un fuerte portugués, luego utilizado por los holandeses, una iglesia, callejas, un dragón largo y enroscado apuntalado de los techos, que de vez en cuando larga agua por la boca, marca la entrada a Barrio Chino. Puestitos de comida y baratijas en la calle, mucha gente caminando en la fresca noche.
Para pasar las horas en donde el sol está en lo más alto, nos internamos en las frescas aguas del mall local, un complejo gigantezco y abarrotado de compradores excitados. En el séptimo piso descubrimos siguiendo los cartelitos, como en una búsqueda del tesoro, un cine! Nos emocionamos con el estreno de “El Hobbit”, compramos nuestros pases y allí nos sumergimos en la sala durante tres horas de aventuras repetidas y una temperatura cercana a los cero grados.

Melaka

Menos intenso que sus compañeros de fronteras, Malasia ofrece al viajero un pausa. Buses de los mejores, autopistas seguras, paradores con frutas gigantes, precios fijos, calles limpias… Pensándolo un poco contradecimos a la publicidad del comienzo: Malasia no es realmente Asia, sino es simplemente Malasia.

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