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Los molinos, un vetusto muro y el pozo de nieve: El desconcertante caos de la protección del patrimonio en Campo de Criptana

Fotografía de Campo de Criptana. Publicada en Angel Dotor Municio, "Enciclopedia Gráfica de la Mancha"

Fotografía de Campo de Criptana. Publicada en Angel Dotor Municio, Enciclopedia Gráfica de la Mancha

El periódico La Vanguardia, del 14 de agosto de 1930, publica un artículo de Emilio Sánchez Pastor (1853-1935) titulado “El tesoro artístico”. En él se plantea un problema, aún irresoluto: ¿qué es patrimonio? o, mejor dicho ¿qué debe considerarse patrimonio? y ¿qué patrimonio hay que proteger? Vino todo al hilo de un escándalo con consecuencias políticas motivado por un conflicto que había surgido en Ávila, cuando el ayuntamiento mandó derribar unos paredones declarados a proteger por el Ministerio de Instrucción Pública.

Molino de Criptana. Fotografía publicada en Estampas Manchegas de Ángel Dotor

Molino de Criptana. Fotografía publicada en Estampas Manchegas de Ángel Dotor y Municio

El tema despertó mucho interés en la prensa; en algunos medios se llegó a considerar este hecho como uno de los atentados artísticos más grandes “que pudiera cometer el pueblo más inculto de la nación con sus joyas y monumentos”. Luego se demostró que aquellos paredones no formaban parte de la muralla famosa de Ávila y no tenían el valor que se les suponía. A partir de ese momento el tema se mantuvo candente un tiempo, y la cuestión se extendió a otros elementos artísticos y monumentales de España. Había que plantear de nuevo con qué argumentos se debía decidir qué era digno de conservación y qué no lo era. Se urgía, por tanto, a hacer una revisión exhaustiva del catálogo de monumentos nacionales para saber si lo declarado como tal lo merecía o no, y si se había actuado en algunos con ligereza. Y es entonces cuando se aduce en este artículo el caso que tiene que ver con Campo de Criptana:

Recordemos que un diputado manchego allá por la primera mitad del pasado siglo se obstinaba en que se declarasen monumento nacional los molinos de su propiedad del campo de Criptana, en el supuesto de que uno de ellos era el que mereció el ataque de Don Quijote. Al manifestarle que no habiendo existido el héroe manchego, mal podía recordar su hazaña ningún molino, contestaba que nada importaba que no hubiera andado Don Quijote por aquellas tierras, porque el molino estaba allí y declarado monumento irían muchos extranjeros a verlo.

Publicado en Angel Dotor y Municio, Enciclopedia Gráfica de la Mancha

Publicado en Angel Dotor y Municio, Enciclopedia Gráfica de la Mancha

No hay duda de que la intención del diputado era rentabilizar esos molinos, independientemente de su valor histórico y cultural; no importó para ello aducir su protagonismo en la novela del Quijote. Al margen de esos intereses bastardos creo que merece la pena examinar la cuestión con algo más de detalle. No hay duda de que las andanzas de Don Quijote por La Mancha son una ficción y nadie acepta a pies juntillas que el Caballero luchara contra un molino sino en una historia imaginada. Por fortuna, en la vida hay algo más que lo palpable y no siempre lo real debe primar sobre lo irreal: lo simbólico es fundamental. Los molinos de Criptana son un elemento real y un símbolo de lo irreal. Tantos viajeros que han venido a La Mancha en busca de las huellas de don Quijote lo sabían, y para ninguno de ellos supuso un problema aceptar que Don Quijote nunca existió sino en una novela. Pero los mitos son así, y sin ellos la vida es imposible y se hace lo imposible por vincular una leyenda a una realidad ¿y qué tiene de malo?

Ángel Dotor y Municio, Enciclopedia gráfica de La Mancha

Ángel Dotor y Municio, Enciclopedia gráfica de La Mancha

Los testimonios de esta vinculación de los molinos de Criptana con Don Quijote son universales. A. Germond de Lavigne, en su libro de viajes Espagne et Portugal (París 1890, págs. 387-388), nos dice que según la tradición, los molinos de Criptana son los que figuran en la famosa aventura de don Quijote, y la misma constatación encontramos en el Manuel de l’eau  suite et complément du Manuel de l’Arbre, de Onésime Reclus, publicado en París a finales del XIX. La condesa de La Morinière de la Rochecantin, en su libro de viajes En Espagne: Du 30 à l’Heure. D’Irun à Algésiras (París 1909, pág. 127), nos dice que los molinos de Criptana serían aquéllos contra los cuales combatió el desgraciado amigo de Dulcinea (“l’ami malhereux de Dulcinée”). Sería muy largo enumerar todos los autores que estaban seguros de que los molinos de Criptana fueron los auténticos contrincantes del Caballero de la Triste Figura. Pero, por supuesto, no podemos olvidar aquí a aquellos escritores, como Azorín, Jaccaci, Nemiróvich-Dánchenko, Augusto D’Halmar, Dotor y Municio, y a tantos otros que, con sus obras, han dotado de fondo y forma a esta leyenda, de forma que, cuando se habla de Don Quijote y su desigual combate con los molinos, es inevitable que siempre vengan a la mente los de Criptana.

Santuario del Cristo de Villajos: Fotografía de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Santuario del Cristo de Villajos: Fotografía de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Qué hay que conservar y qué no lo merece es una cuestión difícil, pero un poco de sentido común nos ayuda a llegar a una solución convincente. Tomemos en consideración algunos ejemplos de elementos del patrimonio monumental e histórico, sin ir más lejos, de Campo de Criptana. Uno de los entornos históricos y arqueológicos más importantes de su término es el santuario de Villajos. Hasta hace unos años, unos paredones mantenían la memoria de edificios de tiempos lejanos. Estos muros eran el último resto de aquella época, y sólo por esta razón merecían protección. Sin embargo, inexplicablemente, fueron arrasados, no sabemos por decisión de quién.

Paraje de Villajos: Fotografía de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Paraje de Villajos: Fotografía de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

También encontramos el caso contrario: quedaban en aquel lugar restos de un pozo de nieve, de indudable interés, por su antigüedad y por ser un elemento arquitectónico casi único en la zona. Para un restaurador conocedor de la ética de su oficio, posiblemente habría sido necesaria una intervención de urgencia, una limpieza y consolidación de los restos (lo suficiente para evitar su ruina total) y unas leves medidas de protección para respetar en lo posible su configuración original. ¿Qué se hizo en lugar de esto? Se levantó un edificio de nueva planta sobre aquellos restos, una reconstrucción “hipotética”, que impide al visitante actual hacerse una idea propia de cómo pudo ser aquello, sencillamente porque la fábrica reciente es un obstáculo para ello. No necesitamos “parques temáticos”, sino medidas adecuadas de protección y conservación. Actuaciones como ésta no caben en el concepto de conservación, ni en el de restauración, sino que pertenecen al de reconstrucción o, más bien, de recreación, y éste debe ser un concepto vetado en cuestiones de patrimonio. No quiero ni imaginar que actuaciones como ésta se hubieran seguido en los trabajos arqueológicos de ciudades de la Grecia antigua o romanas, en ruinas, como Segóbriga o Valeria: ¿qué se habría hecho? ¿quizá reconstruirlas completamente tal y como podrían haber sido en aquellos lejanos tiempos de la Antigüedad? Es, sencillamente, absurdo.

Atenas: Partenón. Fotografía de José Manuel Cañas Reíllo 2007

Atenas: Partenón. Fotografía de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Lamentablemente, no hay procedimientos de control desde las administraciones provinciales y regionales, o incluso desde el mismo Ministerio de Cultura, que impidan actuaciones de este tipo, muy costosas e injustificadas, y más perjudiciales para el patrimonio que beneficiosas. No me cabe duda de que tenían tanto interés histórico y arqueológico aquellos viejos y ruinosos paredones de Villajos como este pozo de nieve, cuya reconstrucción ni siquiera responde a los patrones arquitectónicos y estéticos propios de la época en que se hizo. Sin embargo, hay que reconocerlo, esta nueva construcción resulta más vistosa y limpia para la opinión pública que unos muros en ruinas, aunque hayan sido éstos los únicos testigos que nos quedaban del nacimiento de un pueblo, hace mucho, mucho tiempo…

El tema no se agota aquí. Dará mucho más que hablar en este blog.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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