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Los gigantes caídos (Campo de Criptana, 1927)

"La Sierra de Criptana": Tinta china de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

“La Sierra de Criptana”: Tinta china de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Con los tiempos modernos, aquellos viejos molinos de Campo de Criptana que durante tantos siglos convirtieron aquel trigo prodigioso en nutricia harina, que tanto dieron de comer a los criptaneses de otros tiempos, que majestuosos con sus aspas giraban con los ritmos de los vientos, del solano, del matacabras o del ábrego que azotaban con su sagrado hálito la blanca y nacarina Criptana…. aquellos viejos molinos que, inmensos, fueron en otro tiempo señores y dueños de La Mancha… con los tiempos modernos, cayeron en el abandono. ¡Cuántos viajeros de aquellos tiempos se lamentaron de ello! ¡Cuántos cervantistas vieron con angustia cómo los molinos de La Mancha, y los de Criptana también, iban, poco a poco, sumiéndose en la ruina! Ya no valían para moler, porque las maquinarias modernas de entonces los suplantaron y los desplazaron, y los manchegos comenzaron a olvidar su pasado cervantino y a aquellos ingenios que les libraron del hambre en otros tiempos.

La situación en los años veinte del pasado siglo era tan desesperada que fueron muchos los que alzaron la voz para que los símbolos eternos del cervantismo no desaparecieran. Y una de las voces cantantes la llevó Ángel Dotor y Municio, quien en sus escritos denunció constantemente la dejadez de los manchegos (véase: Viajeros en Campo de Criptana: El escritor Ángel Dotor Municio, su “Don Quijote y el Cid” y los molinos de viento, 1928.  Él fue uno de los que abrieron la caja de los truenos, y muchos otros le siguieron. Pero hubo un periódico regional que reivindicó su primogenitura en esta lucha desesperada contra los tiempos y contra los elementos: El Castellano. Así nos lo recuerda en el número correspondiente al 17 de marzo de 1927 con un clamor que iba dirigido a la diputación provincial, esperando de ella un gesto, una intención de protección especial de aquellos colosos cervantinos. He aquí el texto del artículo (me limito al material referente a Dotor y Municio y a Campo de Criptana):

En el último número extraordinario de ABC, el distinguido literato Angel Dotor, en un artículo que ha hallado eco simpático en la Mancha y ha sido reproducido por la prensa de aquella región, insiste en una conveniencia que EL CASTELLANO fué el primero en señalar hace unos meses: la de conservar los molinos de viento que decoran el paisaje manchego, que constituyen auténticos documentos cervantinos, para ilustrar la ruta de Don Quijote y recordar la aventura más famosa del glorioso caballero, y que van desapareciendo de los alcores de la Mancha, abandonados a la acción destructora del tiempo, cuando no demolidos por los hombres para lucrarse de sus materiales.

En Campo de Criptana, escenario de la aventura de los molinos y al cual Angel Dotor contrae su crítica, sólo quedan cinco, y no más de uno, el llamado “Ojo azul” bien conservado, de aquellos cuarenta y nueve que la tradición señala, o de los “treinta o cuarenta” de Cervantes, o de las dos docenas de ellos que dice una popular seguidilla.

“Los contados entusiastas que se asoman a Criptana Criptana como lugar altamente representativo de la ruta caballeresca (dice el articulista de ABC) experimentan enorme decepción y sorpresa”.

Posiblemente, gracias a reivindicaciones como la de este periódico, o a la insistencia de Ángel Dotor y Municio, o a las ensoñaciones hechas realidad de aquel alcalde poeta, González Lara, los molinos de Criptana quedaron ahí, eternos, para las generaciones futuras. Y Don Quijote no quedó huérfano de contrincantes, y el mito pervivió hasta hacerse eterno. Así se defiende el legado cervantino…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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