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Llegando a Roma

Calles de Roma

por Fernanda Vega

Mi llegada a Roma fue un poco alborotada, del orden del que venía de países nórdicos, como Holanda, y Alemania, pase al caos italiano, que más se asemeja al desorden latinoamericano que a esa pulcritud de algunos países europeos.

De manera inesperada, lo que, hasta ese momento, resultaba tan normal, salir del avión y recoger mi maleta, se convirtió en una espera de casi dos horas, en las que mi maleta y la de varios pasajeros no se dignaban en aparecer. Horas en qué me preguntaba, – muy ingenuamente -   por qué pasa esto en un país europeo como Italia y que un señor muy italiano se encargó en aclarar “esto pasa casi siempre acá”.

Después de casi dos horas de espera, en las que ya empezaba a pensar que había perdido todas mis cosas, de repente deslumbra ante mis ojos y deslizándose suavemente por la huincha andadora, mi maleta y la de todos los que estábamos esperando. Uf, un inmenso alivio, había recuperado todas mis cosas, pero el plan de aprovechar la tarde en paseos por Roma, ya se había esfumado y de ahí mi primera lección en Italia, no planificar nada en demasía porque siempre aparece algo inesperado que lo cambia todo.

De ahí, venía el paso siguiente: averiguar cómo llegar al centro de la ciudad. Preguntando, con mi nada de italiano, seudo inglés y perfecto español, di con un tipo que al mismo tiempo que me estaba explicando las dos opciones que tenía para ir al centro, – una tomar un bus, que me salía alrededor de 15 euros y se demoraba 1 hora o tomar el tren que costaba más o menos el doble y se demoraba 30 minutos-, ya me estaba pidiendo el teléfono para invitarme a salir. Y así fue como me dije, Bienvenida a Roma.

El bus, en mi caso o el tren que uno tome, te deja en la estación de trenes de la ciudad Termini, que está en el mismísimo centro de la ciudad y de donde salen trenes, buses y el metro. De hecho, es un barrio donde se puede encontrar una gran cantidad de hoteles y hostales económicos (eso, en temporada alta significa entre 20 y 30 euros) y la ubicación, aunque, según mi gusto no es la mejor (por estar tan cerca de una estación lo que suele hacerla un poco peligrosa – pero ojo que para un latino, eso del peligro en las calles de alguna ciudad europea es un cuento de niños), pero es bastante céntrico ese sector y cercano a los sitios turísticos, a los que se puede llegar caminando o deslizarse en metro.

Mi opción fue un hostal que quedaba un poco más lejos porque había que tomar un bus desde Termini y se demoraba 10 minutos en llegar, pero estaba en un barrio más tranquilo, cercano a la Pìazza Bologna y bonito de conocer, con ferias y mezcla de arquitectura típica y moderna.

Otro lugar económico donde hospedarse es la ciudad del Vaticano, (siempre que no haya alguna celebración religiosa). Un amigo me recomendó unos hostales por ese sector, que también es muy central, ir desde ahí al centro de roma no cuesta nada y es un recorrido que vale la pena hacer caminando.

Además, en temporada baja se pueden encontrar hostales económicos en el centro histórico. Y cuando hablo de baratos son entre 20 y 35 euros. Y esa es una muy buena alternativa.

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