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La Sierra de los Molinos, según el escritor francés Alfred Germond de Lavigne (Campo de Criptana, 1858)

Campo de Criptana. Fotografía publicada por Nieves de Hoyos: Fiestas patronales y principales devociones de La Mancha

Campo de Criptana. Fotografía publicada por Nieves de Hoyos: Fiestas patronales y principales devociones de La Mancha

Muchos de los quijotes que en tiempos modernos han venido a Campo de Criptana para recorrer los caminos de aquellas imposibles aventuras del caballero cervantino, han venido en tren. Citemos, entre muchos, a Alfred Germond de Lavigne, a Augusto Floriano Jaccaci y, sobre todo, al más “quijote” de todos, a Azorín. Pocos utilizaron otros medios de transporte. El escritor chileno Augusto d’Halmar, ya en los años treinta, vino en coche, y con chófer y todo; pero el ruso Vasili Ivánovich Nemiróvich-Dánchenko, a comienzos del siglo XX, tuvo la poca precaución de seguir los consejos del poeta Núñez de Arce y venir a Campo de Criptana en un “rocín” que bien podría haber sido, siglos después, el mismo “Rocinante” de Don Quijote, de tan viejo, cansado y tullido que estaba. Bien podríamos decir, sin mucho temor a equivocarnos, que el ferrocarril ha sido fundamental en la forja del mito de la de la Ruta del Quijote. Por supuesto, cuando hablo aquí de “Ruta del Quijote” lo hago en el sentido más purista, y, en absoluto tengo en cuenta aquella ruta quijotesca, engendro monstruoso y “frankensteiniano”, que ideó con tanto desacierto  la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha hace unos años, más para contentar ambiciones  personales de caciques locales que para promocionar los valores patrimoniales y culturales de la región.

Ya me ocupé en otra ocasión (post del 14 de junio) del viaje del afamado escritor francés Alfred Germond de Lavigne (1812-1896) por La Mancha, de su paso por Campo de Criptana y de cómo se admiró de sus molinos de viento. Sus experiencias las recogió en su guía titulada Espagne et Portugal, publicada en la Collection des Guides-Joanne (París, 1890). Comenté también que era el de Germond de Lavigne uno de los testimonios que desautorizan radicalmente la denominación “albaicín criptano” para el conjunto de la sierra de los molinos y de su barrio. Y volveré hoy a insistir en su testimonio y volveré a insistir en la necesidad de mantener toponimias tradicionales, en este caso, por lo que nos dice Germond de Lavigne en un artículo suyo, bastante extenso, que se publicó bastantes años antes, en el número de abril de 1858 de la Revue Britannique, con el título “Les chemins de fer espagnols” (págs. 265-318), es decir, “Los ferrocarriles españoles”. El autor describe un él su recorrido del trayecto ferroviario por esta comarca en 1858, tan sólo tres años después de que los primeros trenes pasaran por Alcázar y Campo de Criptana en 1858, y en la pág. 286 trata sobre los molinos de este último pueblo. Coincide, en parte, este texto con el publicado en la guía España et Portugal, pero hay algunas diferencias importantes. El texto que sigue es mi traducción española del original francés:

Ningún curso de agua; el Záncara, que atraviesa estas llanuras, está seco casi todo el año y el molino que alimenta a Criptana no puede recibir el movimiento más que durante dos meses. También Criptana, que tiene respecto a todos los pueblos de la provincia una rara ventaja, la de estas asentada sobre una pequeña elevación de tierra, que la ausencia de cualquier otro punto de comparación permite que se le llame “colina”, Criptana está rodeada de molinos que reciben sin obstáculo los vientos del país. Se cuentan veinticinco a la izquierda de la vía, escalonados, con la longitud de las aspas, sobre las pendientes del montículo; y al otro lado, sobre una elevación poco notable, el pueblo a colocado otros tres, como para reafirmar sus derechos sobre “la altura” y para impedir que sea usurpada por un pueblo rival. Se llama a ésta pomposamente sierra de los Molinos (“la cadena de los molinos”). Al pie de uno de ellos, la vista se extiende a 25 leguas de distancia.

¿Es extraño que, advertidos desde el extremo de la llanura, estos molinos hayan sido tomados por gigantes?

¡Los molinos de Criptana son los molinos de Don Quijote!

Escena Cervantina. Publidada por Ángel Dotor y Municio: Enciclopedia Gráfica de La Mancha

Escena Cervantina. Publicada por Ángel Dotor y Municio: Enciclopedia Gráfica de La Mancha

Campo de Criptana tiene los molinos de Don Quijote; Campo de Criptana tiene el mito; Campo de Criptana tiene su sierra, única en La Mancha; y todo ello tiene nombre desde antiguo. La pregunta es: ¿Es realmente tan necesario transformar la toponimia adoptando nombres con tan poco significado como “Albaicín Criptano”? Por cierto, en el texto francés se mantiene, en cursiva, el nombre “Sierra de los Molinos”. Esto es un argumento suficiente para admitir que, ya por aquel entonces, y seguro que desde hacía mucho tiempo, éste el nombre legítimo de aquella parte de Campo de Criptana.

 JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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