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La posibilidad de Babel: Singapur

Singapur es sin dudas el país más limpio, ordenado, verde, ultra moderno, refinado, bienoliente y plural que hemos conocido.
Está bien, uno puede pensar que siendo un país que consta de… sólo una ciudad, es más fácil… pero hay que hacerlo.

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Los singapureses han construido una ciudad impecable, llena de lugares y rincones, de parques, museos, vistas, y por supuesto megashoppings donde los ciudadanos dan rienda suelta a su altísimo consumo y nosotros pasamos a probarnos perfumes para sentirnos mas chic.

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Singapur ha recibido la migración de muchos países aledaños. Cada pueblo llegó con una historia diferente y se asentó en este pedazo de tierra. Y a lo largo del tiempo se han ido acoplando dando como resultado una mixtura de convivencias. Singapur tiene cinco lenguas oficiales singapurés, hindi, inglés, chino y malayo. Como se ha de imaginar en la ciudad conviven mezquitas e iglesias, templos chinos e hinduístas, mujeres de negro absolutamente cubiertas de pies a cabezas y mujeres envueltas en las más coloridas y brillantes telas y alhajas de oro en todas las extremidades, sumadas a los viandantes a la más euroasiática moda.

Andar por las calles es encontrarse con una arquitectura impresionante, orgánica, futurista, donde la mezcla de materiales crean estructuras que nunca se convierten en monstruos de cemento sino que coexisten con enormes, enormísimas plantas y árboles. Y cada edificio parece tener lugar no solo para la distracción sino para algún evento, exposición… aquí alguien toca el piano, allí una muestra de fotos, más allá una explanada para sentarse…

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Visitamos el Museo Nacional. Una de las exhibiciones más hermosas que hemos visto. Empezando con un mega audiovisual en un espacio circular que da entrada a las exposiciones. Acompañados por relatos y pequeñas escenas sonoras el museo no se guarda nada; desde los fumaderos de opio a la prostitución, pasando por el trato (sin contemplaciones) de los ricos a los sirvientes… historias de vida, historias de ritos y también historias de guerra… Conocimos las especias del lugar y pudimos olerlas. Nos enteramos de la situación de los matrimonios entre dos culturas, vimos pequeñas teatralizaciones audiovisuales alrededor de las comidas locales… Penamos una vez más no tener nada ni que se le parezca en nuestra ciudad.

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Vagamos largamente por las calles y mientras comíamos unas donas vimos pasar un chico con el que habíamos hablado en el aeropuerto de Myanmar hacía un mes! Alucinados con el encuentro corrimos a saludarlo entre gestos de incredulidad por habernos encontrado.
Los singapureses que encontramos en distintas partes del camino nos contaron con cierta tristeza que en la ciudad solo se trata de hacer dinero, ser competente y consumir. Uno de ellos nos contó maravillado que lo que más le había gustado de un lugar era que podía ver el atardecer… porque desde Singapur con tantos edificios no se puede.

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Tampoco todo es un cuento de hadas. Nuestro primer paso cruzando la frontera empezó a marcar la diferencia cuando fuimos seleccionados de una cola de entrantes e invitados a un cuartito al fondo para un “procedimiento de rutina” que consistió en DESINFECTARNOS en una ultramoderna máquina. Y eso que estabamos “bastante” en condiciones. Luego a Seba le hicieron abrir la mochila para sacudir el tarrito con chicles advirtiendolé que mascar en la calle está prohibido.
Notamos que quienes hacen los trabajos considerados de poca monta como barrer las calles o atender los 7-eleven son los indios… y a los chinos les tocan los restaurantes baratos.
Leímos en el diario local varios llamados de atención a la cuestión humana. A cambiar valor por valores y a acciones solidarias que vayan un poco más allá de donar. Leímos la preocupación porque unos conductores de colectivo chinos habían hecho un paro “sin avisar con 15 días de anticipación como manda la ley”, y habían sido duramente sancionados. Y el cuestionamiento a una campaña local que insta a los ciudadanos a ser “educados y buenhumorados” porque “es buen marketing”.

Así las cosas Singapur es una hermosa ciudad donde conocimos mucha gente, charlamos y compartimos, pateamos y olimos bien y nos sirvió de bocanada de aire antes de sumergirnos en la gran India.

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