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La nevada del fin del mundo (Campo de Criptana, 1860)

Hacía sólo cinco años que el tren pasaba por Campo de Criptana y paraba en su estación. En 1860, una nevada interrumpió el servicio ferroviario en algún lugar de su término, y de ello dio cuenta el periódico La España, año XIII, núm. 4.408, del martes 18 de diciembre de 1860:

Nevada. Anteayer sufrieron algun atraso los trenes que venian á Madrid por el ferro-carril del Mediterráneo, á causa de la mucha nieve que habia caido en el campo de Criptana, é interceptó en parte la via.

Nevada: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Nevada: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

No fue éste un hecho aislado. Por aquel entonces, hubo terribles inundaciones en Francia, tal y como nos cuenta este periódico en la misma página. Fueron estas inundaciones “causadas por las fuertes lluvias de los últimos días. Estas han sido mas desastrosas en Niza donde casi todos los ríos se han desbordado”.

Es curioso observar el afán que encontraban y encuentran algunos agoreros en interpretar los hechos reales, como nevadas e inundaciones, en clave apocalíptica o quiliasta, lo que nos indica que el cambio climático, como elemento desencadenante del fin del mundo, no es algo nuevo. Este mismo periódico hace referencia a las profecías del señor Yagüe, y nos dice al respecto lo siguiente:

El señor Yagüe. Este famoso astrónomo aragonés había profetizado tres días de desconocidas heladas, y los hechos nos van demostrando si se ha engañado. Y no es esto lo peor; sino que anuncia otras cosas que, á efectuarse, será preciso creer en la aproximacion del fin del mundo.

Es decir: heladas, nevadas, inundaciones… y, también, un eclipse total de sol. Ocurrió el 18 de julio de 1860, y se pudo ver en España. ¿Un auténtico fin del mundo? Parece que no. La vida siguió con normalidad, y aquel día en el Teatro Real de Madrid, todo estaba preparado para la celebración de la Función 49 de abono; se representaría la ópera Las vísperas sicilianas, de Giuseppe Verdi. Las interpretemos de una manera o de otra, podemos considerar que algunas profecías se han cumplido o no: las del Apocalipsis, las de Nostradamus, las de Joaquín de Fiore… y otros muchos.

Nevada nocturna: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Nevada nocturna: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Siempre habrá lecturas de todos los acontecimientos para todos los gustos. Pero ¿Y si el “señor Yagüe” hubiera cometido un pequeño error de cálculo, y en lugar de 1860, la fecha del fin del mundo tuviera que retrasarse hasta el 2060? Coincidiría con los cálculos que hizo aquel científico y heterodoxo antitrinitario, Isaac Newton, a comienzos del siglo XVIII. El 2060 es, según Isaac Newton, el año del fin del mundo, otra cosa es que se cumpla. El “señor Yagüe” es Joaquín Yagüe, que publicaba un calendario anual. Por ejemplo, el de 1858, se titulaba Calendario de Castilla la Nueva para el año de 1858, dispuesto en el Observatorio de la ciudad de San Fernando; añadido con las observaciones atmosféricas y otras curiosidades, y fue impreso en Madrid. Es lo que se actualmente conocemos como “Calendario Zaragozano”.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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