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Henry Stanley, un huérfano en África

Gordon Bennet editor de The New York Herald recibe al corresponsal en España de su diario tumbado en su cama del Grand Hotel de Paris. La conversación es la siguiente:

- “Dónde cree que está Livingstone?

- Realmente no lo sé, señor.

- ¿Cree que está vivo?

- Puede que lo esté, puede que no.

- Bien, yo pienso que está vivo, y que puede ser hallado, y voy a enviarle a encontrarlo.”

Dibujo retrato de Henry Stanley / Helmolt, H.F

Dibujo retrato de Henry Stanley / Helmolt, H.F

El periodista es Henry Morton Stanley y pasaría a la historia por encontrar al explorador escocés a orillas del Lago Tanganika.

John Rowland, más conocido por Henry Stanley nace en el condado galés de Denbighshire en 1841.  Hijo ilegítimo, sus padres lo dejan a cargo de su abuelo quien lo manda a un internado. Con dieciocho años decide escapar buscando el sueño americano y embarca en un carguero que lo llevaría a Nueva Orleans.

Una vez en la ciudad del jazz, es acogido por Henry Morton Stanley, del que tomaría el nombre aunque poco tarda en encontrarse sólo debido a la muerte de su padre adoptivo poco tiempo después.

Stanley lucha en la Guerra de Secesión y en 1867 comienza a trabajar en el periódico de Gordon Bennet. Sería gracias a sus crónicas desde España lo que le llevaría a que el director de The New York Herald le propusiera la tarea de encontrar a David Livingstone del que no se conocían noticias en el Viejo Continente desde hacía meses.

Tras cubrir la inauguración del Canal de Suez, navegar el Nilo en su parte más septentrional, visitar Jerusalén, Constantinopla, Crimea, Bagdad y la India, llega el 6 de enero de 1871 a Zanzíbar. Stanley se inmersa en “el continente negro”, como el mismo denomina a África en una de sus novelas, durante tres años. En Ujiji, en 1871 pronuncia la famosa frase “Doctor Livingstone, I presume?” (“¿Doctor Linvingstone, supongo?”) al haber logrado el objetivo de su expedición.

Convertido en uno de los mejores cronistas del continente negro, emprende un segundo viaje a África en 1874. Desprovisto de sus labores periodísticas, demostraría que los lagos Alberto y Victoria son los suministradores de agua del Nilo una vez que los circunnavega en 1876. Además da valor a las hipótesis acerca del descubrimiento del origen del río dando razón a John H. Speke frente a las teorías de Richard Burton o del propio Livingstone.

En el Congo, al servicio del tirano Leopoldo II de Bélgica, la fama de Stanley se corrompe. Su ayuda al expolio congoleño y su ambición hacen que se calificado como Bula Matari, “rompedor de rocas”. Su carácter duro y su determinación superó en muchas ocasiones su figura de periodista y explorador.

Fue nombrado caballero en 1899 y moriría el 10 de mayo de 1904 cuando África le había otorgado el reconocimiento que siempre se le había negado.

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