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Gaudi, Barcelona, Efrain

Domingo por la mañana, apenas 17 personas en el vuelo a Barcelona, desde el cielo se distingue la linea costera, el puerto y la ciudad. Tengo 4 días por delante para descubrir la ciudad.

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Nada más llegar a la Plaza Cataluña, donde nos deja el autobús del aeropuerto, conozco a Vitali un búlgaro enamorado de la fotografía que no se despega de su cámara ni un solo momento y a Oriana una brasileña que recientemente descubrió su vocación en el mundo del teatro y en particular como Claun. Decidimos hablar en español y partimos hacia el castillo de Montjuic, unos minutos en metro, unos minutos en el funicular, un viaje en el teleférico. Por fin llegamos al castillo. Nos encontramos con mucha gente corriendo, montando en bici, haciendo fotos, practicando el tiro al arco y sobretodo muchos turistas.

Barcelona está llena de turistas, pero si te fijas bien puedes encontrarte con viajeros, algunos que como yo vienen de sitios cercanos y otros que vienen de sitios más lejanos, pero todos con una historia propia.

Comenzamos a pasear, a hacer fotos, a conversar y poquito a poco no solo descubríamos Montjuic sino que también nos íbamos conociéndo. De pronto nos encontramos con Tony, pequeño John Lenon y no solo por el parecido físico. Es un apasionado de la música y su guitarra, hijo de sudafricano e inglesa, 15 años en sudáfrica 5 en Inglaterra y los últimos días haciendo autostop para cruzar desde Francia hasta Barcelona y, como el decía, “Ya es tiempo que comience a tocar en la calle”.

Lo siguiente que ví fui la Sagrada Familia, de noche y de día. Desde el Parc Güell y delante de sus dos fachadas. Se pueden hacer fotos y fotos y mirarla de todos los ángulos posibles, y a pesar de las grúas y andamios estropeándo la imagen final, no deja de sorprenderte. Cada detalle, cada forma, cada expresión. Por dentro dicen que es más bonita, pero el presupuesto no llegaba y las colas eran demasiado largas.

¿Excusas para volver?

Siguiendo con Gaudi, como no mencionar el Parque Güell, desde donde puedes ver toda Barcelona. Una vez dentro puedes perderte y desconectar de el ruido de la ciudad. Paseando por sus senderos te encuentras algún guitarrista que con su música te transmite más tranquilidad. Te encuentras rincones perfectos donde disfrutar de un buen libro, sin importarte el tiempo que pase ni distraerte con ruidos. Una mañana perfecta. Hablar de Gaudí es hablar de Barcelona, allá por donde vayas encuentras algo suyo. La sorprendente Pedrera en Gracia, pero todo esto lo encontraréis en cualquier libro de turismo por Barcelona.

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Barcelona es muy bonita, muy turística, muy artística y muy histórica.

Esa tarde, después de Güell quedé con mi ya para entonces amigo Vitali, estuvimos paseando por el barrio gótico (todos los días podía visitarlo y siempre descrubría algo nuevo) íbamos hablando mientras caminábamos por toda la linea costera, desde el Monumento a Colón hasta más allá de la Villa Olimpica. Disfrute de su compañía, de su conversación y posé para mil y una fotos. Aprendí algo de historia judeo/búlgara y compartí historias de los incas y Perú. Llegamos al Arco del Triunfo del cuál no tenía conocimiento y terminámos la noche en el Bosque de las Hadas compartiendo unas cervezas y aprovechando la ocasión para reencontrarme con una vieja amiga del colegio.

Me he perdido unas cuantas veces, y me encanta! No hay nada como salir con rumbo desconocido, un mapa en el bolsillo y una cámara de fotos. No sabes que sitios vas a conocer, a quién vas a conocer ni donde vas a terminar el día. Todo se va improvisando y personalmente creo que es la mejor manera de conocer la ciudad. De eso se trata un viaje no? conocer, explorar, descubrir.

En cuatro días he andado muchísimo, he estado por todos los barrios, he conocido a buenas personas, y he hecho amigos que posiblemente no vuelva a ver nunca más en mi vida, he conversado con una joven catalana de veintimuchos años y con una señora de ocheintaypocos años. Dos visiones diferentes de la Cataluña actual, una historía contada por una protagonista y el futuro incierto pero con esperanzas que cuenta otra protagonista. En medio un fanático culé que promete invitarme a ver un partido del Barcelona la próxima vez que visite su ciudad.

Un día Vitali se marchó, nos dimos un abrazo y una sonrisa.

Mi último día en Barcelona me desperté como en los anteriores ¿con qué me sorprenderá ese día? Preparé mi mochila, cargué el móvil y la cámara de fotos ya que podía. Desayuné decentemente y salí con destino incierto. Tras una hora andando llegue a la Ciudadela, en este parque también había estado de noche así que no pude apreciarlo demasiado. Precioso. Estuve un rato leyendo y entonces surgió un plan para la tarde. Y sin quererlo conocí a una persona maravillosa y pasé una tarde sin nada en particular pero que posiblemente jamás vaya a olvidar.

Después de pasear por el barrio gótico y gracias a una guía muy especial que me mostró una pared donde fusilaban a los “rojos” en la época de Franco y me llevó a la plaza donde Evanescence grabó el videoclip de My Inmortal conocí a Efrain.

Efrain es mexicano pero lleva cuatro años viviendo en Nueva Zelanda, practica el free diving,  lleva viajando tres meses por Asia y Europa y colecciona fotos y sonidos de sus viajes.

Cuando nos quedámos a solas comenzamos a andar sin destino, mentira, ibamos a comprar vino con etiqueta amarilla. Cruzamos todo el casco histórico, cruzamos la mitad de Gracia, y finalmente descubrimos un superMarket. Cuando salimos con el vino pensamos… ¿porqué no comprarnos algo para nosotros? Y fuimos en busca de otro superMarket, lo encontramos en medio de la Avinguda Diagonal, compramos unas latas de cidra, una marca sueca, él frutas del bosque y yo pera. La mía estaba más rica a pesar que él dijera lo contrario. El siguiente destino era El Clot, yo me fiaba de mi sentido de orientación y él tenía dudas sobre que camino seguir, a pesar de todo decidió seguirme y fiarse de mi. Finalmente llegamos y nos despedimos.

En toda mi vida creo que no he conocido a nadie tan sorprende y con una historia tan interesante como la suya. Si tengo que quedarme con un momento en todo mi viaje, sin dudarlo eligiría el momento que compartimos. Teníamos Barcelona de fondo, teníamos nuestras historias y la complicidad de viejos amigos. Posiblemente nunca volvamos a vernos, pero lo que Efraín me ha aportado en esas horas es más de lo que mucha gente en años ha llegado a transmitirme.

A.

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