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El viaje sin retorno (Campo de Criptana, 1922)

"La curva": Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

“La curva”: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

En una carretera uno nunca sabe qué hay detrás de una curva. Puede uno imaginarse muchas cosas, acercándose a ella, poco a poco, pero hasta que no se está en ella, no se sabe lo que hay detrás. Pensándolo bien, la curva es algo inquietante, porque todo lo que en la vida nos arrastra, nolens volens, a la incertidumbre… todo camino cuyo final no vemos, siempre es inquietante, como la puerta de un armario entreabierta, o una rendija de luz bajo la puerta de aquella habitación en la que sabemos, a ciencia cierta, que no hay nadie… que no puede ni debe haber nadie. Las carreteras nos llevan de sorpresa en sorpresa. También los viajes nos llevan de sorpresa en sorpresa, como la vida misma, sólo que ésta es el gran viaje, el único de verdad, y en él no hay retorno.

Tampoco hubo retorno en el viaje de Santiago García Manzaneque. La muerte le sorprendió en su plena juventud en una cuneta de la carretera de Madrid – Cádiz en Madridejos, un funesto día de finales de enero de 1922. La muerte iba montada en unas cubas de vino, suponemos (y nos atenemos en esto a la iconografía medieval) que vestida de negro, con las cuencas de sus ojos vacías en su amarillenta calavera, y su guadaña en la mano.

Pedro de Camprobín: "La muerte y el joven galán". Sevilla, Hospital de la Santa Caridad

Pedro de Camprobín: “La muerte y el joven galán”. Sevilla, Hospital de la Santa Caridad

Y en Madridejos la muerte hizo de las suyas, y el camión que conducía Sebastián García se salió de la carretera, y Santiago García, su hijo, quedó allí, bajo las cubas que cabalgaba la Parca, y poco se pudo hacer. Hay viajes de los que nunca se vuelve, y Santiago García no volvió del suyo. La noticia del terrible suceso se publicó en el diario toledano El Castellano, del día 1 de febrero de 1922, con el título Madridejos: Sensible desgracia, y dice así:

MADRIDEJOS.- En la carretera general de Madrid á Cádiz, y á la altura de este pueblo, ha ocurrido una triste desgracia.

Procedente de Ciudad Real se trasladaba á Madrid, conduciendo un camión automóvil con un cargamento de diez cubas de vino, el vecino de Campo de Criptana Sebastián García Morales, de cuarenta y seis años de edad y de oficio mecánico.

Le acompañaba un hijo suyo llamado Santiago García Manzaneque, de dieciseis años, que iba montado en el costado izquierdo del vehículo.

Pieter Brueghel el Viejo: "El triunfo de la muerte". Detalle (ca. 1562). Madrid, Museo del Prado

Pieter Brueghel el Viejo: “El triunfo de la muerte”. Detalle (ca. 1562). Madrid, Museo del Prado

Por una falsa maniobra, el camión cayó á la cuneta izquierda de la carretera, siendo despedido de su asiento Santiago, con tan mala fortuna, que quedó bajo las cubas completamente aplastado. Personado el Juzgado de Instrucción en el lugar del suceso, se incautó del camión y cargamento, ordenando el levantamiento del cadáver y su traslado al depósito judicial. En la autopsia se ha podido comprobar que Santiago García murió en el mismo momento de sufrir la desgracia.

Aquel viaje acabó allí para el criptanense Santiago García. El viaje es como la vida, porque uno no sabe nunca dónde, cómo y cuándo va a acabar. Y la vida está llena de esas curvas inquietantes… y la muerte más.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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