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El “monopoli” criptanense (Campo de Criptana, 1900) (I): La calle de Alfonso XII

Jan Van Eyck: "Retrato de Arnolfini" (1434). Londres, National Gallery

Jan Van Eyck: “Retrato de Arnolfini” (1434). Londres, National Gallery

El  Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (núm. 80, del viernes 9 de marzo de 1900) publica un anuncio de la Administración de Hacienda de la Provincia de Ciudad Real que contiene el listado de matrículas de la contribución industrial para el año económico de 1899 a 1900. Son varios los pueblos de la provincia citados y entre ellos figura Campo de Criptana (págs. 5-7). Recoge este listado las diversas actividades económicas que se llevaban cabo en la localidad, con reseña de sus responsables, de su dirección y de la cantidad con la que tenían que contribuir. El total de recaudación industrial de Criptana ascendía a 5.926 pesetas y 10 céntimos. Una relación de nombres como ésta nos ilustra mucho sobre la sociedad y la vida en Criptana en aquella época. A simple vista, sin embargo, parecería una fría y objetiva enumeración de nombres propios, de oficios, de calles y de cantidades de dinero que no tendrían mucho de particular. Es algo más, y de esta realción se puede sacar mucho partido, en el aspecto económico, en el social, y, si nos apuramos mucho, incluso en el literario, echándole mucha imaginación a la cosa. Y eso vamos a hacer ahora.

Imaginemos un monopoli en el que, en lugar de las populosas calles madrileñas o de otra metrópoli, tenemos las calles de Criptana en el año 1900. Serían, por supuesto, las calles más cotizadas, las de más comercios, las de más renta, y las de más actividad económica. A partir de hoy intentaremos construir, poco a poco, ese “monopoli” criptanense viendo qué calles de la localidad habrían merecido un lugar en el monopoli de Criptana, en caso de que éste hubiera existido o pudiera existir. Como ya he dicho, es un ejercicio de imaginación. Además veremos que, también en esto, en la distribución de la actividad económica en el casco urbano, Criptana ha cambiado mucho. Ciento trece años no pasan en balde.

"Calle de tiendas (Mercado de Trajano, Roma)": Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

“Calle de tiendas (Mercado de Trajano, Roma)”: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Nos ocuparemos hoy de la calle por aquel tiempo llamada “de Alfonso XII”, que es la actual calle Murcia. Con el nombre de Alfonso XII aparece todavía en el plano de Campo de Criptana por Domingo Miras de 1911. Pero tuvo antes otro nombre. Así, en 1885, el primer tramo de la calle, desde la plaza hasta General Pizarro, se llamaba “de las Tiendas”; el otro tramo, hasta la calle Hermanas Peñaranda tenía el nombre de Murcia. Las cosas de los cambios de nombres en las calles son así: una auténtica locura, que resulta aceptable mientras no se pongan nombres que desbancan la razón y el buen sentido común (que también los hay). Esta calle, al contrario de lo que ocurre hoy, tuvo mucha vida económica. Encontramos en el listado que publica el Boletín varios negocios en ella.

En primer lugar, había dos vendedores de tejidos al por menor, que pagaban cada uno una contribución industrial de 179 pesetas: la viuda de Santiago Ortiz, y hermano, y Domingo Esteso Maldonado, que en el año 1922 era alcalde de Campo de Criptana (véanse: El alcalde Domingo Esteso y la cuestión de las escuelas, Campo de Criptana, 1922; El alcalde Domingo Esteso, y un médico para Arenales de la Moscarda, Campo de Criptana, 1922; y además: La otra cara de la moneda: Las necrológicas del periódico “Sancho Panza”, Campo de Criptana, 1912).

Job Adriaenszoon Berckheyde: "El panadero" (ca. 1681)

Job Adriaenszoon Berckheyde: “El panadero” (ca. 1681)

Encontramos también mesoneros, que pagaban una contribución de 35 pesetas: uno era Jesús Ortiz Leal, y el otro Manuel Esteban Serrano, que además pagaba una contribución de 13 pesetas con 60 céntimos por un carro de dos ruedas dedicado a la conducción de viajeros a un kilómetro y una caballería. Había también un horno de bollos, por el que su propietario, Santos Flores Casarrubios, pagaba una contribución de 24 ptas.

Y finalmente, encontramos también en esa calle a Pedro Alarcón Villarrubia que pagaba contribución industrial por dos actividades económicas: como “espendedor” de calzado (44 pesetas) y como veterinario (otras 44 pesetas). No sabemos si fue este Pedro Alarcón la misma persona con el mismo nombre que en 1901 remitió una patata enferma al periódico El Progreso Pecuario. La respuesta del experto y su diagnóstico se publicó en el número 234 de este periódico (año VII), del 7 de marzo de 1901 (véase: El largo viaje de la patata del criptanense Pedro de Alarcón, 1901). Hace unos días hicimos referencia a sus hijos, quienes regentaban el negocio familiar en 1912; recordemos que gracias a ellos se destapó en 1911 aquel espantoso crimen del saqueo de tumbas al que que se entregaba por las noches el sepulturero y que dejó estupefacto a todo Criptana. (véase: “Negrina Corona”, a la venta en Hijos de P. Alarcón, y la espeluznante historia de las botas, Campo de Criptana, 1912).

Así, la calle Alfonso XII habría merecido tener un lugar en el “monopoli” criptanense de 1900 que iremos componiendo poco a poco. Ahora… a jugar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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