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El Fado, la voz del lamento lisboeta / Publicado en la revista Bleu&Blanc 2011

Imagen El Fado, la voz del lamento lisboeta / Publicado en la revista Bleu&Blanc 2011 Texto y foto: Carlos Sánchez Pereyra. www.fotouropa.com

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El laberinto de las antiguas calles del barrio de Alfama se asemeja a los propios caminos del alma, trazados por la ligereza y el pesar del amor, el dolor, la alegría o los celos. Y desde este rincón del mundo y de los sentimientos emana la música triste de Lisboa, el Fado. Lisboa es genuina desde cualquier sitio donde se le observe. Los clásicos miradores de la ciudad ofrecen espectaculares vistas de la ciudad y del Tajo, aunque no logran ocultar esa alma vieja que exhala en cada uno sus cafés y de las charlas que hay en sus interiores, o del propio ritmo de sus tranvías, que no quieren olvidar la velocidad del pasado. Esta ciudad sin embargo, vive al paso del resto de Europa, pero no deja de lamentar el engaño de la vida. El Fado no le canta a Lisboa, ella en sí es un Fado. Siempre habrá una Lisboa distinta para cada visitante, asó como siempre existe un fado que le servirá a alguien.

Tiempo y silencio

El alma del Fado está en Alfama. Es un viejo barrio que ha ido creciendo a partir de una medina construida en ese largo momento árabe de toda la península ibérica. Se trata de calles que nos llevan a su propio antojo. Suben cuando se quiere bajar y quiebran a la izquierda cuando se deseaba hacer lo contrario. Es desde siempre una zona de gente trabajadora que conoce muy bien la intensidad de la vida. Fue aquí en el Siglo XVIII cuando comenzó a escucharse a plena calle un canto que narraba lo que el alma sentía. Se cantaba a plena calle para que se trasladara por aquellos callejones que daban vida sí, pero también dolor y amor. Nació el Fado, la expresión del lamento portugués. Puede ser esta música sea el lamento de quienes se quedaban esperando a los marineros portugueses, pero no hay nada cierto, sólo que su origen es un misterio.

Voz y quebranto

Las doce cuerdas de la guitarra portuguesa acompañan la voz y el trío lo compone finalmente la viola-guitarra española. Paco de Lucia sentencio en una frase el complicado arte de tocar la guitarra portuguesa: “Estáis locos, cómo podéis tocas este bicho”. El fado genuino es cantado por cualquier persona: el mesero, el limpiabotas, el pescador o la ama de casa. No hay mayor guión que el propio sentir. Y no hay mejor escenario que aquel sitio donde transcurre la propia existencia. Este es el Fado Vadio, esa música vagabunda que nace y crece en la propia calle, lejos del lujo y de lo postizo. En Coimbra hay otro tipo de Fado, donde sólo existe la voz del hombre y la guitarra toma su propia ruta, pero esa es otra forma de vivir la vida, el fado.

Rua Amalia

La máxima exponente ha sido para siempre, Amália Rodrigues, la “Reina del Fado”. Logró cantar con pleno corazón lisboeta, desde Alfama y Bairro Alto, hacía todo el mundo, e incluso recorrió muchos escenarios musicales por diversas ciudades. Fue el esplendor del fado, la época de la voz única de Amalia. Escucharla cantar Fado es encontrar el verdadero sentir de esta música. En el número 193 de la Rua de San Bento - aunque muchos lisboetas prefieren llamar a esa calle Rua Amalia- se encuentra la que fuera su casa, hoy abierta a todos para entrar aunque sea un poco en el alma de esta mujer. Además de cantar el fado como nadie más, definió a este género con mas claridad que nadie: “…Todo esto es Fado: amor, celos, ceniza y fuego, dolor y pecado. Todo esto existe, todo esto es triste, todo esto es Fado”. Si se quiere llevar un souvenir que acompañe el corazón hay que visitar en el barrio de Baixa una antigua tienda con toda la discografía de Amália y otros clásicos del Fado, Discoteca Amália (Rua da Ouro 272, Baixa). El fado de aquella época es representado también por grandes voces como la de Celeste Rodrigues, contemporánea de Amália y poseedora también de una voz sublime. António Chainho, quién toca desde los seis años (hoy cuenta con 72 años) es uno de los mejores guitarristas del fado y acompaño durante más de 25 años a otro memorable de este arte, el cantante Carlos do Carmo, el creador del fado moderno.

Que estranha forma de vida tem este meu coração

El fado mas genuino, aquel Fado Vaio, casi desaparecido en las calles, se encuentra lejos de los restaurantes más caros y turísticos. El rito mas genuino sucede en las casas o tascas de fado, donde se reúnen amigos y familia a cantar. El primer paso es avisar al público: “Silencio, va cantarse o fado”; durante la ejecución de la pieza se no se puede comer ese bacalao portugués, tampoco hablar ni beber. Sólo al final y después de haber gritado ¡fadista! o ¡ala!, se puede continuar con la cena. Para las mujeres existen preceptos rigurosos: traje oscuro, chal, las manos sujetas a éste y los ojos siempre cerrados. Las mejores casas se encuentran normalmente en los barrios de Alfama, Mouraría o Bairro Alto. Mesa de Frades (Rua dos Remédios 139, Alfama) o Caldo Verde (Rua da Esperanza 91, Bairro Alto) son dos tascas ideales para encontrar el Fado real. Otro sitio para encontrar estos cantos del alma y cerca del centro de la ciudad es en O Fado (Rua do Telhal 11, Liberdade). Un consejo: si afuera hay muchos coches, será buena noche. Si se prefiere buscar un lugar por cuenta propia lo mejor es caminar por Alfama, por los alrededores de la catedral Sé y acercarse al Museo del Fado y, a partir de las 10 de la noche y pela vontade de Deus, encontrar el que inspire lo que uno busca. Los ingredientes a encontrar serán sencillez del local con mesas para compartir incluso la banca con personas que normalmente son de la propia ciudad, aunque también habrá turistas en busca de esta música llena de misterio, arte y cuando hay suerte, incluso un poco de sabiduría y amor. Pero no siempre la noche será larga. Tiene que aparecer la magia y no siempre se presenta. El fado es caprichoso, escurridizo.

Fado actual

También estan las casas de fado más exquisitas. El Bacalhau, la Perreirinha de Alfama, la Mesa de Frades, el Senhor Vinho o la Tarverna do Embucado. Aquí suelen encontrarse las nuevas generaciones de fadistas que están haciendo vivir una segunda etapa de oro al Fado. Aunque no existe mucho por inventar, existen nuevas propuestas que ponen toda su alma y que dicen el fado con total sinceridad. Es gente que ha roto moldes y ha comenzado a experimentar con otros instrumentos y letras de poetas también contemporáneos. Mísia, Dulce Pontes, Mafalda Arnauth, Camané… Mísia es quizás una de las propuestas mejor expuestas, pero la cantante Mariza no se queda muy atrás y en el ámbito masculino Camané es lo más atractivo hoy en día, llenando los sitios donde se presenta, cantando lo que le viene de dentro o bien, trabajando textos de poetas del tamaño de Pessoa. Incluso comienza a crearse fado en español con la propuesta de Maria Berasarte, pionera en esta aventura. Pero hay otros grandes ejemplos portugueses, como Teresa Salgueiro, una exvocalista punk que paso a ser una excelente embajadora del Fado, incluso participando musicalmente con su grupo Madredeus en una película de Wim Wenders (Lisbon Story), o bien, Ana Moura, antigua cantante de pop rock que ha grabado dos canciones con los Rolling Stones dejando toda su alma fadista y logrando incluso, se dice, que Keith Richards aprendiera portugués para entender lo que ella canta, además de ser la primera portuguesa en cantar en el Carnegie Hall. En 2007 Carlos Saura rodó la película Fados, como parte de su trilogía que comenzó con Flamenco y con Tango. Chico Buarque, la mexicana Lila Downs o Caetano Veloso dan fé con su arte del valor que tiene el fado y redondea esta segunda época de esplendor de esta música que por sí sola se expresa de forma libre para que la gente del pueblo logre abrir sus heridas hacia afuera.

Extra

Sugerencias más allá del Fado Los propios barrios donde vive esta música dan espacio para perderse por sus antiguas calles. La ruta 28 de los viejos tranvías permite recorrer los sitios más emblemáticos de Lisboa a la velocidad de otro tiempo. La Catedral Sé, la maraña de callejones de Alfama vistos desde lo alto del Castillo de San Jorge, o la zona de Bairro Alto, con sus tiendas de última tendencia, siempre manteniendo el alma genuina de Portugal y lejos de aquellas más cercanas a la globalización. Y no puede faltar una visita a la riqueza de aquellos viajes transoceánicos que descubrieron mundos, concretados en el Monasterio de los Jerónimos, y ya estando ahí, degustar un pastel de Belem en la Pasteleria de Belem. Pero eso sí, la noche esta reservada para escuchar la canción triste de Lisboa. VER FOTOS: http://fotouropa.photoshelter.com/gallery/Alfama-y-el-Fado/G00003fLgQIYmA7k/ DERECHOS RESERVADOS: CARLOS SANCHEZ PEREYRA / HTTP://WWW.FOTOUROPA.COM

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