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El café más caro del mundo (Ubud, Bali, Indonesia)

Hoy hemos contratado al marido de Maddy como conductor para que nos llevara de excursión.

Primero nos ha llevado a un templo muy bonito por el que hemos sudando subiendo y bajando escaleras entre arrozales, palmeras, plataneros y pequeñas cascadas. Algunas partes del templo estaban invadidas por el verdor de un bosque húmedo y supuraban agua por sus piedras. Nos hemos vuelto a sentir como en un escenario de Indiana Jones saltando de piedra en piedra.

Hay una parte del templo por la que tienes que ir descalzo. Esto sucede en todos los templos, pero aquí es un poco absurdo porque está al aire libre y el suelo es de tierra y piedra. Cada vez que nos quitamos las bambas para entrar en un templo, comentamos la posibilidad de que, al salir, alguien se haya apiadado de nosotros y nos haya dejado unas nuevas, porque nos trajimos las bambas más viejas que teníamos y, después de 10 semanas, dan bastante pena, pero lamentablemente siempre están ahí, esperándonos a la salida.

La segunda parada ha sido en un templo que parecía ser de visita obligada, ya que estaba lleno de turistas. Es un templo muy curioso porque tiene unas fuentes de aguas termales en las que la gente se baña para purificarse porque se supone que es agua sagrada. Lo que me ha parecido bastante lamentable es ver a los guiris haciendo cola para bañarse en las fuentes. Y digo lamentable porque me ha parecido un circo, una banalidad de un ritual que para los realmente budistas tiene un sentido especial y lo han convertido en una turistada. No acabo de entender por qué la gente se toma tan a la ligera los rituales budistas. Es como si los no católicos fueran a las catedrales y se confesaran o comulgaran como una atracción más, como el que se monta en el teleférico. Si esto ocurriera, ya habría mil asociaciones critianas poniendo el grito en el cielo (nunca mejor dicho). Pero parece que con el budismo todo vale. Obviamente nosotros no nos hemos bañado porque me parece una falta de respeto y me deja anonadada que los guías locales fomenten este tipo de prácticas. Pero cada uno que haga negocios con lo que quiera.

Nuestra tercera parada no estaba en plan, pero nos la ha propuesto Maddy esta mañana y nos ha parecido bien. Su marido nos ha llevado a una plantación de café artesanal. Te hacen una visita gratuita por la plantación, te enseñan todo el proceso de elaboración del café y el cacao, te hacen una cata de cafés y tés y te enseñan unas civetas, que son unos animales muy graciosos que fabrican el café más caro del mundo. El cómo lo hacen es un poco escatológico. Estos simpáticos animalitos se alimentan de granos de café y lo digieren y todas las mañanas los, llamesmosles agricultores, se dedican a ir por la selva recogiendo cacas de civeta, limpian los granos, los tuestan y venden un café que puede llegar a costar unos 50$ la taza en algunos países. A nosotros nos ha costado 3,50€ y sí, la caca de civeta está buena a la taza. Mientras me lo bebía, me acordaba de las risas que se echaba Morgan Freeman en la película “The Bucket list” cuando Jack Nicholson le cuenta lo de la civeta.

Y, para terminar nuestra ruta, hemos ido a ver las terrazas de arroz, que ya las habíamos visto en Sapa (Vietnam) pero el verde no tiene comparación. Así que hemos podido hacer un poco la cabra montesa, subiendo y bajando entre los arrozales antes de volver a Ubud y dar el último paseo por sus calles.

PD: Estamos bien.

Audio recomendado: Mi religión, de Lori Meyers.

Nota: La autoría de las fotos de hoy no es mía, sino de MifielescuderoSancho. Tenemos bastante pique sobre quién hace las fotos mejor, así que no le digáis que son buenas, que luego se viene arriba y no hay quién lo aguante.

 

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