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El BOE certifica la muerte de Feve y deja en el aire el futuro de sus trenes turísticos

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El Boletín Oficial del Estado publicó el lunes la extinción de la entidad pública Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (Feve) y la integración de la parte operadora en Renfe y la de infraestructuras en el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). El diario oficial detalla que se atribuyen a Adif los bienes, derechos y obligaciones vinculados con la administración de las infraestructuras ferroviarias y la explotación de la red de fibra óptica y a Renfe-Operadora, con carácter patrimonial, los necesarios para la prestación de los servicios de transporte y el mantenimiento de su material rodante.

Ahora Feve ya es historia. La excusa del Gobierno, las pérdidas de las tres compañías ferroviarias, que rondan los 450 millones de euros, además de una deuda de casi 21.000 millones. ¿Y qué va a pasar con sus trenes turísticos, por ejemplo? ¿Hay futuro para ellos o serán enajenados individualmente para salvar los activos de la extinta compañía? La verdad es que aún nadie ha esclarecido dónde está el futuro de este tipo de servicios. Y a fe de ser honestos, tampoco el de pasajeros del día a día.

Hay que remontarse al año 1965 para fechar los orígenes de Feve como tal, aunque fue un siglo antes cuando dio sus primeros pasos. La falta de un medio de transporte hizo que las líneas de vía estrecha se generalizaran, especialmente en territorios de orografía complicada, en los que no había cabida para el ferrocarril tradicional.

Es a principios de siglo (1904) cuando se dio luz verde a la Ley de Ferrocarriles Secundarios, y más de 20 años después el Estado se planteó la posibilidad de convertirse en el gestor de las líneas ferroviarias, que en muchos casos habían sido abandonadas y no estaban siendo explotadas. Sin embargo, fue una vez concluida la Guerra Civil española, en enero de 1941, surgió Renfe, que se hizo cargo de la gestión de los ferrocarriles de vía ancha, mientras que la Explotación de Ferrocarriles por el Estado (EFE) mantuvo la responsabilidad sobre las líneas de vía estrecha.

En 1950 se dotó por ley de personalidad jurídica y patrimonio propio al organismo tutelar de los ferrocarriles de vía estrecha, que en los años siguientes no dejó de recibir la gestión de líneas que no podían mantenerse por parte de sus respectivas compañías. De ahí que 15 años más tarde se redactara el Estatuto y la hasta ahora denominación de Feve, cuyo principal objetivo era el de dar el mejor servicio en el transporte terrestre posible, además del mayor rendimiento económico.

Con la transición democrática, se dio paso a los ferrocarriles autonómicos y se transfieren las competencias ferroviarias a las comunidades autónomas que lo solicitaron, como fue el caso de Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Baleares.

Recordar los orígenes de Feve, con permiso de Cantabria y Asturias, es hablar de La Robla</s, el tren que aún recuerdan con nostalgia los más mayores y que permitía la conexión de la Meseta con el norte peninsular y con ciudades como Bilbao, después de interminables horas de viaje en vagones con bancos de madera, pero que constituían casi la única forma de transporte posible. Importante resultó también en lo que al transporte de mercancías se refiere, sobre todo de materiales como el carbón.

Fue precisamente el transporte del carbón desde La Robla hasta la localidad vizcaína de Balmaseda lo que propició que un grupo de empresarios vascos fundara, en 1890, la Compañía del Ferrocarril Hullero, una línea que fue inaugurada cuatro años más tarde y que, pese a su objetivo fundamental, no quería dejar a un lado tampoco la posibilidad del transporte de viajeros o de otras mercancías.

Una vez que se materializó el proyecto se hizo posible completar la línea de vía estrecha más larga de Europa Occidental, con un total de 339 kilómetros, para unir la capital leonesa con Bilbao, un enlace que se vio interrumpido durante el transcurso de la Guerra Civil. Con su recuperación, en 1937, este trayecto se convirtió en habitual entre los pasajeros hasta el crecimiento del transporte por carretera, cada vez más generalizado.

Feve puso sus miras más altas en el turismo. Y para recordar el pasado, sin renunciar al futuro, dio nacimiento al ‘Expreso de La Robla’, que pretendía ocupar un luhar especial en el imaginario de los turistas, como ya lo hacían sus antecesores ‘el Transcantábrico Gran Lujo’, el ‘Transcantábrico clásico’ o los trenes turísticos del Norte y, como última propuesta, el ‘Al-Ándalus’. El propósito de todos ellos ha sido recuperar el carácter del viaje en tren combinándolo con el disfrute del paisaje, la cultura y la gastronomía de comunidades autónomas como Castilla y León, Euskadi, Cantabria, Asturias y Galicia. ¿Y ahora? El futuro de siglo y medio de historia y recuerdos de miles de personas queda en el aire.

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