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El Andaluz…

Nos hemos encontrado con tanta gente, que parece mucha información para poder registrar todo, para poder recordarlo todo. Cada historia, cada lugar, cada persona transmite algo diferente…

Llegar a Tilcara no nos fue difícil, ya que las familias que están acampando en el mismo camping que nosotros en Volcán van hacia allá, así que se ofrecen a llevarnos. Viajan en varios autos y a nosotros se nos asigna el de una pareja con su hijo de 5 años, obviamente el nene termina viajando a upa mío (como siempre, yo jugando con los niños…), mientras el hombre nos habla sobre Dios y su religión. Al llegar a Tilcara llueve, damos unas vueltas por la feria artesanal que hay en la plaza junto a la gente que nos llevó, pero hace bastante frío,  así que decidimos ir en busca de un lugar donde quedarnos, nos habían recomendado un hostel (El Andaluz), el cual es económico, así que sin pensarlo mucho decidimos quedarnos ahí.

Luego de dejar nuestras cosas en una habitación que compartimos con 5 personas más, vamos hasta la cocina a preparar un guiso de lentejas, hace bastantes días que no tenemos a mano una cocina, y la olla que teníamos nos la habían robado en Amaicha del Valle, así que disfrutamos mucho de la cocina y del almuerzo…Mientras tanto muchos chicos dan vuelta por el lugar, todo el mundo está cocinando, llegando, levantándose; las charlas son muchas, el lugar es como una casa, con una gran familia.

Todo el mundo está contento, tiene ganas de contar sus experiencias, de conocer gente, lugares, intercambiar recomendaciones, etc.  Hay muchos chicos extranjeros, y muchos otros Argentinos que están haciendo el típico recorrido del NOA. Me causa algo de extrañeza estar en este lugar; hasta ahora habíamos pasado por varias experiencias diferentes: estuvimos en campings en donde estábamos prácticamente solos (en el Mollar y Volcán), pasamos unos días en Salta en casa de unos familiares lejanos que no conocíamos, y que nos trataron cual si fuéramos nietos, donde nos sentimos acogidos por la seguridad del hogar y de la familia, estuvimos también en un camping abandonado lleno de gente (en Amaicha del Valle), donde lo más difícil fue aprender a no tener un lugar para bañarse,  conocimos también a un grupo de artesanos y chicos que hacen circo y acampamos con ellos a la vera de un río (en Cafayate), hasta incluso pasamos una noche durmiendo “en la calle” (de la cual escribiré más adelante), y ahora nos encontrábamos en un hostel repleto de gente con mucho entusiasmo. Lo que más extrañeza me causa, no es compartir un hostel con otros viajeros (pues ya había vivido esta experiencia en un viaje anterior), sino el hecho de que hace varios días que no dormimos en una cama, ni tenemos una ducha con agua caliente, ni una cocina, ni nada de esas comodidades, y a pesar de que esto de deshacerme de las “comodidades” fue una de las causas por las que salí de viaje; el acostumbrarse no es tan fácil, y en este momento logro apreciar muchísimo más cosas simples que normalmente tengo todos los días cuando estoy en mi casa.

En “El Andaluz” conocemos mucha gente, entre ellos a Felix y a su hermana: dos chicos alemanes, que hablan un poco de castellano, e intentar comunicarnos con ellos es realmente divertido (más aun para Ezequiel, que ni siquiera habla una palabra de inglés), una pareja belga (con quienes solamente podemos comunicarnos en inglés, y nos cuentan que hace 6 meses están viajando por Sudamérica, y se dedican a trabajar en turismo). Más adelante llegan otros chicos alemanes, que son diseñadores y vienen viajando haciendo trabajo voluntario en una ONG llamada “Manos verdes” (la cual se ocupa del uso sustentable de los recursos naturales), también hay un grupo de chicos franceses (de quienes me llama la atención que además de hablar muy bien el castellano, comprenden los chistes, y los doble sentidos muy rápidamente, sumándole que conocen muchísimo de la cultura y la geografía de nuestro país). Éstos chicos llegan al hostel a las 3 de la mañana, entren al lugar, y al no ver a nadie siguen caminando hasta abrir la puerta de la cocina, ¡donde encuentran a todos invocando espíritus con el juego de la copa! (creo que al principio se asustaron, pero al día siguiente no paraban de reírse de lo bizarro de la situación). También hay en el lugar mucha gente de Argentina, un padre con sus hijos adolescentes, una pareja de rosarinos, también hay un grupo de amigos que vienen de recorrer Bolivia, 3 chicas que están de vacaciones, también están Facundo y Nico (los hermanos de la chica encargada de administrar el hostel, que son de Salta y están pasando unos días de vacaciones), un francés que vende artesanías, y un tucumano que parece cubano, entre varias otras personas que no llegué a conocer. Cabe aclarar que el tamaño del hostel no era más que el de una de esas casas antiguas con muchas puertas, pero increíblemente entrábamos todos.  Pero dentro de éste especial lugar además de toda esta multitud de gente, hay dos personitas que ni bien entran al lugar revolucionan todo, ella con sus pelos de colores, y el con su look particular: Daniela y Germán; no tardan en organizarnos a todos para salir de excursión al Pucará de Tilcara (que como es lunes, la entrada es gratuita), y en armar una vanquita para la cena de la noche, ¡y Daniela se ocupa de amasar pizzas para todo el hostel! (a pesar de haber estado antes en varios hostels en Europa, ¡no vi ninguno que tenga unos “organizadores” de tal magnitud!).

Alguna de la gente del Andaluz...

Alguna de la gente del Andaluz…

En el Pucará, con los colores jujeños de fondo…

Los días en el hostel son de muchas charlas, intercambios y risas, con gente que no para de inyectar energías. Uno de esos días decidimos ir con Dani y Ger a Purmamarca (donde se encuentra el famoso “Cerro de los 7 colores”), preguntamos por los colectivos que nos llevan pero resulta ser que no hay muchos horarios, así que decidimos ir a la ruta a probar suerte con el dedo. Son pocos kilómetros, pero ellos no habían hecho dedo hasta ahora, y a decir verdad me siento un poco responsable por haberlos incentivado a probar siendo que ellos son más chicos que nosotros…¿y si les pasa algo? (miedo tonto ya que hacía un mes nosotros venimos viajando así, pero admito que la duda me surge). Sólo esperamos 10 minutos y frena una camionetita, al subirnos le preguntamos al conductor si no hay posibilidad de que lleve también a nuestros compañeros, pero al levantar la cabeza vemos ¡qué en el mismo instante había frenado un auto para ellos! ¡no lo podemos creer! ¿Estadísticamente, que probabilidades hay de que suceda algo así?…no encuentro otra respuesta más que esto es parte de la magia de la ruta…

Nuestro conductor nos cuenta que hace unos años él recorrió desde La Quiaca hasta Usuhaia en bici, ¡aventura que le llevó 3 meses!. El viaje es corto, y nos quedamos con ganas de saber más de su experiencia. Nos deja a unos 4kms de Purmamarca (ya que el pueblo no está sobre la ruta que vamos), así que decidimos caminar, pero caminamos (literalmente) dos pasos, y le hacemos señas al primer auto que pasa, el cual, otra vez para nuestra sorpresa ¡frena! ¡Y pensar que si decidíamos tomar el colectivo, tendríamos que esperar todavía como 45 minutos más para salir!… Esta vez tenemos el agrado de conocer a una pareja mayor de tucumanos.

Llegamos a Purmamarca y nos encontramos con los chicos en la plaza como habíamos acordado. Algo que me llama la atención, es que todo en ese lugar es multicolor, no sólo los increíbles cerros, sino también las tiendas de artesanías…

Colores en las tiendas de Purmamarca...

Colores en las tiendas de Purmamarca…

Recorriendo…

Muuuuchos colores!

Resulta ser que luego de unos días en Tilcara, Eze y yo decidimos seguir viaje a Iruya, y sorprendentemente Daniela y Germán quieren continuar viaje con nosotros, yo no se si estoy preparada para viajar con otros (pienso en que no quiero atarme a nada ni a nadie, y que prefiero que el azar del camino nos guíe), pero no hay posibilidad de negarme, y rápidamente nos encontramos todos juntos camino a la ruta…mientras andamos por las calles de Tilcara, desde una camioneta nos tocan la bocina, vemos a una chica y la saludamos, pero no sabemos quien es, hasta que Ezequiel se da cuenta que es una pareja con quienes habíamos charlado el día anterior, y a quienes él le había recomendado un lugar para acampar. Como justo frenen en la estación de servicio nos acercamos, y al preguntarles hacia donde van, increíblemente responden que a Iruya, y a pesar de sus miedos de llevarnos en la caja de la camioneta y que la policía nos pare, ¡aceptan llevarnos! Así que nuevamente nos vemos sorprendidos ante las vueltas del destino…parece ser que junto con Germán y Daniela las energías se multiplican, y ¡nuestras fuerzas nos llevan a todos lados!

Camino a Iruya...

En la camioneta, camino a Iruya…

Quienes viajaban en la camioneta, el camino a Iruya, la gente y los paisajes que conocimos allí son una historia aparte…

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