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#Día41 -Bajále un cambio-

Hace una semana que estamos en Río Cuarto, una ciudad al sur de Córdoba. Según nuestros planes estaríamos ya en la Patagonia Argentina. Pero, no. Ni Luna, ni nuestros cansados cuerpos quisieron seguir en la ruta. Esto es lo que tiene viajar muy rápido. 

Luego de una semana de estar rodando entre una ciudad a otra, tu cuerpo ya no da para más y empieza a contracturarse. Luna lo sufre igual. Ya no tiene la misma potencia y se recalienta a cada rato. Son muchos estímulos para todos, en poco tiempo. 

Entonces, decidimos alojarnos en el camping municipal de la ciudad para renovar energías, tomar una ducha y comer algo caliente. Al principio, pensamos que solo necesitaríamos una noche para reponernos, pero, ya llevamos seis acá. 

Entendimos que los dolores corporales iban más allá de "no hacer estiramientos". Y que si Jade llevaba tres días durmiendo de corrido no era por estar deprimida sino que necesitaba descansar.

Aparte, sabíamos que necesitábamos hallar un mecánico para Luna ¿Adivinen que le fallaba? Un problema con el chicle de baja del carburador le dificultaba mantenerse encendida en nafta. Al parecer todos tenemos problemas con nuestra principal fuente de energía. 

Recién ayer nos dimos cuenta que por primera vez, desde que salimos de la capital, también estamos descansando totalmente.

No haciendo nada de nada. No pensando. No decidiendo. Solo descansando.

Nos tocó aplicar la famosa frase argentina -bajále un cambio- o lo que sería un -bájale dos-, en Venezuela. 

Y, por sincronía -de esas cosas que solo a Luna y a Jade le pasan- resultó que uno de los visitantes del camping era mecánico.

 ¡Vaya! Ese genio resultó ser Gustavo. Quien es una de las personas que más cariño le ha puesto a Luna. El hombre nos desarmó cada pieza necesaria del motor y las conexiones necesarias del tanque de nafta para identificar la falla. También, sin pedírselo, nos informó y arregló otros detalles menores de los que no teníamos ni idea. Y, culminó el día arreglando la radio original que tenía Luna pero no estaba conectada. 

Esta memorable tarde llena de anécdotas ha sido un bálsamo para el alma.

Él nos ha contado todos los viajes que ha hecho por el país. Nos ha narrado, en pequeñas historias, su vida. También nos ha enseñado un poco de mecánica, con la mayor pedagogía posible. Además, nos hizo un rico asado argentino mientras trabajaba y nos dio un par de trucos del mismo. 

¡Gracias, Gus! Nuestros viajes serán más entretenidos ahora. Cada tanto te recordaremos con algún fondo musical patrocinado por ti. Luna quedó más diosa que antes. Ya no le vamos a tener miedo a echarle mano si algo vuelve a fallarle. Y, tus mensajes de paciencia y disciplina trataremos de aplicarlos en nuestra vida. 

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