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De Campo de Criptana a El Toboso: Caminos, paisajes, gentes y palabras (1916) (I)

El camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

“El camino”: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Es uno de esos caminos hollados por la leyenda. Es el itinerario quijotesco el que quizá, entre muchos otros, ha alcanzado más fama: de Campo de Criptana a El Toboso. Puede que haya aún quien lo recorra esperando encontrar a su Dulcinea; no sería extraño, porque todo el que hace una peregrinación tiene una esperanza en la recompensa del final del camino. Es cierto que, en la Ruta del Quijote, la recompensa es la ruta misma, ese camino hollado en otro tiempo por el Caballero de la Triste Figura. La recompensa es recorrerlo, y contemplar sus mismos paisajes y su misma luz, y percibir sus mismos espejismos y sus mismas ensoñaciones. Aquí no hay bulas que valgan, ni tampoco bendiciones. Aquí lo que vale es recordar al caballero y encarnarse en él, mientras en las manos se lleva su novela como mejor compañero de viaje. Ya he escrito en muchas ocasiones en este blog que al ensimismamiento ante el paisaje manchego no escapa ningún viajero. El paisaje de La Mancha es así: o se ama con pasión o se odia, también con pasión. Es difícil encontrar un término medio. Y es precisamente por la observación del paisaje manchego y, en este caso, del paisaje que encuentra el viajero entre Campo de Criptana y el Toboso, por lo que traigo un artículo publicado en el diario burgalés La Voz de Castilla, año VII, num. 402, del 14 de mayo de 1916, época, por tanto, en la que estaba aún muy fresca en la memoria literaria española la Ruta de Don Quijote de Azorín. Tomo de este artículo únicamente lo referente al trayecto entre ambas localidades:

El Toboso es un pueblo único, estupendo. Ya habéis salido de Criptana; la llanura ondula suavemente roja, amarillenta, gris en los trechos de eriazo, de verde imperceptible en las piezas sembradas. Andáis una hora, hora y media; no véis ni un árbol, ni una charca, ni un rodal de verdura jugosa. Las urracas saltan un momento en medio del camino, mueven nerviosas y petulantes sus largas colas, vuelan de nuevo; montoncillos montoncillos de piedras grises se extienden sobre los anchurosos bancales. Y de tarde en tarde, por un extenso espacio de sembradura, en que el alcacel apenas asoma, camina un par de mulas, y un gañán guía el arado a lo largo de los surcos interminables.

Veamos en primer lugar, la referencia a las urracas, para recordar que uno de los términos más utilizados tradicionalmente en la zona para nombrar a este pájaro es “marica”, según la primera acepción de este término en el DRAE. Tal acepción la encontramos ya en el Diccionario de la Lengua Castellana de 1734 (pág. 499,2:

MARICA: lo mismo que Hurraca.

Hay otros términos que requieren una observación. Uno es “rodal”, término atestiguado en época relativamente tardía en la lengua castellana (Diccionario…, 1852, pág. 615,1) con el significado de “terreno de corta extensión”. Así se usa aún en esta comarca. En las ediciones más recientes del DRAE encontramos algunos cambios en el significado de este término, especialmente en lo que se refiere a la reducción de su campo semántico. Así, en la primera acepción nos dice lo siguiente:

Lugar, sitio o espacio pequeño que por alguna circunstancia particular se distingue de lo que le rodea.

Campos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

“Campos”: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Más adelante encontramos otro término interesante: el arabismo “alcacel” o “alcacer” (DRAE), que tiene el significado de “cebada verde y en hierba”, sinónimo de “cebadal”, es decir, un terreno sembrado de cebada. “Alcacel” ya está recogido en el Diccionario de la lengua castellana de 1726, con el siguiente significado:

ALCACEL, o ALCACER. De uno y otro modo se halla escrito; pero es mas usado Alcacer. Es la miés de todo género de grano, quando está verde, y vá creciendo, antes que acabe de secarse y granar; pero con mas propriedad se dice de la cebada, mientras está la caña tierna, y tiene el grano de la espíga por cuajar, que entonces sirve para purgar y engordar caballos y mulas. Voz Arabe de Casele, Casél, ò Cacil, que segun el P. Alcalá, y Juan Lopez de Velasco, citados por Covarr. significan no dexar crecer, ni llegar à madurar: y añadido el artículo Al, y con pequeña corrupción se dixo Alcacél, ò Alcacér.

Para mañana dejo la segunda entrega sobre este tema.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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