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Con los molinos de viento de Campo de Criptana en el recuerdo: El escritor Luis Antón del Olmet (1915)

En el barrio de la Sierra: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

En el barrio de la Sierra: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Cambiamos hoy completamente de tema, nos apartamos temporalmente de las cuestiones consistoriales y nos adentramos en senderos quijotescos, molineros, cervantinos… criptanenses, en fin. Lo haremos de la mano del viajero, conocido periodista, escritor prolífico y político Luis Antón del Olmet (1866-1923) y de su libro de viajes titulado El triunfo de Alemania. Impresiones de la guerra actual. Cuenta el viajero que salió de veraneo por el norte de Europa y que allí le sorprendió en 1914 la guerra. Se publicó su primera edición en ese mismo año 1914 y, según nos dice el autor, evidentemente germanófilo, se agotó en quince días.

La segunda edición corregida y aumentada se publicó en 1915, en Madrid, en la Imprenta de Juan Pueyo, y ésta será la versión que utilizamos aquí.

¿Qué tienen que ver este escritor y su libro con Campo de Criptana, te preguntarás, estimado lector? Pues mucho, como verás a continuación. Es éste un libro de viajes por el norte de Europa. Parte el viaje de París y continúa el autor en tren hacia Bruselas. Es en este viaje, ya en Flandes, donde encontramos esta referencia a Campo de Criptana (pág. 92):

Corre el tren hacia Bruselas. Estoy, pues, en Flandes. ¡En Flandes! ¿Cómo sería posible que mi corazón no te sintiera, Flandes, tierra de leyenda española pedazo el más pintoresco y gentil de la historia ibera? Brujas, Gante ¡qué superstición metéis en mi corazón andariego y romántico, ciudades que cercaron las picas de los tercios!

Es blando el paisaje. Dora un sol tibio, sin fuerza, sin barbarie, los molinos, unos molinos que no lucen como en Criptana, sobre la caliza monda, sus aspas quijotescas, sino que son más rechonchos y menos ágiles. Dentro, ¿no habrá alguna de esas molineras carnosas, blancas, de ubres plenas y fecundo pezón, que pintara Rubens?

Así pues, los molinos que evoca el escritor son los de Campo de Criptana y son éstos los que le permiten establecer la comparación con los de Flandes. Esto nos lleva a suponer que quizá el autor conocía Campo de Criptana, y que había visto en su sierra los monumentales molinos, y que giraron sus aspas ante él y molieron al son de los vientos, que es lo que tienen que hacer los molinos. Fue el autor quizá uno más a sumar a la extensa lista de viajeros que pasaron a lo largo del siglo XIX y del XX por Campo de Criptana en viaje iniciático-quijotesco.

Los molinos de Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Los molinos de Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

No podemos terminar sin recordar la dedicatoria con la que el autor abre el libro:

A España
que supo mantenerse apartada, esquiva á la tragedia enorme, á la infamia terrible, á la bárbara locura, al nefando suicidio.

Evocaciones: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Evocaciones: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2015)

Hasta aquí llegamos hoy. Teníamos ganas desde hace tiempo de hablar de los molinos, de volver a las sendas cervantinas, de reencontrarnos con los ecos de la aventura quijotesca en Criptana, de perdernos por las callejuelas del barrio de la Sierra, tranquilos, sin que nos preocupe de qué pueblo salió o dejó de salir Don Quijote, por dónde fue y por dónde vino, si hay ruta quijotesca o no ¿Qué más nos da? Eso no importa. Tenemos la novela y tenemos sus evocaciones, y tenemos sus mitos literarios y sus imágenes ¿Qué más queremos?

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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