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Cómo dormirse viajando en una guagua dominicana llena de gente

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Si vas a Villa Vásquez, en la República Dominicana debes hacerte dos preguntas: ¿Cómo voy? En guagua. En el Expreso Liniero desde Santiago de Los Caballeros. El que va hasta Dajabón, frontera con Haití. Y la segunda, ¿para qué voy a Villa Vásquez? Se me ocurren algunas respuestas. Bueno, tal vez las haya olvidado. Si es que había alguna.Nos centramos en la guagua de la empresa denominada Expreso Liniero. El precio del billete no es muy alto. El modo del viaje no tiene precio. Tendrás que salir hacia el Ensanche Libertad de la capital del norte de la República Dominicana, y primera capital en la Historia, próxima a la autopista Duarte. Tendrás todavía suerte de encontar asiento si llegas relativamente pronto. Por ejemplo en el pasillo, próximo a la puerta de entrada de pasajeros. Ten en cuenta que la guagua (minibus) es precisamente eso, pequeña.

Te aposentas como puedes, dependiendo del tamaño de la doña que se sitúa a tu derecha, y de los platos de “moro” o de “sancocho” que ella se comió en su juventud.

El vaivén de la amortiguación de la guagua junto a los baches de la carretera, se convertirán en la combinación ideal para el nacimiento de un ligero sopor. Habida cuenta del calor en el exterior y del vientecillo que por las ventanas entra. En breves instantes, una vez salga en su recorrido, la guagua irá cantando algunos “ripiaos” o merengues típicos, y bachatas más propias de noches de dulce borrachera de los años 70 y 80, en los colmados de cualquier localidad dominicana.  Todos irán hablando de sus afanes hasta que inexplicablemente el silencio se apodera de los compañeros de viaje a mitad de camino, más allá de Navarrete, entre Esperanza y Jaibón. El conductor, sabía la hora a la que prender el “radito” (el aparato de radio) de la guagua. La una del mediodía. Hora exacta en que retrocedemos a 1950, en La Habana con el programa La Tremenda Corte, protagonizada por un pícaro Trespatines. Han pasado más de 60 años y el caribeño, da igual de qué isla, sigue riendo a mandíbula batiente con el humor naif de La Tremenda Corte. Momento ideal para sin saber cómo, darte cuenta de que encuentras dormido, recto, rígido, con tu mochila delante, sobre ti, y el brazo de la doña de tu derecha, sobre tus costillas.

Y todo te da igual. Porque el sopor, primo hermano del calor, mece tu alma masajeándola al son de las risas de los dominicanos que contigo viajan en la guagua.

Hasta que el sonido de un helicóptero de la Polícía Nacional Dominicana te despierta de tu letargo al arco de llegada de Villa Vásquez. Has tenido suerte. Acaba de aparecer el hijo de un empresario de Nagua que había sido presuntamente secuestrado, y el despliegue policial se confunde con los festejos de los curiosos habitantes de Villa Vásquez. Tienes suerte, porque alguien te da de comer unos tostones y un refresco rojo bien frío mientras esperas a que te vengan a buscar camino de Monte Christi. Has tenido suerte porque has podido dormir un rato.

Interior de la guagua dominicana camino a Villa Vásquez

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Por el camino cerca de Monte Christi, en República Dominicana

Por el camino cerca de Monte Christi, en República Dominicana

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