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Chuches Chinas

Cositas de los chinos, que los hacen como son…
Ni buenas, ni malas, lo que nos llama la atención.

Con las partes al viento
En tiempos de calor, la mejor manera es buscar el equilibrio del termostato físico, como para contrarrestar un poco… La manera china en los hombres es subirse la remera, y dejar la pancita al aire.
Otra: los niños más pequeños tienen en todas sus ropas un corte en la zona del culito, que deja que libremente hagan sus necesidades, en el momento que sea. Que buena manera de evitar el pañal, sobretodo en tiempos de crisis!

Otra con el cuerpo
Es muy normal que los hombres tengan una uña más larga, la que sirve para escarbar cualquier rincón del cuerpo que lo este requiriendo.
Si por el contrario se quiere eliminar mucosa acumulada en la zona faríngea, se procede a gargajear ruidosamente, y luego a escupir en cualquier lugar en donde se encuentre (inclusive adentro del tren, del bus, o de donde sea) . Esto es por igual para hombre y mujeres.

En la calle
Cuando salimos a dar una vuelta, es fácil encontrarse con hombres mayores sentados en círculo en la vereda jugando a las cartas, a algo parecido al ajedrez, a los dados, al dominó…
Las señoras prefieren juntarse a bailar en grupos, con coreografías definidas para cada tema musical.
También se ven a abuelos y abuelas con sus nietos pequeños, según Fang es muy normal que los abuelos se hagan cargo de los niños mientras sus padres trabajan.

Viva la diferencia
Acostumbrados a pasar inadvertidos, en China es una misión imposible. Todo el mundo te saluda con un enérgico Hello! Y como extranjeros nos pidieron en varias ocasiones sacarse fotos con nosotros y hasta nos acariciaron curiosamente nuestros antebrazos.

Contamíname
En las grandes ciudades el cielo esta muchas veces gris o hay una especie de neblina densa, creemos ciertamente que a la polución del aire le contribuyen los miles, millones de fumadores, que encienden sus cigarros sin restricciones a cielo abierto o bien en lugares comunes cerrados tales como tren, restaurantes, buses, hasta en la habitación de un hostel!. Martirio para los no afiliados al club del humo.
De la contaminación sonora, la mayor causa son las bocinas de los conductores. Para decirte “estoy atrás tuyo, estoy llegando, estoy acá, estoy” se toca bocina. Es decir, el concierto es ininterrumpido.

Poco es mucho
La cantidad, la cantidad de gente es inimaginable. Al principio pensamos que se debía a que estamos en tiempo de vacaciones, pero nos dijeron que no, que es así siempre. Ordas de gente moviéndose, turisteando o simplemente viviendo en un lugar. Beijing tiene 20 millones de habitantes. Y las ciudades por lo general 7. En las estaciones de tren, siempre hay cantidades de personas en tránsito. Sacando una cuenta rápida en cada tren se suben más de mil personas, y pensar que para algunos destinos hay demoras de diez días para conseguir boleto, imaginar solo la marea de gente que se mueve en China da un poco de vértigo.
Y como son muchos necesitan saber a que grupo pertenecen. Por eso no es raro ver los contingentes de turistas chinos portando sendos gorros todos iguales, o las parejas llevando exactamente la misma remera, con los mismos motivos, colores, etc.

Hasta en sueños
Una cuestión a la que nos acostumbramos a la fuerza, ya desde Mongolia, la dureza implacable de las camas. Los colchones son prácticamente inexistentes. Al principio costó unas cuantas noches de mal sueño y calambres, hoy no somos adictos, pero se duerme muy bien.

Proximidades
Hay algo en la cantidad que se vuelve inevitable y es la proximidad inminente, inmediata, arriba de uno.
Los chinos funcionan en las multitudes a como quien sobrevive, y a veces pensamos que si uno tiene en cuenta las cortesías todavía estaríamos esperando para subir al primer tren.
En las colas para sacar un ticket, subir al metro, al tren, entrar a algún lugar la gente se forma desordenadamente, como en pelotón; a nadie le parece extraño “el colado” que se mete por el costado, o se une en la mitad de la fila. A medida que uno se acerca, la cosa se pone más de empujoncitos, codo con codo, patita adelante, y por último el pechón, el empujón y el estrujamiento.
En los museos los vidrios de las exposiciones cuentan con cientos de miles de huellas dactilares, manos y brazos estampados… no basta con ver de cerca, se apoyan, tocan, se acercan.

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