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Camino hacia adentro

Día 1

Hoy empieza mi andar por el camino francés que me llevará por los Pirineos, el País Vasco, Navarra, la Rioja, Castilla, León y Galicia. No voy sola: me acompaña mi mochila rabiosamente roja con estrictos ocho kilos. Imagino que, ahí dentro, los 22 arcanos mayores del Tarot debaten sobre si acompañarme fue buena idea. El Loco, el Ermitaño y el Arcano sin nombre, peregrinos natos, saltan en una pata de felicidad, pero el Emperador arde en llamas por haber dejado su reino, su estabilidad, mientras el Colgado se resiste a comenzar a andar, prefiere meditar, dejar que la cabeza se le llene de sangre.

El plan es caminar diario, en soledad, entre 20 y 30 kilómetros desde el amanecer. En 40 días debo haber recorrido unos 900 kilómetros para estar en Fisterra y celebrar el día de San Juan, y ahí, quemar todo lo que quede de mí que ya no quiera.

Día 2

Estoy en silencio desde ayer a las seis de la tarde. Tengo la sensación de haberme hecho amiga del aire, somos compañeros de charla. Siento cómo cada paso me sumerge en una suerte de meditación activa y empiezo a aceptar la caminata como un largo paseo para encontrarme conmigo misma. El camino me incita a seguirlo como si fuera presa de un embrujo del que no se puede escapar. No puedo dejar de caminar. Ahora resulta que soy una caminante empedernida cuando en casa me daba aires de trasnochada y fumadora insaciable. También resulta que ando en silencio. No me reconocerían.

Día 5

Caminé 13 kilómetros tras Jacqueline, una chica francesa que nunca dejó de cantar. No hice más que escucharla y agradecer en secreto su presencia. Había estado instalada en el silencio hasta toparme con ella, y aunque me sentía bien, tenía una sensación extraña, algo incómoda. Como si no estuviera preparada del todo para escuchar lo que tengo que decirme. Cuando llegó la francesa destellando alegría, fingí que su entusiasmo me molestaba, pero en realidad me estaba salvando de un silencio abrumador.

Día 8

No puedo creer todas las cosas inútiles que metí en esta mochila. Adiós al champú, el acondicionador, las cremas y el perfume. ¿A dónde pensé que venía? Me quedo con el desodorante y un jabón. Me deshago de todo lo que pesa en la mochila, de todo lo que en realidad no necesito; al mismo tiempo voy tirando pensamientos, recuerdos y emociones que ya no quiero dentro de mí.

 Día 12

Tengo mis propios juegos y tácticas para mantenerme andando: ofrezco horas de caminata a gente que quiero, a gente que no quiero, a gente que sólo habita en mis fantasías, a las fantasías que me he hecho con cierta gente… Y muchas otras las dedico a perdonarme, a perdonar, a pedir perdón… Siento que voy ligera y que me abro con más confianza a la mística del camino.

 Día 13

Ahora que descubrí que caminar durante horas produce el mismo efecto que estar bajo el efecto de alucinógenos, deseché la teoría de estar volviéndome loca. Ayer escuché tambores en el bosque y descubrí que, si guardo silencio, puedo adivinar la presencia de las mariposas por su tenue aleteo y, si pongo mucha atención, puedo ver respirar a las piedras. Hablo con los arcanos del Tarot, tienen respuestas para todos. Los otros peregrinos lo saben, se acercan, quieren hablar con ellos. El Tarot usa mi voz para comunicarse y es portador de puras buenas noticias. El Tarot está de buenas.

 Día 15

Odio a mis tendones. Por las mañanas, mi pierna izquierda responde a mi entusiasmo de querer caminarlo todo con un drama majestuoso. Estamos en guerra ella y yo. El dolor de piernas, las llagas en los pies, la imposibilidad de dar un paso más están quebrando el control interno.

 Día 18

Tengo la libertad de detenerme y seguir caminando a mi antojo. Miro a mis pies andar casi por su cuenta. Por fin les arranqué las raíces; entiendo que están hechos para moverse. Pienso en la libertad todo el tiempo, en mi condición de vagabunda. Tengo la hipótesis de que uno enfrenta el Camino de Santiago como enfrenta la vida entera. Yo canto, lloro, enloquezco, hablo con mi sombra, la miro todo el tiempo y no tengo prisa de nada. Tal vez mi único apuro es ganarle a la puesta de sol y mantener intacto el silencio.

 

 Día 20

Mis lugares comunes me tienen enferma. ¿Cuántos pensamientos me falta ver pasar que no estén impregnados de él? ¿Por qué no pude tirarlo junto con mi champú en la basura de aquel albergue piojoso? Los ahorros se están yendo con los kilómetros y anoche perdí mi chamarra y la linterna. Como éste es el camino de los simbolismos, me da por pensar que algo significan esas pérdidas, que me hacen más ligera y más fuerte. Pero no dejo de hacer berrinche.

 Día 22

Al principio, este viaje tenía una intención; ahora la única meta es tirarme al vagabundeo y entregarme al silencio. He respetado mi promesa de no entablar conversaciones largas ni hacer nuevas amistades. Tengo la sensación de estar siguiendo un llamado, en el que no importa a dónde voy a llegar, sólo importa el recorrido. Alguna vez me dijeron que para andar derecho y a ritmo regular, tendría que caminar por semanas. Ahora lo entiendo, hasta ahora siento que camino en armonía conmigo y con todo lo que me rodea.

 Día 24

La caminata en soledad me regala una experiencia de libertad pura, intensa; es una fuente inagotable de ensoñaciones, encuentros inesperados y sorpresas. Y ahí, entre tanto cruce de caminos, en medio del silencio, cuando mis ojos estaban tan llenos de paisaje que decidí mirar al suelo, estaba ella frente a mí: larga, recontradelgada, con el cabello alocado… Llevo casi un mes caminando con mi sombra, siguiéndole los pasos, arrastrándola, cargándola y dejándome cargar por ella… Nada mal después de un par de años de distanciamiento por decisión mutua.

 

 Día 26

Caminé poseída por la ira. Treinta kilómetros de ponzoña incontrolada irradiando lo que, pensé, era mi alma transformada. No soporto las ciudades, su ruido. No vengan a querer conocerme. No quiero decir nada. Olvidé cómo hablar.

 Día 28

No tengo más alternativa que entregarme a mis cambios de humor en silencio. Me entrego a la alegría frenética que me invade justo después de haberme zafado de este odio endemoniado y escucho:

el agua que corre

 una vaca allá al fondo

pájaros de rama en rama

 los pasos de otros peregrinos

 el aire que despeina los árboles

 mi respiración acariciando el silencio

Día 30

Desde que era niña, convertí a mi sombra en mi aliada, en mi compañera de juegos, en lo que más me interesaba cuando caminaba por la calle… Me burlaba un poco si le pasaba un coche por encima, si se le rompía la espalda en las banquetas, si la gente la pisaba… A los 20 años me dio varicela y quedé encerrada, abrazada a la cuarentena en mi cuarto. Creo que 40 días en cama eran demasiado para ella; se arrojó por la ventana y no volví a verla. Olvidó todo lo que habíamos pasado juntas: viajes, fiestas, 14 años en la escuela de monjas… Se me adelantó a salir de casa de mis papás, quizá ella ya estaba preparada. Unos meses después, yo también me fui. No salté por la ventana, salí por la puerta con esa sensación de no llevar nada conmigo, ni mi sombra. Ahora, en el camino, parece que las dos hemos madurado: negociamos nuestras decisiones: si yo quiero tomar un atajo y ella el camino largo, lo dejamos a la suerte. La moneda siempre me favorece. Y si yo quiero hablar con algún peregrino guapo y hacerme la linda, pero ella prefiere que andemos en silencio, sacamos de nuevo la moneda. Ella siempre gana.

 Día 32

 Voy detrás del Arcano sin nombre. Sigo su rastro de ropa vieja, cachos de piel, órganos y cadáveres. Me vacío, me lleno de nada, hago una pausa y empiezo de nuevo. Hoy crucé el umbral del dolor, explotó en mil pedazos de placer. El dolor me dio un orgasmo cósmico y ahora mi pierna izquierda corre, salta, no se queja más. Voy correteando mi muerte, apresurándola. Voy directito a mi transformación.

 Día 33

 Mi pasaporte se ha llenado de sellos; mis ojos, de bosques, de ciudades, de planicies… Pasé de largo en Santiago de Compostela, que nunca fue mi meta, para seguir por el camino pagano hacia el fin del mundo. Caminar es una travesía por el silencio que, si se rompe, destruye la burbuja que se ha construido alrededor. Así es que no hables, no grites, no rías tan fuerte.

Día 34

Hoy cumplo 24 años. La entrada a Burgos fue infernal. Me celebro en un albergue, a solas y contenta. Celebro la decisión de haberlo dejado todo: la edición de la revista, el departamento, ese amor pasivo y mediocre, la otra relación retorcida y prohibida… Uno a uno, los 22 arcanos me abrazan y se unen a mi fiesta. También es cumpleaños de mi sombra, enfiestamos juntas.

 

  Día 36

Sigo caminando también por las noches: duermo y sueño que voy dando pasos, pero sin tocar la tierra. Hace días que mi mente no me reclama recuerdos, me he vaciado. No extraño a nada ni a nadie. No extraño las pláticas, ya no amo desesperadamente, ya no me enojo, ya no grito para llamar la atención. No necesito más que esto. Bachelard dice que para comprender bien el silencio, nuestra alma necesita ver algo que se calle; me observo callada y me comprendo: el silencio resuena y me emociona.

 Día 38

 Evadirme de lo ordinario, hacer silencio, tomar una mochila, lanzarme a caminar la madrugada y parte del día en busca de señales, flechas, cambiar de existencia por un rato, tener un hogar distinto cada noche, caminar despacio haciendo mío el aroma de la tierra; conocer gente, hablar unos minutos, intimar de la manera más profunda y despedirse diciendo nada más “buen camino”. De esto debería tratarse la vida entera.

Día 40

Piso la arena del mar. Tomo una vieira y me nombro peregrina. Entro al mar. Está frío, pero no importa: es mi bautizo y no debo quejarme. Me nombro ante el universo como yo quiero; esta vez yo elijo el nombre, tengo la edad necesaria. Escalo las rocas hasta donde mi poca habilidad lo permite. No hay un trozo más de tierra por recorrer. Dejo que hablen las olas rompiendo en el acantilado, me revelan los pocos secretos que quedaban dentro después de la caminata.A mi lado prenden una fogata. Contemplo al fuego en su danza purificadora, veo a mis brujas internas escapar. Es el día de San Juan y toca alimentar al sol, quemo la ropa, me quedo con la mochila roja, las botas, los 22 arcanos del Tarot y este diario.

Camino hacia adentro en Revista Incendios, edición El Silencio

http://revistaincendios.com/revista/

 

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