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Caminando de regreso.

Después de regresar por algunas cosas que dejamos en el hostal en Sayulita, decidimos seguir con las vacaciones de las vacaciones, pero ahora hacia adentro del país. Después de preguntar con amigos y conocidos, conseguimos alojamiento en Guadalajara con la familia de un amigo mío. Nos despedimos de la banda de Sayulita y tomamos un ride desde temprano con la esperanza de llegar ese mismo día a Guadalajara.

Fue un día increíble. Todo salió bien. Incluso la lluvia que nos tocó mientras íbamos en la parte trasera de una pick up. Incluso que nos dejaran, literalmente, a la mitad de la nada y esperáramos por un par de horas hasta que nos levantara el siguiente ride. Incluso que no llegáramos ese día hasta nuestro destino.

Las montañas de Jalisco son impresionantes. Todo es muy verde, bonito y limpio. Nos llevaron, como primer aventón, poco más de 250 kilómetros. Pasamos por San Sebastián del Oeste y Mascota, unos pueblitos muy bonitos, muy verdes, y mu viejos; de esos en los que parece que no pasa el tiempo nunca. Hay mucho ecoturismo y unos paisajes increíbles.

Nos dejaron en un pueblo llamado Ameca, como a unos 100 km antes de nuestro destino. Un lugar sencillo, pero bonito y barato. Nos sorprendió ver que la puesta del sol se dio a las 9:15 pm. Cenamos, dimos la vuelta y conseguimos hospedaje para continuar con nuestro camino al día siguiente.

Llegamos a Guadalajara por la tarde, y recibimos indicaciones de la familia de un amigo mío que nos daría alojamiento un par de noches. Nos dirigimos a su casa y nos recibieron como campeones; valoramos muchísimas cosas y agradecimos el amor y atención que recibimos de su parte sin esperar nada a cambio; es más, sin conocernos, siquiera.

Fue una visita exprés a Guadalajara, ciudad donde ya habíamos estado. Apenas tuvimos tiempo de descansar, de ir a dar la vuelta a Tlaquepaque –que por cierto es de lo más recomendable estando allá: un pueblo súper bonito, lleno de color, vida y ambiente- y comer con la familia, y a las dos noches ya estábamos de nuevo en la carretera, camino al estado de Guanajuato.

Después de un par de agradables rides, llegamos a León. Es un pedo; no hay mucho, y las distancias son largas. Nos hospedamos en casa de María, amiga de hace varios años, a quien agradecemos todas las atenciones, y básicamente aparte de cotorrear en la casa, comer, grabar una entrevista para Radio Ibero León y salir a un par de bares del centro (uno espantoso y otro cool), no hicimos mucho en León. Si alguien quiere contarnos de algo que nos hayamos perdido en León, aparte del Malecón y la Iglesia impresionante del Templo Expiatorio, se aceptan comentarios.

Después de unos cuantos días por allá, nos fuimos ahora a casa de la mamá de María ahora en Guanajuato. ¡Qué diferencia! Cafés, bares, museos, galerías, iglesias, música, y restaurantes bonitos por todos lados. La casa donde nos quedamos es como una ex hacienda muy bonita y groovy a unos minutos del centro, con una vista impresionante a la Mina de Rayas. Fuimos a varios museos, entre ellos recomendadísimos la casa de Gene Byron, el museo de Olga Costa, el de Diego Rivera y la ex hacienda de San Gabriel. En esta última pasamos el cumpleaños de Penny, rodeados de naturaleza, historia y cultura, para luego ir a comer comida japonesa a Encounter (no pierdan el tiempo y vayan; está riquísimo, qué bárbaro); más tarde fuimos al Teatro Juárez (obligado ir) a escuchar unas lecturas de Juan Rulfo por Ofelia Medina (muy cagado y bien hecho) para después terminar yendo a un par de bares por unos mezcales y cervezas (hay muchas opciones económicas, como en 100 Montaditos; si van los martes en la noche, las chelas están a $10). Al final resultó ser un gran destino.

Después de unos cuantos días ahí, ahora tocaba el turno de ir a San Miguel de Allende; agradecimientos a Estrella, a quien conocimos previamente en Sayulita y nos ofreció hospedaje en su casa. Nos recibieron con mucho cariño, y nos gustó mucho la arquitectura y encanto de San Miguel. En primer la Iglesia de San Miguel Arcángel… Bueno. No tiene madre. Es impresionante la vista desde cualquier punto de la ciudad. Hay varios bares y restaurantes bonitos, y si bien la cantidad de museos y/o lugares de interés no es muy amplia, les recomiendo ampliamente el Museo del Juguete, donde hay miles y miles de juguetitos mexicanos de todo tipo, y es como retroceder años el tiempo y disfrutar del folklore mexicano.

Asimismo, no dejen de ir al Charco del Ingenio, reserva donde hay muchas especies de plantas y cactáceas y los paisajes son muy bonitos. La presa, las montañas y el viento te dan la sensación de estar muy lejos de la ciudad, cuando en realidad estás solamente a 2.5 km del centro.

Vimos a una amiga de Penny y a su pareja, quienes nos llevaron a dar el rol a unos miradores, a comer alitas y a reventarnos unas chelas en el bar La Cucaracha, que al parecer es un obligado en San Miguel. Muy agradable todo. La pasamos muy chido en San Mike.

Llegado el día, quedamos de encontrarnos por un día en Querétaro con familia de Penny, por lo cual nos lanzamos de nuevo a la carretera ahora con destino a Qro. Los rides entre estas ciudades eran fáciles de tomar, puesto que como están a no más de una hora de distancia entre ellas, no había mucha bronca para tomarlo y además es común que la gente pida y de aventón.

Después de comer y echar unos tragos en San Miguelito, restaurante el centro muy recomendado, fuimos a un bar llamado Funky Mama que está muy chido. Buen precio, y sobre todo, muy buena música. Dense una vuelta.

Al día siguiente partimos rumbo a Pachuca, para hacer una escala breve antes de llegar al DF, a donde nos dirigíamos por un compromiso familiar. Más adelante les contaremos qué onda.

Disfruten la vida y sean felices.

Amor y paz.

 

Chema.

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