You are here: Home > Cosas de viajes > Ammán: Corazón de oriente medio

Ammán: Corazón de oriente medio

Llevo un par de horas dormida, entre el cambio de horario y el viaje de 22 horas con todo y escalas tengo la sensación de no haber aterrizado. Un poco antes del amanecer los rezos musulmanes me sacan de mi letargo. Me asomo por la ventana de la habitación del hotel, con la emoción que trae consigo descubrir algo por primera vez.  


Los tímidos rayos del sol revelan el panorama urbano. La ciudad está construida sobre colinas y valles. No hay rastro de color: todas las fachadas de los edificios están revestidas en piedra color arena claro, casi blanco, como si los matices más pálidos del desierto jordano hubieran teñido también a la capital del país.
A la distancia, se percibe un aire añejo. Ammán parece estar envuelta en un halo apacible. Pero de cerca, la ciudad se muestra moderna, viva y ajetreada; en ella conviven 2.5 millones de habitantes que profesan diversas religiones y tradiciones culturales y se pueden ver vestigios de ciudades antiguas en las esquinas de las mismas calles en las que se levantan mezquitas y edificios contemporáneos. Todo es un crisol de aromas, gestos y miradas.
La ubicación céntrica convierte a Ammán en el punto de partida que da inicio a la travesía por Jordania, un país que ofrece experiencias de viaje tan memorables como contrastantes: de la belleza natural y la paz del desierto de Wadi Rum, al escenario de playa del mar muerto y la maravilla de piedra que encierra Petra.

Pero Ammán no es sólo un sitio de paso, bien vale darse un par de días antes de comenzar la travesía jordana para descubrir diversos rincones imperdibles.
 

Tierra multifacética

Antes de integrarse al ritmo de la ciudad, hay que conocer y respetar las tradiciones locales. Elijo ropa discreta que cubra brazos y piernas. Las turistas no tienen que taparse la cabeza con velos, ya que esa tradición es exclusiva de las musulmanas, pero también las chicas que no pertenecen a esta religión se visten de manera conservadora, y al parecer no necesitan ataviarse con prendas sugestivas: las mujeres jordanas emanan feminidad y belleza a su paso.


Comienzo por visitar la mezquita del Rey Abdullah, también llamada la mezquita azul, por el gran domo de este color, que según dicen representa al cielo, decorado con 99 líneas doradas, que remiten a los 99 nombres de Alá.
Terminada de construir en 1989, tiene cabida para 700 personas en el interior y para 3 mil en los patios. En horarios específicos, los viajeros que desean conocer el sitio son bienvenidos.


Continúo la visita dentro de la misma zona, denominada primer círculo, que también engloba el centro de la ciudad. Se trata de una región que guarda con gran fidelidad la esencia de las antiguas metrópolis de oriente: concurridas, con callejones repletos de comercios, cafés y restaurantes de comida típica a buenos precios. 

El centro deja ver su personalidad antigua, que difiere de los tranquilos barrios residenciales, con sus avenidas delineadas y solitarias. Lo que nunca cambia son las fachadas siempre blancas, fieles a la ley municipal que dicta que todos los edificios deben construirse con la piedra local.
No puedo caminar más de una cuadra seguida sin detenerme a curiosear en las tiendas, que parecen estar llenas de secretos y tesoros. Venden joyería de oro y plata; lámparas que se antojan hogar de genios fantásticos; antigüedades que parecen haber sido rescatadas de la máquina del tiempo; esencias de cualquier aroma imaginado, y tabaco de sabores y carbones para las pipas de agua, llamadas narguiles, a las que me declaro adicta desde el primer día en Ammán.


 El mercado del centro es un laberinto de colores, aromas y sabores, con puestos de especias, frutas y verduras. Justo en la esquina de la zona comercial, ahí entre todo el ajetreo, se encuentran los vestigios del antiguo Teatro Romano del siglo 2 a.C, con capacidad para 6 mil espectadores.


De camino hacia la Ciudadela, zona arqueológica de 3 mil años de antigüedad, voy reconociendo a Ammán como una de las urbes habitadas más antiguas del mundo, conocida en la edad media como Rabbath Ammon y posteriormente, allá por el siglo 4 a.C, como Filadelfia.
Por los vestigios de la Ciudadela encuentro restos arqueológicos romanos, otomanos y de otras culturas. Además, me pierdo entre las tumbas de la Edad del Bronce, las ruinas del Templo de Hércules, el Palacio Omeya y una iglesia bizantina.


La Ciudadela se encuentra en la colina más alta de Ammán. Al atardecer me tomo un tiempo para guardar silencio, sentir el peso de la antigüedad y disfrutar de la vista. El llamado al rezo musulmán resuena de nuevo.
Está decidido, antes de iniciar la travesía por Jordania, reservo un par de días más para seguir descubriendo los rincones de la capital. 

 

 

Tags: , , ,

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Leave a Reply