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América, América… o los buscadores de fortuna (Campo de Criptana, 1584)

Carabelas

Carabelas

Hoy nos remontamos en el tiempo al siglo XVI cuando dos criptanenses, Alonso Granero y su criado, Sebastián Martín, solicitan permiso para marchar a América, en este caso a la provincia de Charcas, que entonces formaba parte del Virreinato de Perú y se extendía por diversas regiones de los actuales estados de Bolivia, Perú, Chile y Argentina. El documento que nos informa sobre estos viajeros se encuentra en el  Archivo General de Indias (CONTRATACION, 5231, N. 99, “Relación de pasajeros”), y está fechado el 13 de octubre de 1584.

El primero, Alonso Granero, era, según se dice en el documento, “natural del Campo de Critana, hijo del licenciado Diego Lopez Granero y de Casilda Bernardez”. Se marchaba a América por un periodo de tres años que se contarían desde el día 17 de enero de ese mismo año y entregó una fianza de doscientos mil maravedíes como garantía de que, transcurrido el tiempo, regresaría de nuevo a la península.

El segundo, el criado de Granero, era Sebastián Martín, también “natural de Campo de Critana”. Era hijo de Andrés Martín Granero y de María Sánchez. Se embarcó junto a Granero rumbo a América con las mismas condiciones que él.

Otro documento de este mismo archivo, CHARCAS, 415,L.1,F.119V(2), fechado el 17 de enero de 1584 da cuenta de una cédula que autorizaba a ambos a llevar a Charcas armas (espadas, dagas y un arcabuz). De esa fecha data también el permiso para pasar a Charcas emitido por una Real Cédula de la Casa de la Contratación (Archivo General de Indias, INDIFERENTE,1952,L.2,F.174V).

Leyenda de Eldorado

Leyenda de Eldorado

Pascual Madoz, en el artículo sobre Campo de Criptana en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, tomo V (Madrid, 1849), pág. 372, cita entre los criptanenses famosos a un tal “Alfonso Granero de Heredia, arz. de Charcas y primer inquisidor de Méjico”. No creo, sin embargo, que podamos identificar a este obispo de Charcas con el viajero criptanense Alonso Granero, sino más bien creo que Madoz ha incurrido en una confusión que después se repetirá en muchas otras obras, como la Crónica de la Provincia de Ciudad Real de José de Hosta (Madrid, 1865, pág. 78). El obispo de Charcas era, en realidad, Alonso Granero Ramírez de Ávalos (o Dávalos) o Alonso Granero de Alarcón y de Ávalos, que ocupó la sede entre 1578 y 1585. Era natural de Villaescusa de Haro, en Cuenca, y ocupó diversos cargos eclesiásticos antes de ser nombrado obispo, tanto en la Península Ibérica como en México. Por supuesto, creo que no se puede identificar a éste con el Alonso Granero criptanense: el obispo concluyó su mandato hasta el año de su muerte, 1585, un año después de que el criptanense solicitara el permiso para el viaje a Charcas.

La sede del obispado era la actual ciudad de Sucre, capital también de la Audiencia de Charcas desde el año 1559. Posiblemente, la elección de Charcas por los criptanenses se debiera a que en Sucre radicaba la administración de las minas de Potosí, que ofrecían grandes posibilidades de hacer fortuna con cierta rapidez. No sabemos si encontraron esa fortuna o no, y si volvieron colmados de riquezas a su pueblo. Quien si lo consiguió fue, poco más de tres siglos después, el criptanense Juan Domínguez, que emigró a California en  1904 y allí encontró amor y riquezas, es decir, una rica heredera con la que se casó (véase: Del molino a California: La aventura americana del criptanense Juan Domínguez, 1958).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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