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ALASKA DE LUJO: DESCANSO Y DESCONEXIÓN PARA LOS AMANTES DE LA NATURALEZA

 Alaska suena como un destino frío, lejano y deshabitado, pero el hecho de experimentarlo, rompe con todos los esquemas que se puedan tener. Viajamos hasta el alucinante estado norteamericano y tuvimos la oportunidad de conocer sus paisajes, pero a través de la comodidad de Princess. Una ruta inolvidable por cielo, mar y tierra, que no te puedes perder.

Son pocos los que piensan en Alaska como destino vacacional. Y es que existen una serie de mitos a cerca de este destino. “Que hace frío, que requiere de mucho esfuerzo físico, o que es difícil llegar hasta allá”, son algunos. Sin embargo, todo esto va a depender de qué tipo de viaje hagamos y en qué época viajemos.

No podemos negar que  Alaska efectivamente parece ser otro planeta donde los días sin fin, los animales salvajes y los montes nevados, se apoderan de las tierras vírgenes. Pero son justamente estas características las que lo hacen mágico. Viajar a Alaska es elegir una experiencia sorprendente, donde la conexión con la naturaleza es impagable.

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Con las rutas de Princess, podrás olvidarte de todos los peros y disfrutar al máximo de este destino diferente. Aquí un breve resumen de nuestra experiencia.

La llegada:
Son las 11 de la noche y sigue de día en Fairbanks, la ciudad donde llegamos con algunas escalas desde Santiago. No hacía tanto frío como pensábamos; en los meses de verano las temperaturas superan incluso los 30 °C en algunas regiones, aunque con vientos helados. Esa noche fuimos directo al Lodge de Princess, un lugar increíblemente acogedor donde nos encontramos con las mejores habitaciones en las que había que  cerrar cuatro capas de cortina para descansar al 100%.

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Al otro día, la ciudad de Fairbanks nos esperaba con un día soleado. Vale la pena dar unas vueltas por el centro y entrar al Soapy Smiths Bar para probar la cerveza “Alaskan”. Además un tour recomendado si se quiere conocer la cultura esquimal del lugar, es embarcarse en el River Boat, que navega por el río Chena y  que muestra las costumbres de los indios Athabascan que habitaron la zona.

Parque Denali y tren hacia Whittier
Después de un par de días viajamos en bus hasta el Parque Nacional de Denali, famoso por haber sido el escenario de la película “Into the Wild”. Allí estaba el monte McKinley, orgulloso de ser el más grande de Norteamérica.
En el mismo centro, que tiene solo un par de locales de colores, tomamos un bus que hizo un recorrido por los bosques de tundra del parque. Allí tuvimos la increíble oportunidad de ver caribúes y osos grizzly, que deambulaban por su hábitat natural.

Esa noche alojamos en otro Lodge de Princess que tenía jacuzzis al aire libre para disfrutar de las imponentes vistas.

Al día siguiente, tomamos un tren de nueve horas, que nos permitió conocer paisajes y tierras vírgenes donde no hay carreteras, porque las bajas temperaturas del invierno no permiten su construcción. Después del largo viaje llegamos a Whittier, una ciudad puerto de 220 habitantes. Lo más insólito de todo, es que el 70% de ellos viven en un solo edificio.

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En Whitthier nos embarcamos en un crucero llamado Coral Princess, en el que navegamos durante seis noches.

El recorrido por mar nos llevó a conocer el glaciar Hubbard, el más grande de Alaska; el Parque Nacional de los Glaciares, donde se pueden ver 16 estructuras naturales de hielo; la ciudad de Skagway, donde llegaron los primeros exploradores en búsqueda de oro; Juneau, la capital de Alaska; y Ketchikan, una ciudad pintoresca repleta de “palafitos” de colores.
El viaje terminó en Vancouver, Canadá, donde tomamos un vuelo de vuelta a Santiago.

Una ruta diferente y absolutamente recomendable que tienes que hacer. Conoce nuestras fecha su barcos disponibles en www.mundocruceros.cl.

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