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Adrenalina bajo cero

El viento helado que sopla en lo alto de la montaña en Utah Olimpic Park, en Park City, congela cualquier indicio de cobardía.Total, ya es muy tarde. Pagué los 200 dólares y firmé una hoja amarilla que consta que soy la única responsable en caso de un acidente o de mi muerte.

El recorrido en bobsled se reserva con un día de anticipación. Desde que das tu nombre por teléfono hasta el momento en el que estás a bordo del trineo, los minutos parecen horas, y todos los comentarios acerca de tu próxima aventura son golpes en el estómago:Es intenso, violento, pésimo para la espalda, desgarrador para el cuello, paraliza los músculos, dicen lo que los han probado. No exageran, el bobsled es eso, unido a un coctel de emociones tan vertiginosas que crea adicción desde la primera vez.

Para integrarte a esta odisea hay que ser mayor de 16 años, tener una espalda fuerte y sin lesiones. Si eres hipertenso o tienes alguna cirugía, puedes pedir un reembolso. Acobardarse también es una buena justificación, pero mejor invéntate un padecimiento para salvar tu reputación.

“The Comet” es el trineo que abordarás con tres pasajeros, a los que acomodarán según peso y estatura. Correrás con suerte si eres más liviano que tus compañeros, porque esos kilitos de más te posicionarían justo al final de la fila, donde la velocidad, el rebote de la cabeza y las ganas de que todo acabe se duplican.

Ya sentado en el trineo, lo único que queda es rezar (lo ateo se te quitará un segundo antes del arranque), asirte con todas tus fuerzas a las agarraderas, recordar que hay que alzar los hombros para dar un poco de estabilidad a la cabeza y tratar de mantener la espalda erguida.

Por lo demás mejor ni preocuparse, ya no hay vuelta atrás: recorrerás mil 335 metros a 120 kilómetros por hora, y seguramente serán los 52 segundos más largos de tu vida.

Si ya pasaste la primera curva, no pienses que todo mejorará: faltan 14 más, pero para la segunda ya habrás olvidado dónde estás. No queda más espacio para pensamientos. Lo que los monjes zen logran en años de meditación lo conseguirás en una milésima de segundo: mente en blanco y vacío. Un vacío vertiginoso. La vista se nubla. Un laberinto que parece el paso al otro mundo se adueña del escenario. La adrenalina se apodera de todo el cuerpo y, entonces, lo empiezas a disfrutar.

Todas tus células gritan, y una oleada de feromonas eleva tu temperatura. Un poco después, se acabó. Respira profundamente, vuelve en ti, abre los ojos. Estás vivo, en una de las tres pistas olímpicas de bobsled en Estados Unidos. Estrecha la mano del piloto; es más: dale un abrazo; te ha dado los 52 segundos más intensos de tu vida.

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