ESPAÑOLES Y CRUCEROS

Leo un informe que dice que a los españoles, y a los europeos en general, no nos gustan los cruceros como sitio y forma para pasar nuestras vacaciones.
Pensándolo bien, no es de extrañar. Veo la foto de uno de esos impresionantes barcos, cuyo nombre no voy a citar para no señalar con el dedo, y es como si cogiéramos el bloque de viviendas más infame y destartalado de alguna de nuestras ciudades, lo subiéramos a una plataforma flotante y lo enviásemos a dar vueltas por los siete mares y cinco océanos sin rumbo fijo ni misión determinada.

Cierto es que, para compensar, dotan a esos mastodontes de todas las comodidades conocidas, y aún de algunas desconocidas, al menos para muchos de nosotros, ciudadanos de mundo escaso y nómina escurrida, quizás lo primero por lo segundo. Eso sí, para poder disfrutar de las mismas sin irse a pique, se impone en las travesías una férrea disciplina, cuasi militar, que puñetas, espartana.
Eso en tierra firme no sería problema, puedes salir corriendo si algo te disgusta, mientras que en un crucero no te queda otra que aguantar hasta el próximo puerto o tirarte por la borda, lo cual no parece buena solución, excepto que seas David Meca o que en el camarote de al lado tu pareja haya colocado a tu señora suegra, o peor todavía, un amigo gracioso te ha enviado de vecino al director de tu oficina bancaria.

Convendría saber, digo esto porque no lo leo en el informe, cuántos viajeros son capaces de llegar hasta el final del crucero, y cuántos se van quedando por las escalas intermedias, para que los recoja el avión escoba y los devuelva a su ciudad de origen.
Si yo fuera el gerente de una compañía de cruceros, lo tendría muy en cuenta, ya que por esa vía puede venir el retorno necesario, el umbral de rentabilidad, la mayor vía de ingresos.
Circular nº 1: “Conocido es por todos que el crucero consta de diez escalas, en cada una de las cuales tendrá que desembarcar el 10% del pasaje. Es responsabilidad de cada uno de nosotros que así ocurra, pues tenemos la ineludible obligación de presentar a nuestros accionistas unas cuentas robustas y en concordancia con el tamaño del barco en el que prestamos nuestros servicios profesionales. Cuento con todos, sé que lo lograremos. Somos un equipo”.

El caso es que nuestras autoridades han determinado que es bueno que los cruceros amarren en alguno de nuestros casi ocho mil kilómetros de costa. Para ello, han aprobado rebajar las tarifas portuarias, y que de esa manera tengan a bien detenerse en nuestras ciudades costeras. Yo, en mi ingenuidad, solicité que, ya que teníamos a mano el ingenio naval, nos facilitara el gobierno (lo mismo me da el central o el autonómico, o incluso el local), un bono crucero, para que nos fuéramos acostumbrando a pasar nuestros días de asueto de otra manera, una alternativa. Huelga decir que no tuve ningún éxito, por lo que manifiesto desde estas líneas mi total desconocimiento del objeto de tal amarre.
A saber: si el crucero tiene todos los lujos a bordo, y está pagada la pensión completa, pensarán los viajeros ¿para qué voy a bajar? Pues para lo que bajan los viajeros de cruceros: para tirar unas fotos, patearse la ciudad desgastando acera y volverse a comer al barco. Además, como el crucero hay que pagarlo por adelantado, pues vienen los ocupantes peladitos desde el origen. Incluso he oído que estos barcos incluyen un servicio gratuito de custodia de efectivo y tarjetas de crédito, para esos pasajeros previsores que siempre dejan un saldillo para algún imprevisto; es tontería que pudiéndolo gastar a bordo lo vayan a ir a gastar a tierra.

Por si fuera poco todo lo anterior, los españoles ya le cogimos tirria a los barcos en la época aquella en que venía el turco a esas ciudades costeras a las que ahora quieren que vayan los transatlánticos, las asaltaban y al que pillaban le buscaban un empleo de remero en una de sus naves.

Para arreglarlo, llegaría toda esa literatura que nos habla de marinos intrépidos, naufragios en islas desiertas y carentes de cualquier comodidad, de las penalidades de los pescadores que iban al Gran Sol, no recuerdo si a la ballena o al bacalao (más recientemente al fletán, y ahora a Marruecos).
En definitiva, que lo mires por donde lo mires, el caldo de cultivo no es el más apropiado para que nos inclinemos a hacer un crucero durante nuestras próximas vacaciones.

Estamos en octubre. Avisados están los mandamases de las compañías navieras: tienen muchos meses por delante para trazar un agresivo plan de negocio con superofertas superiores el no va más; añado: se nos podría proveer de generosas invitaciones y regalos que nos hagan cambiar nuestra ancestral enemistad con los cruceros.

Un pista: a mí, en concreto, un crucerito (modesto, sin grandes lujos), por los fiordos noruegos, me parecería de rechupete. Sería inolvidable y quedaríamos, como la canción, amigos para siempre.

En sus manos queda.

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Hable con mi móvil que yo no le entiendo

Si viajas sin saber idiomas seguro que vives aventuras, pero de las que no molan… Sí, de este año no pasa que aprendas inglés o alemán, pero de mientras, una ayudita no viene mal…

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La vuelta al mundo, las deudas y un alma inmortal

Hace dos años, emprendía éste viaje, que comenzó el día en que envié mi telegrama de renuncia. Corrí

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Las mejores playas del país se localizan en el sur. Ésta se localiza en Wiligama, cerca de la ciudad de Matara. Aguas cristalinas y arena fina donde se puede relajar cerca de un complejo hotelero.

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