Metro Madrid aumenta las frecuencias del paso de trenes a partir de hoy para atender la demanda

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El Metro de Madrid aumentará a partir de este lunes la frecuencia de paso de trenes, de manera que se reducirá el tiempo que deben esperar los dos millones de usuarios diarios de este sistema de transporte. Circularán entre 17 y 25 trenes más en toda la red, una decisión que obedece al incremento de demanda que se empezó a observar hace meses, “a principios de año”, en especial en los fines de semana por el ocio, pero que también ya se nota en días laborables.

Según la Consejería madrileña de Transportes, este incremento de la demanda se ve en varias de las líneas del Metro madrileño. No solo se observan más clientes debido al ocio de fines de semana, sino que la “movilidad obligada” relacionada con el desplazamiento de trabajadores y de estudiantes también ha provocado un aumento en el número de pasajeros.

“A la vuelta de septiembre notamos números positivos, números verdes”, explica el consejero de Transportes, Infraaestructuras y Vivienda de la Comunidad de Madrid. Pablo Cavero destaca que estos incrementos se producen tanto en Metro como en buses interurbanos, lo que se traduce en una “mejora de la economía y del empleo” que conlleva la “movilidad obligada”, que es “la base del transporte público”.

Cavero sostiene que a mayor demanda, hay que “adecuar la oferta” y que el incremento de trenes desde este lunes permitirá “reducir los tiempos de espera, que ya son de los más cortos de Europa entre todos los operadores de trenes”.

Hace unas semanas las redes sociales destacaban el malestar entre muchos usuarios por los prolongados tiempos de espera que se producen en algunas estaciones. Los usuarios de las líneas del metropolitano observan menos trenes y fecuencias largasmayores del paso de los convoyes. Las críticas parecen haber calado hondo en los responsables del transporte netropolitano que pretenden atajar para evitar que vaya a mayores y afecte al próximo proceso electoral.

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La vida color de rosa en Celestún

El término Celestún quiere decir “piedra pintada”, en maya. Es un pequeño pueblo costero

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- Empezando.

Hoy este blogg se convierte en un relatorio de experiencias de un viaje que empezó hace 9 meses por Brasil. A causa de la falta de voluntad y memoria, las entradas que acá se encuentran son en su mayoría acerca de cosas que están sucediendo o que sucederán.

Andrés es mi nombre, estoy en San Paulo – Brasil, voy viajando de bici hacia algún lugar en dirección al norte y mi propósito es simplemente vivir.

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Encontré una ocupación en el centro de la ciudad a la cual me invitaron unos chicos y hace casi tres semanas he estado allí.

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Me enamoré de una chica hermosa que también quiere viajar con su bici el año siguiente, su nombre es Thaiane y es uno de mis motivos para no querer irme aún de acá.

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Abro este blogg con la intención de dejar una muestra de mi evolución como persona a través de un viaje y de compartir de una manera más próxima la iniciativa de moverse y hacer que la concepción de mundo no se condicione a un espacio o un montón de cosas. Anticipo que habrán días de cuestionamientos salidos del viaje.

Espero me guste y consiga expresar mis ideas con el sentimiento que merecen. 


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Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci (1890-1901). Apostillas varias sobre Don Quijote, los molinos de viento y el paisaje manchego

Un molino: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Un molino: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Volvemos hoy a los tiempos fundacionales del mito de la Ruta del Quijote, que encontraría su plasmación más firme en la obra de Azorín. Fueron muchos los viajeros que a lo largo del siglo XIX dieron forma a una posible ruta del Quijote, o, como se podría decir de otra manera, a la persecución de los ensueños de don Quijote, porque, creo, más que una ruta hay que hablar de una aventura y, como suele ocurrir en las aventuras, el tiempo y el espacio no tienen por qué atenerse plenamente a la realidad. Fue, precisamente, con la inauguración de la línea del ferrocarril a su paso por Campo de Criptana cuando este “cervantismo aventurero” comenzó su periodo de esplendor y fueron muchos los viajeros franceses que en tren llegaron a la estación criptanense. Era posible, a partir de 1855, hacer el viaje de tren en tren desde París hasta Criptana dejando atrás los incómodos viajes en diligencia por polvorientos e inseguros caminos.

Uno de estos viajeros ilustres fue el francés, nacionalizado estadounidense, Augusto Floriano Jaccaci. A él debemos una de las rutas del Quijote más originales que conocemos, aunque, bien es cierto, a su percepción de la realidad incorpora mucho de la visión costumbrista que de la España del XIX había en Europa por aquel entonces. Del viaje de Jaccaci por La Mancha y de su paso por Campo de Criptana ya hemos hablado en alguna otra ocasión, en especial en referencia a su percepción del paisaje manchego a sus impresiones sobre las posadas de La Mancha o a algunos episodios sucedidos a su paso por la Sierra de los molinos, como el del encuentro con el aguador (véanse: Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci, el paisaje y el pueblo, 1890; Posadas de Campo de Criptana: El testimonio de Augusto Floriano Jaccaci, 1890; Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci y el aguador, 1890).

Otro molino: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo 2014

Otro molino: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo 2014

Hay, sin embargo, algo especial en el viaje de Jaccaci: su particular percepción de los molinos de viento. Volvemos, pues, a la fuente, su libro de viajes, publicado en inglés con el título On the Trail of Don Quixote, Being a Record of Rambles in the Ancient Province of La Mancha (Nueva York 1896) con ilustraciones de Daniel Urrabieta Vierge que, recordemos, estuvo a finales del XIX en Campo de Criptana y aquí tomó algunos apuntes e hizo dibujos, algunos de los cuales irían después a parar a la Hispanic Society de Nueva York. La versión francesa se publicó en París, Hachette et Compagnie, en 1901, también con las ilustraciones de Urrabieta; la traducción española, a cargo de Ramón Jaén se publicó en 1915 con el título El camino de Don Quijote. Por tierras de La Mancha.

Dos molinos: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Dos molinos: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

La lectura de los pasajes sobre Campo de Criptana, sea cual sea la versión que utilicemos (seguiremos ahora la francesa de 1901, pp. 142-146, porque es la que tenemos a mano), nos desvela la inmensa sorpresa que para un viajero cosmopolita como era Jaccaci supuso hallarse, de repente, en el lugar en el que cuenta la novela del Quijote que el caballero se enfrentó a sus gigantes particulares (véase: Viajeros en Campo de Criptana: El escritor americano Augusto Floriano jaccacci y los molinos de viento, 1890). Digamos en primer lugar que el nombre de “Criptana” aparece deformado en la obra, “Crijitano”, quizá por un error de lectura de un texto escrito a mano o porque el autor entendió mal el nombre del pueblo que algún criptanense le dijera al preguntarle él dónde se hallaba.

Es esa Sierra de esos molinos criptanense y son esos molinos criptanenses el escenario de la lucha del “pauvre Don Quichotte”. No le parece a Jaccaci que Don Quijote estuviera loco o, al menos, que estuviera tan loco, puesto que, según nos dice, la primera vez que uno se encuentra ante esa formación de molinos lanzados de forma irregular sobre la cresta de la colina no puede evitar la estupefacción (o quizá también el pavor, añadamos nosotros). No es habitual hoy ver a los molinos con sus aspas en movimiento; imaginemos, sin embargo, en la época de Jaccaci, o también en la de Don Quijote, a esos magníficos ingenios que giran y giran frenéticamente al son que canta el viento mientras hacen un ruido estremecedor. ¿Loco Don Quijote? Quizá no, no le parece a Jaccaci que estuviera tan loco.

Varios molinos: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Varios molinos: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hay una observación importante en las impresiones de Jacacci: hay que vivir en La Mancha para comprender su inmensa variedad de caracteres, de descripciones y de lengua. Añadamos también nosotros el paisaje, porque en muchas ocasiones Jaccaci, como fiel observador de la naturaleza pasada por el tamiz de la literatura y del arte, hace de él el verdadero protagonista de sus historias y, sobre todo, lo convierte en auténtico teatro de las aventuras de Don Quijote. ¿Loco don Quijote? A lo mejor el único cuerdo…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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