Viajeros, de Pablo Montoya

Imagen tomada de tragaluzeditores.com. Por: Edwin Hurtado A casi todos nos gusta viajar, pocas cosas

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Los Dinos te esperan en Villa el Chocón

El Museo Ernesto Bachmann es una opción diferente para visitar Villa El Chocón. Camino al sur de la Provincia, los dinos aguardan, hace millones de años, que te acerques a contemplarlos.

La Provincia del Neuquén se caracteriza por contar con un valioso patrimonio paleontológico y arqueológico producto de la gran riqueza de fósiles que contiene su suelo a lo largo y ancho del territorio. El Museo Ernesto Bachmann, en Villa El Chocón,presenta piezas singulares y muchas de ellas significativamente únicas. El horario para visitarlo es de lunes a jueves de 8 a 18:30 horas, y de viernes a domingos de 8 a 19:30 horas.

A solo 83 kilómetros al oeste de la ciudad de Neuquén, en plena Norpatagonia Argentina, Villa El Chocón se convierte en una opción diferente para realizar una parada intermedia camino a los destinos turísticos de la cordillera neuquina. Si tenés pensado ver a los dinos, te recomendamos que algunos kilómetros antes de llegar a la Villa estés atento y despiertes a los chicos, para que vayan entrando en “clima mesozoico” con la cartelería que anuncia el destino de los gigantes.

El principal hallazgo que alberga el museo lo constituyen los restos del Giganotosaurus Carolinii, su denominación significa “lagarto gigante del sur”, fue descubierto en 1993 y es hasta el momento considerado el dinosaurio carnívoro más grande de todos los tiempos, aún superior al Tyrannosaurus Rex.

No hay escapatoria, es imposible no tentarte y frenar en la entrada de Villa el Chocón para tomarte una foto con el Dino que custodia a los viajeros. Una postal que se convirtió en un clásico, y que hoy se comparte millones de veces, dando crédito de nuestro paso por el lugar, como las huellas que dejaron los propios gigantes hace millones de años.

Entre las actividades que presenta el Museo se desarrolla el programa “Paleontólogo por un día” que propone la simulación de la búsqueda de fósiles de dinosaurios, recreada en lugares especialmente acondicionados para la experiencia. Los niños de 2 a 10 años son guiados por el personal del museo y pueden participar de una experiencia única. A los chicos se les brindará un chaleco, un pincel y una pala, y serán ellos mismos quienes descubran y desentierren replicas de fósiles de los antiguos habitantes de la tierra.

Luego, los pequeños paleontólogos, son galardonados con un certificado que acredita que fueron “paleontólogos por un día”. Hay que tener en cuenta que para realizar esta actividad hay que consultar al momento de entrar al Museo, debido a que está sujeta a las condiciones climáticas y a la disponibilidad del personal especializado.

Neuquén es un atractivo científico-cultural muy importante, despertando el interés no solo de turistas, sino de científicos del país y del mundo, motivados por conocer y estudiar en las piezas la vida de millones de años atrás.

Una muy buena opción para visitar en familia en cualquier día de la semana y estación del año.

Más información

Museo Ernesto Bachmann

Tel: 2994217858

Email: museoernestobachmann@gmail.com

Horario: Lunes a Jueves 8 a 18:30 y Viernes a Domingo: 8 a 19:30

Centro de Informes Turísticos

Tel: 2994218461

Email: odeinformes@yahoo.com.ar

Horario: Todos los días de 8 a 18

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Sobre viajes y viajeros: Parte 4

Cuando Nayen y Lilen emprendieron el duro camino hacia la autosuficiencia, descubrieron que en la madre tierra se encontraban todas las energías necesarias que les podían ayudar a llevar a la práctica este sueño que las deslumbraba.

En los fértiles y abandonados campos, plantaron sus ilusiones y las regaron con las cristalinas aguas que bañaban a esa pequeña aldea. Obtuvieron así comida con la que pronto pudieron alimentar suculentamente sus emociones y las de todos los caminantes que por allí pasábamos.

Y poco a poco con trabajo y alegría, convirtieron una utopía, en una realidad…

La pastora y el queso

Ruka de Colores by Vero Tapia ©

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La realidad de Hungría: el Silent Hill Europeo

La salida de Hrvatska

Nos fuimos de Varazdin como nuevos después de dos días de descanso. Como estábamos a unos 40 km de la frontera, creíamos que llegaríamos enseguida; pero para nuestra sorpresa, aunque muchas matrículas húngaras pasaban ante nuestros ojos, estuvimos unas 4 horas haciendo autostop sin más atención que la de un taxista húngaro que pretendía cobrarnos. Decidimos volver atrás y al final, tras mucho esperar, un chaval se ofreció a desviarse unos 30 km de su casa para acercarnos y cruzar a pie.

La frontera (Letenye)

Cruzamos la frontera a pie, sin parar nunca de hacer autostop por si nos recogía alguien, pero no hubo suerte. Tuvimos que caminar unos 5 km hasta Letenye, el pueblo que nos ofrecería nuestra primera visión sobre Hungría.

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Llegamos y casas casi derrumbadas, desconchadas y sucias; otras hechas vertedero y gente sin dientes. Una señora se ofreció llevarnos a la “estación” de autobuses y decidimos seguirla. La estampa se repetía una y otra vez, hasta que llegamos al banco-estación donde tuvimos que esperar nuestro transporte.

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Y llegó el bus: El conductor del autobús del pueblo que estaba donde Cristo perdió el mechero nos pidió nuestros pasaportes y, al no saber leer otros idiomas, paró el autobús y no arrancaba. La gente nos miraba, escuchábamos algo así como “problem problem” pero nadie sabía hablar inglés así que nada, nadie sabía qué hacer.
Llegó una chica con quien pudimos hablar que lo arregló todo, pero nunca sabremos bien qué fue lo que realmente pasó.

Nagykanizsa

Llegamos a esta ciudad un poco sugestionados por lo que habíamos visto en Letenye, pero este sitio y todo lo que habíamos visto de camino era exactamente igual. Fuimos a la estación de trenes y tuvimos que cruzar de un lado a otro a través de las vías (que había unas 10) ya que no se había facilitado ni un espacio ni un camino para atravesar las mismas.

Abandonamos Nagykanisza dirección Budapest a las 3 de la mañana. Durante las 4 horas que estuvimos esperando en esta ciudad, los señores militares y agentes de policía nos pidieron nuestras identificaciones 5 veces, preguntándonos qué hacíamos en Hungría, dónde íbamos, por qué este sitio y etc, etc.

La verdad es que vimos una imagen terrible de este país, que nos gustó mucho ver porque ésta no es la Hungría de Budapest ni la que te eseñan ni de la que te hablan: está llena de miseria, hambre, analfabetismo e inseguridad; y al fin lo hemos visto con nuestros propios ojos.

Budapest

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Y llegamos a la capital, con la idea de que aquí las cosas estarían mucho más maquilladas por la visita del turismo.

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Lo que sale en las fotos
Como era de esperar, Budapest es una ciudad hermosísima. Su encanto reside en su vastísima superficie rellena de obras de arte arquitectónicas. Al menos, a primera vista: son edificios que parecen romanos y griegos, debido a sus numerosas columnas, esculturas y frescos en sus fachadas; pero si nos fijamos mas detalladamente, no tienen esa singularidad que define a las obras provenientes de estas antiguas culturas, si no que parece que están hechas en serie. Cristian lo describió como: “Venga, vamos a demostrar la grandeza de este sitio, y rapidito“.

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Hay tantos detalles y tanta presuntuosidad en estas calles, que cuando se ven por primera vez es impresionante, pero cuando se pasea durante un rato, es completamente agobiante y abruma el querer verlo todo. Nos recordó a Zagreb un poco por los altos edificios de todos los colores, pero carece de los grandes espacios de la otra capital.

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Lo que no sale en las fotos
La miseria, la locura y la negatividad. Si visitan Budapest, no esperen ver una cara sonriente ni una palabra amable andando por la calle o atendiéndoles en los comercios. Sólo vimos ceños fruncidos y, cuando salimos un poco del centro, personas mayores girando sobre sí mismas y balbuceando sonidos indescriptibles.

Lo bueno
La comida y el transporte. De nuevo una ciudad en la que nos pudimos mover sin pagar un solo Florín usando sus tranvías y autobuses. Todas sus partes están perfectamente conectadas y hay cientos de tranvías, autobuses eléctricos (lo cual nos gustó mucho), metro y trenes, que nunca tardan más de 5 minutos en llegar.
Hay restaurantes de todas las nacionalidades y la comida es muy barata y rica, lo que le dió un poco de luz a nuestra visita.
Estos rollitos-corteza ha sido lo más rico que nos hemos encontrado por aquí: 290 Florines (unos 80 céntimos) y mucho azúcar y chocolate.

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En general…

Abandonamos hoy Hungría y nos ha dejado un agujero en el estómago. Esto pertenece a la Unión Europea. La situación del país actualmente se ve un poco ensombrecida en parte por la inmigración masiva de naturales de Serbia, Afganistán e Irak, ya que sus situaciones insostenibles les han obligado a abandonar sus países en carácter de urgencia y dirigirse al norte, teniendo que hacer una parada forzosa en Hungría. Al parecer, los campamentos de refugiados no dan a basto y la gran Alemania no quiere que estos inmigrantes lleguen hasta sus puertas, por lo que se encuentran aquí estancados y se ha aumentado el control para no dejarlos entrar en el resto de países de la unión. En numerosas plazas pudimos observar familias enteras (y numerosas) de personas con un par de mochilas y sus mejores esperanzas.

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Nosotros tambien hemos cogido nuestras mochilas y nos vamos de aquí.

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