Un resumen del origen

Como toda hoja en blanco, tengo un poco de miedo de que lo que vaya a salir de esta cabeza carezca de sentido. Lo que se es que quiero contar sobre este maravilloso viaje que estamos haciendo. Claro.. qué viaje? quiénes? [...]

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¿Salimos a jugar? (Hanoi, Vietnam)

El gallo ha vuelto a despertarnos al amanecer, pero esta vez no nos ha importado. Con nuestro nuevo horario geriátrico ya llevábamos durmiendo 8 horas cuando ha empezado el cacareo. Además tampoco faltaba mucho para que sonara el despertador, pues hoy tocaba volver a Hanoi.

Nos dejamos un Hanoi caótico y un poco fresquito y lo hemos encontrado encantador y veraniego.

Los sábados, las motos se aparcan para salir a jugar. Las calles que rodean al lago, antes ruidosas y llenas de motos hasta el infinito, se cortan al tráfico y se convierten en salones de juegos. Las chicas se ponen sus mejores vestidos para salir a saltar a la comba o las cañas de bambú, a jugar a puzzles o al dominó o a un juego muy curioso con piedrecitas. Las parejas aprovechan para hacerse sus fotos de boda con las últimas luces del atardecer reflejadas en el lago, los niños montan es coches y motos eléctricos y hasta los gatos son sacados a pasear.

Por las calles que, un par de días antes, intentábamos cruzar sin ser atropellados, ahora paseamos tranquilamente, parándonos a cada paso ante una nueva actividad. Y es que, cuando se bajan de la moto, los vietnamitas son encantadores, como lo son sus costumbres. Como las marionetas acuáticas que hemos visto en el teatro. ¿Habrá espectáculo más entrañable? Una delicia para entretenerse un sábado tarde.

Y, al caer la noche, las motos siguen recluidas, porque las calles se convierten en un hervidero de puestos callejeros (con lo que me gusta un mercadillo!), en música y bailes al aire libre, en puestos de comida y en un ir y venir de gente regateando.

Me gusta cuando Hanoi se viste de sábado.

PD: Estamos bien.

Audio recomendado: La primavera, de Delafé y las flores azules.

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Ream-Kampot-Kep-Phnom Penh

REAM NATIONAL PARK

Después de ver el coste que nos suponía ir a las islas y la cantidad de turismo que ya había allí, y más coincidiendo con la luna llena (la famosa Full Moon Party), decidimos improvisar una vez más para apartarnos de lo masificado. Así que nos dirigimos al Parque Nacional Ream que se encuentra a 40 km de Sihanoukville.
Para ir hacia allí y habiendo contactado previamente con el alojamiento, nos ofrecieron el traslado hacia allí por 6$/persona.

Efectivamente, acertamos de pleno yendo a este magnífico lugar. Se trata de un paraje virgen donde la selva llega hasta pie de playa. Pese a que el alojamiento se salía de nuestro presupuesto, al ahorrarnos el barco (hacia las islas), nos seguía saliendo bien, aunque seguía siendo un pequeño lujo que nos marcamos. El precio incluía también el ser la única guest-house del territorio, con lo que eso conlleva. Un único bar y unos únicos servicios. Nos costó 34$/noche un bungalow con capacidad para cuatro personas sobre la jungla, con vistas al mar y a las islas de la bahía.

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Cabe decir que este garito da la opción de trabajar a cambio de alojamiento y comida. Cuando nosotros fuimos, buscaban a gente creativa para ayudar a llenar de “buenrollismo” el lugar.

Esos dos días allí, fueron de desconexión total. El wifi, como decían ellos, para mañana. Paseos por la playa, atardeceres con vino tinto y noches buscando plancton bioluminiscente.
Al coincidir con la luna llena las dos noches que pasamos en el Parque, nos resultó más complicado de lo habitual el ver el plancton brillar. No será porque no lo intentamos ya que nos pasamos unos ratos largos pero divertidos chapoteando el agua, sin mucho éxito. Pero podemos dar constancia de que existe. A parte de ver algún despistado en la orilla, conseguimos coger uno con el dedo. Parecía un granito de arena azul brillante. Para nosotros fue todo un logro. Aún así, no quedamos del todo satisfechos, así que seguiremos intentándolo en otras partes costeras del sureste asiático.

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PINCHA AQUÍ PARA VER EL VÍDEO!! Ream, el paraíso.

KAMPOT

Al cabo de dos días, volvimos a la civilización. Compramos unos tickets de bus por 5$/persona (trayecto de 2h) y nos dispusimos a ir dirección Kampot.

Esta vez, íbamos al este del país, al pueblo ribereño de Kampot, muy tranquilo.
Nos sorprendió ver tantos extranjeros con sus negocios montados al estilo camboyano en muchos casos: conductores de tuk-tuk, vendedores de comida ambulante, entre otros.

Comer en este pueblo no es barato. Pero siempre puedes encontrar alguna ganga, como un perrito caliente en un puesto callejero, por 6000 Riel, el equivalente a un euro y medio. Y riquísimo, la verdad.

En este lugar hay mucha oferta para alojarse y los precios se adaptan a todos los bolsillos. Las guest-house más económicas, si buscas bien, puedes encontrarlas a partir de 7-8$ como Captain Chim’s, en la que nos alojamos nosotros. Muy correcta y tranquila. A pocos metros del centro pero lo suficiente apartado como para poder descansar. Si no fuera por el gallo que a las cinco de la mañana parecía estar cantando dentro de nuestra habitación.

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Si vas no te puedes perder el atardecer en el río y tomarte algo en los muchos locales, en barcos, sobre el cauce. Desconectar aquí es fácil.

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Estando en Kampot, nos hablaron maravillas de un pueblito cercano, a tan solo 25 km, Kep, famoso por los cangrejos y su ambiente costero.

Compramos unos tickets por 3$/persona para el día siguiente, pues no queríamos perdérnoslo. Lástima que no se nos escapara el autobús…

KEP

Decepcionante. La verdad.
Hay muchos sitios más interesantes que visitar. Y muchos rincones costeros más auténticos e idílicos. La poca playa que había estaba sucia. Y los cangrejos eran caros. Así que ni los probamos.

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Teníamos la intención de ir a la isla de Tonsay, o Rabbit Island. Pero leyendo los comentarios y las opiniones de los demás viajeros, se nos quitaron las ganas. Comentan que hay basura para parar un tren aunque el viaje hasta allí no es caro. El barco costaba 10$/persona ida y vuelta y el alojamiento, unos 8$/noche en primera línea de costa. Pero aún así, decimos no ir.

Kep, pese a no gustarnos en absoluto, es un pueblo tranquilo. La zona donde se encuentran la mayoría de alojamientos es calmada y en medio de una área más natural. Predominan los bungalows. Por eso, escogimos ir a Tree Top Bungalows, una modesta y sencilla habitación con baño compartido. Nos costó 10$/noche (demasiado para lo que era).

No obstante, nos quedamos con la cerveza y las vistas desde el bar del alojamiento.

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Eso sí. Hicimos por ver la puesta de sol. Tanto se nota que nos gustan los atardeceres?

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No estuvimos más de una noche en el pueblo ya que no tuvimos problema en reservar para el día siguiente un par de tickets de bus que nos llevarían a la capital camboyana, Phnom Penh, por tan solo 6$/persona.

PHNOM PENH

PINCHA AQUÍ PARA VER EL VÍDEO!! Camino a Phnom Penh. Así es Camboya

La llegada a la capital fue todo un caos. Allá va un resumen.

Teníamos reservado un hostal que no estaba mal de precio. Según el mapa estaba más o menos céntrico (o eso quisimos pensar). Llegamos y resultó estar en la otra punta de la ciudad. Nos fuimos para el centro y cogimos una de las guest-house que hay en medio de la calle más transitada por turistas y “clubs nocturnos”, 6$/noche. Cuando nos fuimos a dormir nos dimos cuenta del follón que había montado en la calle, la ventana estaba rota y ni los tapones para los oídos nos funcionaron. Decidimos cambiar de habitación y los del alojamiento nos quisieron cobrar de nuevo por la segunda. Así que en un arrebato, nos fuimos cabreados y cansados. Decidimos probar suerte con la guest-house previamente reservada. A las 12 de la noche hasta el conductor del tuk-tuk estaba cagado por meternos donde nos metimos. Así que corriendo nos fuimos a coger el primer hotel que encontramos con habitaciones libres (tras una hora de búsqueda incesante). Lo pagamos, sí, 34$/noche. Desayuno y piscina incluida. Parecíamos los marqueses de Chorrapelada.

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Phnom Penh, como todas la ciudades asiáticas, es un caos de ruido y color. Particularmente, no nos gustó demasiado después de ver todo lo que vimos anteriormente. Quizá también condicionados por nuestra entrada triunfal.

Aun así tiene muchas visitas interesantes que hacer. Hay varios templos. También está el Museo de Tuol Sleng, la antigua prisión S-21 que estuvo en funcionamiento durante el gobierno Jemer. Una muestra auténtica de la barbarie que aquí se cometió hace unos 40 años. La entrada cuesta 3$ y con audioguía, 6$. Vale la pena enterarse bien de lo sucedido aquí.

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Al anochecer, cuando “refresca”, en los alrededores del río Mekong, pasear por allí es una delicia. El paseo se llena de gente vendiendo y comiendo todo tipo de platos. En Camboya es tipiquísimo que la gente se reúna con sus colegas para comer en cualquier lugar con la neverita al “estilo picnic”. Comer y beber puede ser realmente barato o excesivamente caro. Así que tú decides donde metes a tu bolsillo!!

Bajo nuestro punto de vista, Phnom Penh es poco más que una parada de paso para nuestro siguiente destino, Vietnam.

NOTA: Tras visitar la embajada de Vietnam, nos confirmaron que por tener la nacionalidad española y viajar no más de 15 días, estamos exentos de visado para entrar al país. Así que de puta madre!

 

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Dragones y mazmorras (Bahía de Halong, Vietnam)

Cuenta la leyenda que, cuando los vietnamitas luchaban contra los invasores chinos, el emperador de Jade, para defender sus tierras, envió a una familia de dragones que escupían perlas y jade. Éstas se convirtieron en islas e islotes y formaron una gran muralla que los defendió de sus atacantes. De este modo se formó la Bahía de Halong, que significa dragón descendiente.

Cuando te adentras en ella se te olvida el madrugón, se te olvidan los gallos que te despiertan continuamente al amanecer y, realmente, sientes que entras en tierra de dragones y que, en cualquier momento, va a aparecer Daenerys a lomos de Drogon sobrevolando la bahía.

Unas dos mil islas e islotes de diferentes formas y tamaños, algunas que parecen caracolas, otras ranas o antorchas o qué se yo. Observarlas desde el barco da para mucho.

Y, una vez adentrado en la bahía, navegar entre pueblos flotantes, observar métodos de pesca casi extintos, hacer kayak a través de cuevas, saltar al agua desde el barco y nadar hasta playas de coral, atracar en una isla de monos ladrones, otear barcos con alas de dragón, tumbarse al sol y disfrutar de las maravillas que esconden los países lejanos.

PD: Estamos bien.

Audio recomendado: Sal y otras historias, de Maga

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