Royce de Nueva Zelanda

Royce, Skaftafell National Park, Iceland

“Todavía llamo hogar a Nueva Zelanda aunque vivo en Estados Unidos hace algunos años. Ahí es donde crecí y donde está mi familia. Es el lugar en el mundo a donde llego y siento que pertenezco. Viajo para conocer gente y tener experiencias distintas. Mi país tiene cosas increíbles, pero no tiene la variedad de animales, geología, comida y climas que hay en otras partes del mundo. Me pregunto como habrá sido este lugar hace 10,000 años, lleno de hielo. Pienso en como afrontará la tierra los retos medioambientales como el calentamiento global, la contaminación y Donald Trump. Nuestra generación es extraordinariamente privilegiada de poder disfrutar de la movilidad y libertad de visitar diferentes países. Espero que como especie seamos capaces de sostener eso.”

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“I still call New Zealand home even though I´ve been living in the United States for the last couple of years. I was born there and it´s where my family lives. It is the one place in the world that whenever I go back I feel that I belong. I travel to meet new people and to have different experiences. My country has some amazing stuff, but it doesn’t have the diversity of animals, geology, food and climates that you get in different parts of the world. I wonder how this place was 10,000 years ago, full of ice. I wonder how the earth will face all the environmental challenges like global warming, pollutions and Donald Trump. Our generation is extraordinary privileged to be able to enjoy the mobility and freedom to go to many different countries. I hope that as a species we are able to sustain that.”

 

 

 

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Castillo de Bran – Rumanía

Diciembre de 2010

Si hay un lugar que no puede faltar en tu visita a Transilvania, ese es el castillo de Bran. Hemos leído por ahí opiniones de viajeros desilusionados porque la historia del castillo no cumple sus expectativas. Por eso siempre recomendamos no ir de viaje con ideas preconcebidas sino intentar disfrutar de lo que sí brindan los lugares que visitamos, en lugar de centrarnos en lo que echamos en falta.

Después de conocer la historia y de verlo con nuestros propios ojos, nuestra recomendación sigue siendo la misma: si vas a Rumanía, pásate por Bran y conoce  su castillo.

Dicho esto, comenzamos.

Dejamos temprano la Pensión Rem´s (nuestro alojamiento en Rasnov), cogimos el coche y salimos en dirección a Bran que está a unos 11 kilómetros por la carretera DN- 73.

Bran es una ciudad pequeña muy bien cuidada. Su castillo es el punto de atracción de muchos turistas y es por eso que nos encontramos en su entorno numerosos restaurantes, alojamientos y tiendas de suvenires con Drácula o Vlad Tepes como protagonistas. A pocos metros de la entrada, por una calle lateral, descubrimos un pequeño mercadillo de  artesanías y productos típicos.

Mercadillo

El mercadillo apenas está abriendo

Como faltaban unos minutos para la hora de apertura decidimos tomar un desayuno en un local a pocos metros del castillo. Zumo de frutas, café, tostadas con mantequilla y mermelada y queso típico de la zona, todo riquísimo.

Casa din Bran

El horario de apertura es el siguiente:

Lunes de 12:00 a 16:00 y de martes a domingos de  09:00 a 16:00 horas.

Las visitas se pueden hacer guiadas o no. Nosotros elegimos hacerla por nuestra cuenta.

Más información en la página oficial del castillo.

Entrada Castillo de Bran

Entrada y taquilla

El Castillo de Bran es más conocido como Castillo de “Drácula”, aunque debemos aclarar que esta última denominación se basa en fundamentos erróneos ya que la fortaleza jamás perteneció al  príncipe Vlad Tepes, simplemente se dice que pudo estar prisionero en sus mazmorras en tiempo de los otomanos.

Fue construido en el año 1377 por los sajones de Brasov para defender el pueblo y su entorno de los invasores turcos. Posteriormente sirvió como control de aduanas entre las regiones de Transilvania y Valaquia.

Castillo de Bran

Situada sobre una inmensa roca de 200 metros de altura, esta fortaleza goza de una ubicación estratégica privilegiada, ya que desde ella se pueden divisar el pintoresco pueblo de Bran y sus alrededores, algo que comprobaríamos con nuestros propios ojos, durante la visita.

Desde 1920 hasta 1957 el castillo sirvió como residencia real ya que el pueblo de Brasov se lo regaló a la reina María de Rumanía.

Durante la época comunista, los herederos de la reina María fueros expulsados del país. Después de la caída del régimen les fue devuelto y desde entonces se ha tratado de vender sin éxito.

Hoy es un museo abierto a los turistas quienes pueden admirar los muebles y las obras de arte pertenecientes a la reina.

En los terrenos del castillo, al aire libre, se pueden visitar también el Museo etnográfico con sus casas rurales que contienen objetos y trajes de época, y la casa de té de la reina María.

La Casa de Té es un edificio separado al pie del Castillo dentro del Parque Real. Su construcción comenzó en 1920 y en ella la reina servía el té, siempre a las 4 en punto y organizaba pequeñas recepciones. Para facilitar el transporte de alimentos y bebidas entre el Castillo y la Casa de Té, se construyó un teleférico.

 


 

Nos acercamos al castillo por un por un sendero empinado que lleva a la puerta de entrada.

Subida al castillo

A los lados del camino varias cruces de piedra nos hacen suponer que estamos atravesando un  camposanto. Algo nos dice que debemos abandonar este sitio antes de la puesta del sol (jeje).

Subida al castillo

 

Subida al castillo

 

Llegamos a los pies de una larga escalinata. Al final de la misma, en lo alto, una antigua puerta de madera nos indica la entrada a la fortaleza.

Entrada al castillo

 

Las distintas salas y habitaciones se sitúan alrededor de un bonito patio interior con balconadas.  Algunas de estas salas tienen pasillos subterráneos que salen al patio. Durante la visita se pueden admirar exposiciones de cerámica, muebles antiguos, armas, armaduras y trofeos de caza (esto último  no resultó muy de nuestro agrado).

 

Patio y aljibe

Patio y aljibe

 

Interior del castillo

Trono

 

torre y balcones al patio

Una de las torres y balcones al patio

Gong en patio interior

Gong en patio interior

Se pueden ver también los dormitorios de la reina María y del rey Fernando, la sala de música, la biblioteca o la Sala de la Cancillería, con muebles europeos renacentistas. Y aunque sabemos que la relación histórica con Vlad “el Empalador” es casi inexistente, hay una exposición dedicada a este personaje, figura importante de la historia de Transilvania.

El personaje literario, Drácula y su autor también están presentes. Aunque Bran Stocker nunca en su vida viajó a Rumanía, existe un detalle que sí relaciona al Castillo de Bran con su novela: la arquitectura y los interiores del castillo. Al parecer,  a través de historias que le fueron contadas y distintos libros que leyó, pudo hacerse una idea de su interior e inspirarse así para su novela, en la que describe el Castillo de Drácula con los rasgos muy similares a los del  Castillo de Bran.

Exteriores

Exteriores

Balcones de piedra y madera

Balcones de piedra y madera

Tejados

Tejados

Además, el hecho de que la película “Entrevista con el vampiro” fuese parcialmente filmada en este pueblo, refuerza la asociación entre el personaje de leyenda y el castillo.

Inmersos en el ambiente misterioso y legendario que la fortaleza crea para sus visitantes, de pronto en una sala nos topamos con un gran árbol de Navidad y un Papá Noel sentado en un sillón y rodeado de regalos. Esto nos devuelve a la realidad: es Noche Buena y en el hotel nos esperan con una cena típica navideña rumana.

A la salida decidimos recorrer el mercadillo y comprar unos quesos de la región. Una buenísima compra. Estaban exquisitos.

Mercadillo

Comprando quesos

Y ¡claro!, no pudimos evitar traernos un recuerdito con la cara de Vlad. :)

Souvenir

 

Mañana visitaremos Brasov.

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San Jerónimo, Antioquia – Puerta De Entrada Del Occidente Antioqueño

Una tarde de invierno sabatino en la ciudad de Medellín, transcurriendo el medio día, nos embarcamos en una aventura que para muchos puede ser normal o muy usual, pero nosotros quisimos vivir un fin de semana un poco diferente, un fin de semana tranquilo. Desde la zona centro de la ciudad, nos trasladamos hacia la terminal de transportes de la zona norte de Medellín, a unos escasos 20 minutos en transporte publico. Nos embarcamos en este llenos de ilusión, pero al igual pensativos de lo que sucedería, en este corto pero sustantivo viaje. [...]

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Un día en Toledo, pueblito mágico de la Edad Media.

Toledo, un pueblito mágico que quedó frenado en el tiempo de los caballeros, se encuentra a 70 kilómetros de la capital española. Su casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sin lugar a dudas tiene un encanto que enamora. Además de ofrecer la Ruta del Quijote, para los amantes del Don de La Mancha (por desgracia no pude hacerla porque ya no contaba con tiempo).

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Desde Madrid se puede llegar fácilmente en tren (13€) desde la Estación Central Atocha Renfe y tardas veinte minutos. La otra opción es en autobús, sale más barato (5€) y tarda una hora. En mi caso fui en tren porque quería llegar más rápido, una vez en la Estación de Toledo, al salir debes ir a la derecha y te encontrarás con una parada de buses, casi todos los que pasan por ahí van al centro de la ciudad. 

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Me bajé del autobús pasando la PLAZA ZOCODOVER  (plaza principal del pueblo), la cual está rodeada de tiendas, restaurantes, cafés, etc. Antiguo lugar de duelos, actos de fe y ejecuciones, hoy un lugar de encuentro por ser el corazón de la ciudad. Por otra parte,  allí también puedes encontrar los puestos de los buses turísticos y del trencito (5€) que recorre todo el pueblo. Iba a tomarlo porque pensé que era una buena idea para tener un pantallazo general, sin embargo, uno de los trenes estaba roto y ya no vendían más tickets para la hora en la que yo había ido.

Pasando la plaza principal, puedes divisar el ALCÁZAR DE TOLEDO (museo del ejército, 6€), al que no entré, sin embargo dicen que tienes una gran vista desde la Biblioteca Regional que está adentro (si la encuentras abierta). Para tener en cuenta, los domingos por la mañana puedes entrar gratis.

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Luego me topé con la CATEDRAL PRIMADA DE TOLEDO, aclaro que tiene dos entradas, por una de las puertas puedes ver una parte de adentro sin tener que pagar, sin embargo, recomiendo entrar porque realmente vale cada céntimo. Hay que tener en cuenta que el ticket lo debes comprar en la oficina que está al frente de la Puerta Liana (en la calle Cardenal Cisneros), este cuesta 12.50€ con audioguía incluída. Repito, vale cada céntimo, al entrar me quedé con la boca abierta y en mi ranking personal (al terminar mi viaje haré uno) esta Catedral ocupa el lugar número 1 de las que he visto hasta el momento. Allí quizá te pases un par de horas porque es inmensa, grandiosa y porque cada detalle te cautiva. En su interior cuenta con varias Capillas, el Coro, la Sacristía, la Custodia de Oro, etc. Sinceramente tomé tantas fotografías que es imposible subirlas a todas, creo que tendrás que ir a verla con tus propios ojos.

Al finalizar mi visita por tremenda belleza, decidí caminar un poco y perderme por las callecitas y pasajes toledanos. Llegando la hora del almuerzo, fui a GINOS, un restaurante italiano (porque necesitaba cargar batería de mi celular). Allí puedes comer por 13€ (entrada, plato principal, bebida y postre) sino también un sandwich  de jamón crudo en la calle, cuesta alrededor de 3.50€.

Panza llena, corazón contento, así comencé con mi caminata nuevamente. Fui primero a ver (por fuera) al MONASTERIO DE SAN JUAN DE LOS REYES, luego al MIRADOR SANTA ANA, está un poco más arriba del monasterio (no es la gran cosa). Sin embargo, sin querer, me encontré con unos caminitos naturales (al costado izquierdo del Puente San Martín) a los que decidí meterme y ver dónde me llevaban. Allí bajando y bajando, terminé frente a la montaña de las palomas (la llamé yo), porque a orillas del lago había una gran montaña minada de palomas que descansaban en la sombra. Me relajé un rato sentada en una roca a orillas del lago y luego regresé arriba.

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Al costado derecho del PUENTE SAN MARTIN, por la bajada que lleva el mismo nombre, se encuentra el puesto de TIROLESA, “Fly Toledo“. La tirada no es muy extensa ya que solo atraviesa el puente de una punta a la otra, sin embargo, si te gusta es una buena idea. Cuesta 10€ la tirada y 3€ la foto si deseas, en mi caso pedí que me sacaran la foto pero que quería verla primero antes de decidir si la compraba. El camarógrafo que estaba al otro extremo del puente se olvidó de mostrarme la foto al final (la verdad que yo también me olvidé de decirle), así que me dieron una tirada de yapa (sin cobrarme) solamente para que pueda ver la foto y decidir. Aclaro que terminé comprando la fotografía de la segunda tirada. 

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Después de esta pequeña aventura, pregunté a los chicos de la tirolesa por un mirador, y me dijeron que debía atravesar el puente y tomar a la izquierda, así que eso hice. Comencé a caminar, al principio pensé que estaba perdida porque el trayecto es largo, sin embargo decidí rodear el pueblo (fue una excelente idea). La caminata hasta el MIRADOR DEL VALLE es un poco extensa, así que recomiendo ropa y zapatillas cómodas además de llevar agua. Tardé creo que un poco más de media hora, pero vale la pena, las vistas que tendrás en el camino y desde el mirador son inigualables. Una vez arriba, hice una parada en un barcito, KIOSCO BASE, allí me tomé un smoothie (6€ sino una cerveza 4.50€), me relajé, leí un libro y admiré tremenda belleza. Ya recuperada y con energía nuevamente emprendí la vuelta, pero lo hice por el otro puente que está del otro lado de la ciudad. Es decir que rodeé el pueblo caminando, a mi vuelta comenzó a bajar el sol, así que las vistas fueron aún más bellas (me harté de tomar fotos). El regreso me tomó otros cuarenta minutos (o más, la verdad que no controlé con exactitud) a paso tranquilo. Sin lugar a dudas recomiendo este paseo si te gusta caminar (sino puedes ir en auto, o el bus y el trencito turístico también suben hasta allí) porque puedes admirar la ciudad desde arriba y desde todos sus ángulos.

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Al finalizar mi larga caminata, emprendí mi regreso a Madrid completamente feliz con mi paseo y con ganas de más, ya que al pegar la vuelta en autobús (porque perdí el último tren que sale a las 21:30hs) vi desde la ruta la ciudad iluminada. Creo que pasar una noche y disfrutar de su belleza nocturna también hubiera sido un buen plan. 

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